Causa por la Vida
Publicación Mensual
Año 10 | Número 132 JUL 2020

Cañizares tiene razón: sí se usan tejidos de abortos para vacunas, y sí, hay alternativas éticas
REL
16-06-2020


La prensa anticlerical y mal informada en España se ha reído de la afirmación que improvisó el cardenal de Valencia, Antonio Cañizares, en su homilía de Corpus Christi, de que se usan células de fetos abortados en la investigación de vacunas contra el coronavirus. A veces incluso lo han titulado como "bulo". Pero luego han admitido que sí es cierto que se hacen vacunas con líneas celulares obtenidas de abortos provocados. Algunas fuentes, como Maldita.es (una web de "desmentir bulos" que suele ser proaborto y, en general, aplicar un sesgo antivida y antifamilia) admitieron que se usan líneas celulares obtenidas en abortos de hace décadas, pero consideran que no hay problema ético porque se abortó a los fetos por estar enfermos y no directamente para investigar con ellos: usar sus cuerpos para investigar se decidió después. (Imaginemos que se aplicara eso a unos prisioneros en campos nazis: los mataron por ser de la resistencia, pero luego se decidió usar sus cuerpos para investigar. El tema de la ética de usar ciencia nazi- modelo clásico de ciencia obtenida sin ética- es recurrente). Maldita.es habla de dos líneas celulares para vacunas obtenidas con abortos: la llamada WI-38 (desarrollada a partir del tejido pulmonar de un feto abortado en 1961 a los 3 meses de gestación), que se empezó a usar contra la rubeola, y la llamada MRC-5 (procede de un feto abortado en la semana 14 en 1966, usada en la vacuna triple vírica, de la varicela o la polio). Para Maldita.es abortar a esos fetos en 1961 y 1966 no es un problema ético porque estaban "enfermos", pero para quien piense que matar seres humanos (aunque estén enfermos) está mal, sí es un problema ético.

130 investigaciones de vacunas, 6 usan células de fetos abortados
El arzobispado de Valencia ha señalado que el cardenal se refería informaciones de la revista Science Magazine, concretamente a este artículo del 12 de junio, que no mencionan a esas líneas fruto de esos fetos abortado en 1961 y 1966, sino a otras distintas (por lo que Maldita.es parece no tener claro de qué investigaciones se comentan). Según ese artículo de Science Magazine, "hay más de 130 candidatos a vacunas contra COVID-19, según la OMS. Al menos 6 de esos candidatos usan una de dos líneas de células fetales: HEK-293, una línea celular usada ampliamente en investigación ed industria que viene de un feto abortado en 1972, y PER C6, una línea propiedad de Janssen, susidiaria de Johnson & Johnson, desarrollada de células retinales de un feto de 18 semanas abortado en 1985".

No queremos usar la ciencia no ética para no premiar esas prácticas
Dom Wilkinson, especialista en Ética Médica de la Universidad de Oxford citado en un artículo de la BBC sobre ética y ciencia nazi, explicaba: "Una de las preocupaciones de utilizar los datos es que manifiesta la postura de que esta investigación estuvo bien y alienta a futuros investigadores: 'la historia me juzgará positivamente'. No queremos hacer eso. No queremos promover la investigación poco ética". Al investigador sin ética sólo le para la amenaza de que sus hallazgos no se usen jamás. Si se usan, no le importará una multa o un poco de cárcel. Al investigador He Jiankui que en 2018 anunció que había modificado genéticamente unos bebés no le importaba ser sancionado de forma moderada: le bastaba la fama. El artículo de la BBC recuerda, por ejemplo, que hay datos en Escocia obtenidos de pinchar a cientos de miles de bebés al nacer cuyo uso en investigación está paralizado por un detalle ético: no se pidió permiso a los padres para punzar en el pie a sus bebés. ¿No es mucho más grave el usar tejidos de líneas iniciadas al matar un pequeño ser humano? En abril la USCCB (la conferencia episcopal norteamericana) escribió a la FDA pidiendo que "los americanos tengan acceso a una vacuna que se produzca éticamente: ningún americano debería ser obligado a elegir entre ser vacunado contra este virus potencialmente mortal o violar su conciencia. Por suerte, otras vacunas [de covid-19] usan líneas celulares que no están conectadas a métodos y procedimientos no éticos". También los obispos canadienses hicieron una petición similar en una carta del 21 de mayo dirigida al Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau.

Las palabras de Cañizares, improvisadas pero acertadas
En este contexto científico se enmarcan las palabras improvisadas del cardenal Cañizares en Valencia, que encajan perfectamente con las peticiones de los obispos de EEUU y de Canadá: hay formas éticas y formas no éticas de obtener la vacuna contra el coronavirus. Las éticas deben usarse y financiarse y apoyarse. Las no éticas deben desincentivarse. Y así Cañizares dijo el pasado domingo de Corpus Christi, dejando a un lado su sermón escrito: "el demonio existe, en plena pandemia, intentando llevar a cabo investigaciones para vacunas y curaciones. Nos encontramos con la dolorosísima noticia de que una de las vacunas se fabrica a base de células de fetos abortados. Así de claro". Después añadió: "es inhumano, cruel y ante eso no podemos alabarlo ni bendecirlo, todo lo contrario. Debemos luchar por otra manera de actuar a favor del hombre, no contra el hombre. Eso es despreciar al hombre mismo, porque primero se le mata con el aborto y después se le manipula. Y mira qué bien, tenemos una vacuna. No, señor, tenemos una desgracia más, obra del diablo. Y la eucaristía es el antídoto contra el diablo".
Maria Josefina Ramos es traductora pública de Inglés y periodista.

Su trayectoria periodística abarca el período 1970-1985, como analista política y cronista parlamentaria desde el Congreso Nacional para varias radioemisoras del interior del país y también para el vespertino La Razón.

En 1975, fue distinguida con una beca como periodista parlamentaria por la Asociación de Corresponsales de las Naciones Unidas para cubrir la XXXI Asamblea General de la ONU.

Es creadora y directora de Plataforma Cero.