Causa por la Vida
Publicación Mensual
Año 10 | Número 127 FEB 2020

La verdad nos hace libres
REL
por Cardenal Antonio Cañizares
09-01-2020


Escribo este artículo el día de Reyes, un día antes de la elección de investidura del candidato a la Presidencia del Gobierno, y al día siguiente de finalizar el correspondiente debate de investidura. Ignoro, en estos momentos, el resultado final, aunque se intuye ya. Por eso no quiero ni debo omitir mi felicitación al Sr. Presidente electo y desearle todo lo mejor en su gestión como presidente para el bien de España. Tenga la seguridad, Sr. Presidente, de que por mi parte tendrá en mí un colaborador leal, sincero, independiente y libre, dispuesto a apoyar y ayudar cuanto se haga al servicio del bien común, de la justicia y de la solidaridad, sobre todo con los más pobres, dentro de los cauces legales y de participación, como hasta ahora he hecho con todos los presidentes y gobiernos legítimamente constituidos, fuesen del signo que fuesen. Quiero añadir que, en la medida de mis posibilidades, responsablemente, he seguido los debates de investidura, los cuales me han provocado desconcierto e incertidumbre, preocupación y un cierto desasosiego. ¿Por qué? Porque he podido comprobar que la situación que estamos viviendo es más crítica y crucial de lo que pensaba y creía. He comprobado una España sin norte, hecha un lío, desconcertada y sin proyecto. Una España dividida que vuelve a etapas de división y de confrontación, he visto odios, rostros crispados y de rechazo, intransigencia, una memoria que nos hace mirar al futuro. El espíritu de la Transición se ha vaciado y olvidado; aquel espíritu de concordia y de convivencia que dio lugar a la ley básica de una España unida en la Constitución se ha roto, y aunque se apele al Estado de derecho, que se basa en esta ley básica, el respeto al derecho que en ella se nos ofrece y de ella dimana, como marco y criterio de nuestras relaciones sociales y de los pueblos que integramos España, no se tiene en cuenta, se omite. Un pilar básico que aúna y sostiene el Estado de derecho es la monarquía, y por parte de algunos ha sido incluso atacada y por parte de algunos otros no ha sido defendida de inmediato como se merece y se debería exigir en esa España de la concordia, máxime cuando la monarquía ha sido clave en la Transición y para el espíritu de la Transición en España y garantía y árbitro de la concordia y el entendimiento entre los españoles, de la reconciliación entre ellos, como ha venido siendo desde su reinstauración y también motor e impulso de desarrollo y de ser considerados en el mundo entero con respeto y hasta con admiración.

He podido comprobar lamentablemente que el interés por el bien común único que durante el tiempo de la Transición ha primado, que ha sido España misma, se ha olvidado, ha casi desaparecido para primar sin embargo el interés particular, incluso egoísta y personal, o de grupo, marcado por ideologías que siempre dividen y nunca unen. He podido comprobar, además, que aunque se hable de bien común, no se acierta en el sentido que se da a esta expresión, con la consiguiente repercusión negativa para la sociedad y las personas que la integran. Me ha dolido comprobar que la caída de los principios éticos y morales que configuran nuestro patrimonio común se han debilitado notablemente y hasta se han desvanecido; por ejemplo, el valor de la verdad, la verdad que nos hace libres, ha sido sustituido por un relativismo gnoseológico y ético que me ha hecho recordar aquello de la película de los hermanos Marx: «Si no le gustan estos principios, tengo estos otros para cambiarlos». Sin la verdad no cabe la transparencia y no es posible el diálogo: el engaño y la mentira son sus enemigos; el bien de la persona, en cuya base está la vida, no cuenta; se habló del tema de la eutanasia de manera brutal y superficialmente; me llamó mucho la atención que la cuestión de los pobres y de las muchas y múltiples pobrezas nuevas no se resaltase más, como tampoco se resaltó el tema educativo, que es clave ante la emergencia educativa que está planteada; el marxismo-comunismo, que parecía desterrado a partir de la caída del muro de Berlín, renace y seguro que va a gobernar España, la socialdemocracia se desfigura, el sentido democrático se sustituye por la imposición de un pensamiento único, y por el autoritarismo y absolutismo incompatibles con la democracia y con el reconocimiento de las libertades que tiene su fundamento en la libertad de conciencia y religiosa, que he visto amenazadas en el debate.

En algunos momentos llegué a pensar que se estaba trasladando lo que está pasando en algunos países de América, por ejemplo, Venezuela, o transportando populismos al hemiciclo del Parlamento de España. Con mucho dolor, debo decirlo y advertirlo, he percibido un intento de que España deje de ser España: los principios y valores que le han hecho ser lo que es, desde la época visigótica, portadora y realizadora de grandes empresas, como América, ya no están ni cuentan, y su unidad se pretende fragmentarla y romperla. En fin, no querría haber hecho este diagnóstico, pero es lo que nos ofreció netamente el debate de investidura. Espero, de verdad, que esta situación cambie, y que entre todos, los responsables de la política y del Gobierno y los ciudadanos de a pie, colaboremos, todos juntos y sin exclusiones, a este cambio. Por mi parte estoy dispuesto y decidido a hacerlo. Que conste que tengo gran esperanza, virtud que corresponde siempre a tiempos difíciles y a los hombres de fe, y por eso en estos momentos escribí, como arzobispo, a toda la diócesis de Valencia la semana pasada, que orase insistentemente por España, porque para Dios nada hay imposible y Él todo lo puede, nos ama de verdad, y nos salva, la prueba la tenemos en lo que hemos celebrado en la Navidad: Dios con nosotros, en nuestra fragilidad, debilidad y pobreza. A todos digo: ¡Ánimo! ¡Adelante! Peores momentos hemos vivido. Y salimos. Ahora también. ¡Seguro! Publicado en La Razón el 8 de enero de 2020.


Un grupo de fieles pide abrir el proceso de beatificación del Padre Loring, evangelizador incansable
REL
08-01-2020


El padre Jorge Loring, sacerdote jesuita que falleció en 2013 a los 92 años, es considerado un "gigante de la evangelización" y un "apóstol de internet", donde a pesar de su avanzada edad fue un precursor y vio en la red una forma de seguir anunciando el Evangelio como antes lo había hecho a través de la televisión o de sus libros, de los que vendió millones de ejemplares. De hecho, sólo de Para salvarte, la obra más representativa de Loring vendió más de millón y medio. Una vez que han pasado más de cinco años de la muerte de un sacerdote que congregaba multitudes para escucharle predicar o para deleitarse con sus conferencias, un grupo de fieles pretende impulsar el proceso de beatificación del padre Loring.

El proceso parte de feligreses de Cádiz
Esta iniciativa ha partido de Cádiz, donde este jesuita pasó gran parte de su ministerio sacerdotal y donde dejó su impronta. Tal y como informa el Diario de Cádiz, esta propuesta ya ha sido objeto de una primera petición a la iglesia diocesana, en este caso el obispado de Cádiz. Los feligreses gaditanos pidieron la apertura del proceso de beatificación destacando su gran figura pues "todos los que le conocimos tenemos el convencimiento y la enorme dicha de haber conocido y tratado a un santo", asegurando que más allá de la admiración personal hacia él existe "una auténtica devoción hacia su inmensa obra y hacia su persona".

El obispado no lo considera "por el momento"
Por su parte, el obispado de Cádiz estima que "no procede abrir por el momento el proceso diocesano de santidad del Padre Jorge Loring Miró". En un escrito firmado por el vicario judicial y juez delegado para las Causas de los Santos, Pedro Velo, se recuerda que el Papa Benedicto XVI ya indicó a los obispos que al decidir qué causas merecen ser iniciadas "sopesarán ante todo si los candidatos a los altares gozan realmente de una sólida y extendida fama de santidad y de milagro o martirio". Por tanto, puntualiza que por fama de santidad "se ha de entender la opinión extendida entre los fieles acerca de la pureza e integridad de vida del siervo de Dios y acerca de que este practicó las virtudes en grado heroico". De este modo, la diócesis concluye que "en consecuencia, no se podrá iniciar una causa de canonización si falta una fama de santidad comprobada, aunque se trate de personas que se han distinguido por su coherencia evangélica y por méritos especiales en la Iglesia y en la sociedad". Respecto al caso de Loring, considera el Obispado que "aun siendo importantes las gestas realizadas y ejemplarizante su vida", el recuerdo de este sacerdote jesuita "está sólo entre algunas personas que le conocieron, pero ha quedado diluido en la diócesis, donde no existe recuerdo ni devoción particular entre los fieles".

Falta un impulso de la Compañía de Jesús
Además de esto, el obispo diocesano traslada a los proponentes de la beatificación que la Compañía de Jesús, orden religiosa a la que pertenecía Loring, no haya tomado la iniciativa de este proceso y haya rechazado también incorporarse como parte actora, siendo "la institución que debe tener el conocimiento necesario para estimar y valorar la apertura de un proceso de santidad a uno de sus miembros". Efectivamente, los proponentes reconocen en su escrito de octubre que los jesuitas los habían derivado a la diócesis de Málaga, al ser allí donde falleció Loring; y esta diócesis vecina también se lavó las manos al respecto indicando que el hecho de que Loring falleciera en Málaga era algo "accidental", por lo que derivó a su vez la cuestión a Cádiz, "donde Loring desarrolló fundamentalmente su labor pastoral".
El obispo anima a seguir "avivando la fama de santidad" del padre Loring "Esto es un indicio de que en su propia institución religiosa no goza de fama de santidad", concluye el escrito de la diócesis de Cádiz. Pese a la negativa a iniciar el proceso, el obispado anima a los proponentes a seguir "trabajando y avivando la fama de santidad" del Padre Loring, "dando a conocer su vida y sus virtudes por medios legítimos". Y para ello les ha planteado la confección de estampas, o la publicación de boletines informativos periódicos que difundan su biografía. "Sólo entonces, cuando se esté cerciorada la existencia de la fama de santidad, de las gracias y favores y de la importancia eclesial de la causa, el obispo podrá evaluar si procede la apertura de la causa en fase diocesana", concluye el obispado.
Maria Josefina Ramos es traductora pública de Inglés y periodista.

Su trayectoria periodística abarca el período 1970-1985, como analista política y cronista parlamentaria desde el Congreso Nacional para varias radioemisoras del interior del país y también para el vespertino La Razón.

En 1975, fue distinguida con una beca como periodista parlamentaria por la Asociación de Corresponsales de las Naciones Unidas para cubrir la XXXI Asamblea General de la ONU.

Es creadora y directora de Plataforma Cero.