Plataforma Cero
Publicación Mensual
Año 15 | Número 197 NOV 2019

Hola amigos!
El domingo 27 de octubre no fue una fiesta de la democracia como se llenan la boca los politicos. Fue la fiesta de los delincuentes, que procesados y multi procesados, buscan fueros que los proteja de la cárcel. Nuestro objetivo desde hoy es ese 40% de votantes que quieren otro país, republicano y libre. Sigamos a esa mitad de argentinos de bien y estemos atentos a cualquier intento de cambiar la Constitución para eternizarse en el poder o a cualquier otro atropello que "los ganadores" pretendan imponernos.


Maria Josefina Ramos
Muchas gracias por seguirnos todos los meses!


Una alternativa de poder al peronismo
Ivan Petrella para La Nacion
30-10-2019


América Latina atraviesa crisis políticas que ponen en jaque sus instituciones democráticas. En Perú, el enfrentamiento entre el presidente y la oposición terminó con la disolución del Congreso. Días después, en Ecuador estallaron violentas protestas contras las medidas de Lenín Moreno. En Chile, el aumento del precio del subte desató un estallido social que muchos atribuyen a una sociedad muy desigual. En Bolivia, Evo Morales declaró su triunfo en primera vuelta en unas elecciones denunciadas por fraude, accediendo así a un cuarto mandato presidencial luego de un referéndum que le había dicho no a su aspiración de continuar en el poder. En este contexto convulsionado, nuestro país dio una muestra importante de madurez atravesando unas elecciones presidenciales muy polarizadas en paz y sin mayores cuestionamientos. Vale la pena destacar el alto grado de institucionalidad que mostró tener la democracia argentina en el último año. No siempre hemos podido dirimir espacios de poder y complicaciones económicas dentro del marco que ponen las instituciones democráticas. A contramano de los acontecimientos regionales, lo estamos logrando. No es un dato menor.

Pero el grado de madurez de nuestra democracia no se evidenció solo en el proceso electoral. En medio de la crisis económica, millones de argentinos eligieron darles su voto de confianza a Mauricio Macri y Juntos por el Cambio. Las razones del voto son, obviamente, múltiples. Podemos decir, por ejemplo, que votaron por soluciones estructurales a los problemas que desde hace décadas aquejan a la sociedad argentina. También podemos decir que votaron a favor de la libertad de pensar distinto al poder y de la transparencia y en contra de la corrupción y la violencia latente de gran parte del anterior proceso kirchnerista. Millones de personas miraron más allá de las grandes dificultades coyunturales para tener en cuenta otros factores. El domingo, el Gobierno obtuvo casi dos millones de votos más que en 2015 y ganó en algunas de las provincias más pujantes del país. Además, ganó seis bancas nuevas en la Cámara de Diputados, lo cual convierte a Juntos por el Cambio en primera minoría y obliga al próximo gobierno a dialogar y entablar consensos. Aún más: contra todos los pronósticos que auguraban una vuelta del peronismo a varios distritos de la provincia de Buenos Aires, el oficialismo ganó en 61 municipios bonaerenses, algunos de ellos claves, como el de La Plata. Esta cantidad de votos puso en evidencia un dato fundamental para el futuro de la política argentina. Mientras que Juntos por el Cambio nace gracias al acercamiento entre el radicalismo, la Coalición Cívica y el Pro, tres fuerzas políticas con orígenes y trayectorias muy distintas, hoy a sus principales dirigentes no les quedan dudas de que el votante demanda un espacio superador a sus partidos de origen. Así, las elecciones confirmarían la existencia de una alternativa de poder al peronismo, algo que no se daba desde hacía décadas. Que se haya equilibrado el sistema político argentino es otra de las buenas noticias que pueden dejar estas elecciones. Las crisis políticas que se desataron en distintos países de América Latina en el último mes sirven para recordarnos que la democracia es un camino en construcción permanente. Durante cuatro años, se invirtió mucho para seguir pavimentando ese camino. Ojalá el nuevo gobierno pueda reconocerlo y continuar por la misma vía. Director de Argentina 2030 en la Jefatura de Gabinete de Ministros de la Nación


El «plan» y la Argentina
Escrito por Carlos Mira
23-10-2019


Maduro es tan burro, pero tan burro, que acaba de querer despegarse de lo que está ocurriendo en varios países de América Latina luego de confesar, en el mismo discurso, que lo que sucede en la región fue cuidadosamente planeado en el Foro de San Pablo y que lo que idearon allí "va mejor y más rápido de lo que pensaban". En lo personal, no me cabe ninguna duda de que lo que está ocurriendo son los cuidados pasos de un plan elaborado como un manual para tomar generar caos y tomar el poder.Hace ya varios meses, escribíamos, en estas mismas columnas, "La Garrapata Necesita Otro Perro", en alusión a la desesperación cubana por encontrar otra fuente de alimentación luego de que su proverbial dictadura matara ya a dos "perros" anteriores: la URSS y Venezuela. En ese marco dudábamos seriamente de que los viajes de Cristina Fernández a la isla fueran para ver a su hija. Recientes informes demuestran que Florencia culpa de todo lo que le ocurre a su madre y a su hermano y que no quiere hablar con la jefa de la banda. Los viajes de Fernández a Cuba se inscriben dentro del plan de desestabilización que la dictadura castrochavista tiene previsto para América Latina.

Ese plan ni quiera es original. Se trata de una reedición del Decálogo de Lenin, escrito por el delincuente, agitador y asesino, cabecilla de la revolución comunista en Rusia, Vladimir Illich Ulianov.

Lenin mandaba a militar por la corrupción de la juventud, la libertad sexual, la infiltración en los medios de comunicación, la división de la sociedad en grupos antagónicos; por la destrucción de la confianza en los líderes sociales positivos, la toma violenta del poder, la promoción de huelgas y disturbios; por la destrucción de los valores morales y por el uso de las armas de fuego.

Lo que ocurre en Venezuela, Ecuador, Perú, Chile, Bolivia, Argentina, Brasil no es una casualidad: es la materialización de un plan imperialista que se propone la dominación de las masas y la apropiación de los recursos internacionales a favor de una casta privilegiada que componga el nuevo politburó mundial. Eso es lo que se discutió en el Foro de Sao Paulo y en el de Puebla (México) y que tiene un foco de ignición en Cuba. Como dramáticamente lo demostró Juan Bautista Yofre, para el particular caso argentino, en su libro "Fue Cuba", la masterización de un megaplan que incluye la violencia, la infiltración, el copamiento gramsciano de los medios y la consabida cantinela anti-norteamericana, fue un armado que incluyó la inteligencia de la entonces Unión Soviética y de los servicios secretos de los entonces países de la Cortina de Hierro. Desaparecido ese esperpento y lejos de aceptar el estrepitoso fracaso del sistema, los vástagos cubanos ingresaron en una etapa superior del rencor y, de la mano de Fidel Castro primero, y del mucho más sanguinario Raúl, después, delinearon un plan de infiltración latinoamericana a través del fomento de minorías resentidas a las que financiaron y respaldaron, dándoles, en alguna medida, ese motor de inagotable energía que es el odio. "Fue Cuba" aparece respaldado por el soporte de más de 450 documentos de las oficinas de inteligencia de diversos países que demuestran cómo la isla planeó le generación y desarrollo de los movimientos guerrilleros de las décadas del '60 y '70 en muchos casos con la intervención directa de sus jerarcas. Ese mismo intento se llevó a cabo en diversos países, incluso con la participación activa y personal del "asesino de La Cabaña", el "comandante" Ernesto "Che" Guevara. A Guevara lo animaba un odio visceral y una confesada afición por matar, que descubrió en La Habana y que le manifestó a su padre en cartas en las que sinceraba su incontinencia por ver sangre. A Castro, más frío, lo animaba un rencor calculado. Podría haberse vendido al oro yanqui si, en su visita a Washington en 1959, hubiera tenido otro trato de parte de Dwight D. Eisenhower, pero cuando vio que no era por ahí, se convirtió en un fanático comunista. Castro llenaba todos los casilleros del burócrata marxista que quiere vivir como millonario vendiendo un discurso revolucionario a la gente. Los fabrican en serie. Son todos iguales. Lo que está ocurriendo en América Latina no es otra cosa que una conjunción galáctica de ingredientes negativos: una propensión cultural al autoritarismo -heredada del colonialismo español-, un sistema legal que contribuye a la concentración de la riqueza que, a su vez, alimenta el odio y el rencor, una usina de exportación "revolucionaria" regional (Cuba) que tiene involucrado en ese accionar su propio interés porque aspira a chupar los recursos que tienen otros frente a su proverbial ineficacia, una proclividad a la vagancia y a la holgazanería (también derivada del sistema fiscalista de la Colonia española) que supone que hay "otros" que deben proveer a nuestras necesidades y una furia incontenida azuzada inteligentemente por los grupos de activistas que responden al plan del Foro de San Pablo. El odio ciega. Y muchas franjas sociales, que desconocen los sótanos de esta calamidad, le prestan su apoyo (como verdaderos idiotas útiles) a estos forajidos que no tienen otro objetivo en mente que no sea el de ir por todo. Instalar a los Kirchner nuevamente en el futuro de la Argentina puede ser suicida. Quizás parezca a esta altura un detalle menor, pero permítanme recordarles que el Partido Comunista integra el Frente de Todos, en una nueva versión del "entrismo" izquierdista en el peronismo que llevó a centenares de marxistas a la función pública sin haber obtenido un solo voto.

El espectáculo está sucediendo en un escenario directamente delante de nosotros, muchachos. Ni siquiera debimos pagar entrada para verlo. Sería muy estúpido no ver lo que nos ofrecen gratis.
Maria Josefina Ramos es traductora pública de Inglés y periodista.

Su trayectoria periodística abarca el período 1970-1985, como analista política y cronista parlamentaria desde el Congreso Nacional para varias radioemisoras del interior del país y también para el vespertino La Razón.

En 1975, fue distinguida con una beca como periodista parlamentaria por la Asociación de Corresponsales de las Naciones Unidas para cubrir la XXXI Asamblea General de la ONU.

Es creadora y directora de Plataforma Cero.