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Año 11 | Número 148 MAY 2019

Francisco presidió la solemne Vigilia Pascual en la Basílica de San Pedro «¡No enterréis la esperanza! El Señor no vive en la resignación, ¡ha resucitado!»: exhorta el Papa
REl
21-04-2019


En la noche de Sábado Santo durante la Vigilia Pascual se celebra la Resurrección de Cristo y su triunfo sobre la muerte. El Papa Francisco presidió esta solemne celebración en una basílica de San Pedro abarrotada y durante su homilía recordó que en este día "descubrimos que nuestro camino no es en vano y que no termina delante de una piedra funeraria". "Dios quita las piedras más duras, contra las que se estrellan las esperanzas y las expectativas: la muerte, el pecado, el miedo, la mundanidad", indicó el Santo Padre, señalando que "la historia humana no termina ante una piedra sepulcral, porque hoy descubre la 'piedra viva'" que es Jesús resucitado". Tal y como recoge Vatican News, el Papa pidió a los que le escuchaban que se preguntasen cuál es la piedra que tiene que remover cada uno, asegurando que esta noche cada uno de "está llamado a descubrir en el que está Vivo a aquél que remueve las piedras más pesadas del corazón", porque es Él "quien viene para hacerlo todo nuevo, para remover nuestras decepciones".

La piedra de la desconfianza

Francisco explicó que, a menudo, la esperanza se ve obstaculizada por "la piedra de la desconfianza": "Cuando se afianza la idea de que todo va mal y de que, en el peor de los casos, no termina nunca, llegamos a creer con resignación que la muerte es más fuerte que la vida y nos convertimos en personas cínicas y burlonas, portadoras de un nocivo desaliento". Pero también habló de otro concepto: "el sepulcro de la esperanza"; un monumento que en ocasiones se construye dentro de cada uno debido a la insatisfacción. "Quejándonos de la vida hacemos que la vida acabe siendo esclava de las quejas y espiritualmente enferma", alertó el Papa. Esto provoca que se vaya abriendo una especie de psicología del sepulcro en la que "todo termina allí, sin esperanza de salir con vida". Y aquí entra en juego la pregunta hiriente de la Pascua – dijo el Papa – "¿por qué buscáis entre los muertos al que vive?", y a la cual respondió firmemente: "El Señor no vive en la resignación. Ha resucitado, no está allí; no lo busquéis donde nunca lo encontraréis: no es Dios de muertos, sino de vivos" y exclamó "¡No enterréis la esperanza!".

La piedra del pecado

Francisco también explicó que junto a la piedra de la desconfianza está "la piedra del pecado" que "sella el corazón". Afirmó que "el pecado seduce, promete cosas fáciles e inmediatas, bienestar y éxito, pero luego deja dentro soledad y muerte". Además, el pecado es –puntualizó– "buscar la vida entre los muertos, el sentido de la vida en las cosas que pasan". Recordando a las mujeres que fueron al sepulcro de Jesús y se quedaron asombradas ante la piedra removida y con las caras mirando al suelo, el Papa aseguró que al igual que a ellas, también a muchos les sucede lo mismo y "preferimos permanecer encogidos en nuestros límites, encerrados en nuestros miedos". Y esto lo hacemos – dijo Francisco – "porque es más fácil quedarnos solos en las habitaciones oscuras del corazón que abrirnos al Señor". Ante esto, el Papa afirmó que "el Señor nos llama a alzarnos, a levantarnos de nuevo con su Palabra, a mirar hacia arriba y a creer que estamos hechos para el Cielo, no para la tierra".

La mirada de Jesús nos infunde esperanza

Francisco también exhortó, por un lado, a mirar la vida como Dios la mira: "En el pecado, él ve hijos que hay que elevar de nuevo; en la muerte, hermanos para resucitar; en la desolación, corazones para consolar". Por otro lado, el Papa invitó a no quedarse mirando el suelo con miedo, sino a mirar "a Jesús resucitado" porque su mirada "nos infunde esperanza" y nos dice "que siempre somos amados y que, a pesar de todos los desastres que podemos hacer, su amor no cambia". Además, el Papa ha señalado que podemos cumplir la Pascua con Él, es decir, el paso: "de la cerrazón a la comunión, de la desolación al consuelo, del miedo a la confianza". Si no hay un amor vivo con el Señor, se corre el riesgo de tener "una fe de museo, no la fe de pascua". Y en ese sentido, explicó que Jesús "no es un personaje del pasado" sino "una persona que vive hoy" y que "no se le conoce en los libros de historia" sino que "se le encuentra en la vida". "A veces nos dirigimos siempre y únicamente hacia nuestros problemas, que nunca faltan, y acudimos al Señor solo para que nos ayude", agregó el Papa concluyendo su homilía. Ante esto, Francisco aseguró que la Pascua enseña que el creyente está llamado a caminar al encuentro del que Vive y a darle un lugar central en la vida y pide dejar que el Resucitado transforme cada vida, pues en muchas ocasiones uno se da cuenta tras el encuentro con Cristo "volvemos entre los muertos, vagando dentro de nosotros mismos para desenterrar arrepentimientos, remordimientos, heridas e insatisfacciones".


Bendición «Urbi et Orbi»: el Papa pide por la paz en el mundo y recuerda los atentados en Sri Lanka
Rel
21-04-2019


En el tradicional mensaje pascual previo a la Bendición Urbi et Orbi, es decir, a la ciudad de Roma y al mundo, el Papa Francisco pidió por la paz en el mundo y tuvo un recuerdo especial a los brutales atentados que se han producido este mismo Domingo de Resurrección en Sri Lanka, en el que decenas de católicos han sido asesinados durante la misa de este domingo en el interior de los templos. "Deseo expresar mi afectuosa cercanía a la comunidad cristiana, golpeada mientras estaba reunida en oración, y a todas las víctimas de una violencia tan cruel. Confío al Señor a aquellos que trágicamente han muerto y rezo por los heridos y por todos los que sufren por este acontecimiento tan dramático", dijo el Papa desde el balcón de la Basílica de San Pedro a los miles de feligreses reunidos en la Plaza de San Pedro. Francisco explicó que "la resurrección de Cristo es el comienzo de una nueva vida para todos los hombres y mujeres, porque la verdadera renovación comienza siempre desde el corazón, desde la conciencia. Pero la Pascua es también el comienzo de un mundo nuevo, liberado de la esclavitud del pecado y de la muerte: el mundo al fin se abrió al Reino de Dios, Reino de amor, de paz y de fraternidad".

A continuación, el mensaje completo del Papa Francisco:

Queridos hermanos y hermanas, ¡Feliz Pascua! Hoy la Iglesia renueva el anuncio de los primeros discípulos: «Jesús ha resucitado». Y de boca en boca, de corazón a corazón resuena la llamada a la alabanza: «¡Aleluya!... ¡Aleluya!». En esta mañana de Pascua, juventud perenne de la Iglesia y de toda la humanidad, quisiera dirigirme a cada uno de vosotros con las palabras iniciales de la reciente Exhortación apostólica dedicada especialmente a los jóvenes: «Vive Cristo, esperanza nuestra, y Él es la más hermosa juventud de este mundo. Todo lo que Él toca se vuelve joven, se hace nuevo, se llena de vida. Entonces, las primeras palabras que quiero dirigir a cada uno de los jóvenes cristianos son: ¡Él vive y te quiere vivo! Él está en ti, Él está contigo y nunca se va. Por más que te alejes, allí está el Resucitado, llamándote y esperándote para volver a empezar. Cuando te sientas avejentado por la tristeza, los rencores, los miedos, las dudas o los fracasos, Él estará allí para devolverte la fuerza y la esperanza» (Christus vivit, 1-2). Queridos hermanos y hermanas, este mensaje se dirige al mismo tiempo a cada persona y al mundo. La resurrección de Cristo es el comienzo de una nueva vida para todos los hombres y mujeres, porque la verdadera renovación comienza siempre desde el corazón, desde la conciencia. Pero la Pascua es también el comienzo de un mundo nuevo, liberado de la esclavitud del pecado y de la muerte: el mundo al fin se abrió al Reino de Dios, Reino de amor, de paz y de fraternidad. Cristo vive y se queda con nosotros. Muestra la luz de su rostro de Resucitado y no abandona a los que se encuentran en el momento de la prueba, en el dolor y en el luto.Que Él, el Viviente, sea esperanza para el amado pueblo sirio, víctima de un conflicto que continúa y amenaza con hacernos caer en la resignación e incluso en la indiferencia.

En cambio, es hora de renovar el compromiso a favor de una solución política que responda a las justas aspiraciones de libertad, de paz y de justicia, aborde la crisis humanitaria y favorezca el regreso seguro de las personas desplazadas, así como de los que se han refugiado en países vecinos, especialmente en el Líbano y en Jordania. La Pascua nos lleva a dirigir la mirada a Oriente Medio, desgarrado por continuas divisiones y tensiones. Que los cristianos de la región no dejen de dar testimonio con paciente perseverancia del Señor resucitado y de la victoria de la vida sobre la muerte. Una mención especial reservo para la gente de Yemen, sobre todo para los niños, exhaustos por el hambre y la guerra. Que la luz de la Pascua ilumine a todos los gobernantes y a los pueblos de Oriente Medio, empezando por los israelíes y palestinos, y los aliente a aliviar tanto sufrimiento y a buscar un futuro de paz y estabilidad. Que las armas dejen de ensangrentar a Libia, donde en las últimas semanas personas indefensas vuelven a morir y muchas familias se ven obligadas a abandonar sus hogares. Insto a las partes implicadas a que elijan el diálogo en lugar de la opresión, evitando que se abran de nuevo las heridas provocadas por una década de conflicto e inestabilidad política. Que Cristo vivo dé su paz a todo el amado continente africano, lleno todavía de tensiones sociales, conflictos y, a veces, extremismos violentos que dejan inseguridad, destrucción y muerte, especialmente en Burkina Faso, Mali, Níger, Nigeria y Camerún. Pienso también en Sudán, que está atravesando un momento de incertidumbre política y en donde espero que todas las reclamaciones sean escuchadas y todos se esfuercen en hacer que el país consiga la libertad, el desarrollo y el bienestar al que aspira desde hace mucho tiempo. Que el Señor resucitado sostenga los esfuerzos realizados por las autoridades civiles y religiosas de Sudán del Sur, apoyados por los frutos del retiro espiritual realizado hace unos días aquí, en el Vaticano. Que se abra una nueva página en la historia del país, en la que todos los actores políticos, sociales y religiosos se comprometan activamente por el bien común y la reconciliación de la nación. Que los habitantes de las regiones orientales de Ucrania, que siguen sufriendo el conflicto todavía en curso, encuentren consuelo en esta Pascua. Que el Señor aliente las iniciativas humanitarias y las que buscan conseguir una paz duradera. Que la alegría de la Resurrección llene los corazones de todos los que en el continente americano sufren las consecuencias de situaciones políticas y económicas difíciles. Pienso en particular en el pueblo venezolano: en tantas personas carentes de las condiciones mínimas para llevar una vida digna y segura, debido a una crisis que continúa y se agrava. Que el Señor conceda a quienes tienen responsabilidades políticas trabajar para poner fin a las injusticias sociales, a los abusos y a la violencia, y para tomar medidas concretas que permitan sanar las divisiones y dar a la población la ayuda que necesita. Que el Señor resucitado ilumine los esfuerzos que se están realizando en Nicaragua para encontrar lo antes posible una solución pacífica y negociada en beneficio de todos los nicaragüenses. Que, ante los numerosos sufrimientos de nuestro tiempo, el Señor de la vida no nos encuentre fríos e indiferentes. Que haga de nosotros constructores de puentes, no de muros. Que Él, que nos da su paz, haga cesar el fragor de las armas, tanto en las zonas de guerra como en nuestras ciudades, e impulse a los líderes de las naciones a que trabajen para poner fin a la carrera de armamentos y a la propagación preocupante de las armas, especialmente en los países más avanzados económicamente. Que el Resucitado, que ha abierto de par en par las puertas del sepulcro, abra nuestros corazones a las necesidades de los menesterosos, los indefensos, los pobres, los desempleados, los marginados, los que llaman a nuestra puerta en busca de pan, de un refugio o del reconocimiento de su dignidad. Queridos hermanos y hermanas, ¡Cristo vive! Él es la esperanza y la juventud para cada uno de nosotros y para el mundo entero. Dejémonos renovar por Él. ¡Feliz Pascua!
Maria Josefina Ramos es traductora pública de Inglés y periodista.

Su trayectoria periodística abarca el período 1970-1985, como analista política y cronista parlamentaria desde el Congreso Nacional para varias radioemisoras del interior del país y también para el vespertino La Razón.

En 1975, fue distinguida con una beca como periodista parlamentaria por la Asociación de Corresponsales de las Naciones Unidas para cubrir la XXXI Asamblea General de la ONU.

Es creadora y directora de Plataforma Cero.