Plataforma Cero
Publicación Mensual
Año 15 | Número 186 DIC 2018

Agua de deshielo dejará el G20
Alejandro A. Tagliavini para Fundación Atlas
Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland (California). Galardonado con el Premio a la Libertad, otorgado por Fundación
Atlas para una Sociedad Libre.


El petróleo acaparó el foco, la semana pasada, en los mercados financieros y amaga con seguir el protagonismo. En sólo diez días el crudo registró tres desplomes próximos o superiores al 6%, cosa que el viernes se agravó cayendo casi 8% en el barril tipo West Texas, de referencia en EE.UU., mientras que el Brent quedó debajo de los 60 dólares por primera vez desde 2017. Aunque esta semana comenzó con una suba, el Brent rozaba los 51 dólares y el WTI superaba los 60. A esto se suma el acuerdo sellado durante el fin de semana en la cumbre europea que evita, de momento, el peor escenario: el de un "brexit" sin acuerdo a nivel europeo. Pero debe afrontar ahora la reválida, quizá, más complicada, del Parlamento británico.


Y ahora el mundo mira la cumbre del G20… pero nadie piensa en Argentina. Los focos están puestos en la reunión que mantendrán los mandatarios de EE.UU. y China porque podrían firmar la paz en su guerra de aranceles, lo que ayudaría a enfriar los temores a una desaceleración económica, y a una menor demanda de petróleo. Pero lo cierto es que es poco probable que algo sustancial ocurra. La presencia de los máximos mandatarios de Arabia Saudí -sospechado del descuartizamiento de Khashoggi- líder de la OPEP, y de Rusia, líder de los países que no pertenecen a la OPEP, podría aportar novedades. El 6 de diciembre la cumbre de la OPEP aprobaría una reducción del suministro para frenar el desplome del precio, reducción de la producción de crudo que se acercaría a 1,5 millones de barriles diarios. Entretanto, el Gobierno argentino se cree protagonista de la foto del año y piensa que con eso se hará famoso. Es un defecto argentino pensar que se vive de la "facha", y no del trabajo diario y sencillo de la personas -el mercado- que, por el contrario, se verá severamente perjudicado por el altísimo costo de la cumbre. Pocos creen que algo útil y concreto pueda ocurrir para el país; para empezar, es imposible que lleguen inversiones cuando la presión impositiva logra algo tan elemental como que no cierren los números de muchos negocios, salvo la bicicleta financiera (irónicamente, la recaudación en términos reales cae, complicando los números del Gobierno).


Por esto, dicho sea, el superávit comercial crece demostrando que el mercantilismo no tiene razón ya que esto no es ningún bien, sino que se debe a la recesión al punto que las exportaciones caen. Pero el infundado optimismo del Gobierno no termina en esta cumbre, y supone que el PBI estaría creciendo 4% en el cuarto trimestre de 2019. El 2018 terminaría con una caída de 2,4% y 2019 con una de solo 0,5%. Pero tanto los organismos multilaterales como las consultoras proyectan números peores.La OCDE calcula una caída del PBI del 2,8% para 2018 y 1,9% en 2019 y una recesión larga. La consultora Eco Go estima que 2018 finalizará con una caída de 2,8% y 2019 con una de 2%. Según Ecolatina, 2018 cerrará con una contracción de 2,4% y 2019 de 1,4%. Sólo la Consultora Ledesma proyecta una merma del PBI de 2,3% para 2018 y otra de 0,5% para 2019, coincidiendo casi con el oficialismo. Hasta el principal socio del Gobierno, el FMI, prevé un desplome de 2,6% para 2018 y otro de 1,6% para 2019.
Ahora, estas consultoras y organismos fueron corrigiendo varias veces hacia la baja sus proyecciones demostrando que en el futuro seguirán haciendo lo mismo. A ver, aun cuando es una creencia popular aquello de que a veces hay que pasar momentos negativos para luego recuperarse, lo cierto es que esta idea no resiste el análisis de la ciencia de la lógica que dice claramente que lo malo solo es consecuencia del mal. O sea, si la economía cae de este modo es porque el sistema es malo y si no hay cambio -en el fondo, solo superficial como el supuesto aporte circunstancial del campo- que justifique la rectificación de la curva negativa, las proyecciones respecto al desarrollo de la economía seguirán bajando.
Por cierto, en septiembre la actividad cayó 1,9% contra agosto y así el tercer trimestre cerró 0,4% abajo del segundo que, a su vez, terminó cayendo 4% respecto al primero.
Y aun si el repunte comenzara en algún momento del año que viene, las previsiones de los analistas -en mi opinión, demasiado optimistas- es que no alcanzaría para evitar que Macri terminara su primer mandato con una contracción de hasta el 3,9% respecto al PBI que recibió en 2015, contrayéndose el per cápita 8,7%. Lógico: el mal proviene del mal, un mal sistema termina mal, uno virtuoso provoca un crecimiento inmediato. Y cuando quede en evidencia que la cumbre fue perjudicial, costosa e inútil para el mercado, la desesperanza será fuerte. (atlas.org.ar)


La defensa y la seguridad, funciones indivisibles
Debería aprovecharse el virtual desmantelamiento de nuestro aparato defensivo para reconfigurarlo de acuerdo con los nuevos desafíos
Editorial de La Nacion
13-11-2018


El Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) y la Asociación de Abogados para la Justicia y la Concordia llevaron a cabo un importante seminario referido a la defensa y la seguridad. Las conferencias abarcaron el marco internacional, el regional y el nacional. Un primer aspecto tratado fue el de las hipótesis de conflicto. Este es un tema que suele generar escepticismo, cuando no incomprensión. Que estos conflictos resulten improbables no debe impedir manejar esas hipótesis en la preparación de un proyecto defensivo que, en rigor, tiene como primer objetivo la disuasión y no la guerra. Estos supuestos cambian con el tiempo y su reconocimiento debe ser una tarea permanente. Para ello es esencial un trabajo coordinado entre quienes manejan las relaciones internacionales y quienes definen la política de defensa. El ejercicio de la diplomacia debe contar con el respaldo de un racional pero sólido poder militar. Esa es la fórmula de una equilibrada relación entre las naciones. Guste o no, el mundo funciona de esa manera e ignorarlo puede llevar a grandes fracasos diplomáticos.


Quienes por razones ideológicas buscan la desaparición de las Fuerzas Armadas ignoran ese riesgo o lo imaginan favorable a sus ideas revolucionarias. En aquel seminario se enumeraron los diversos conflictos potenciales o reales, entre ellos, el narcotráfico y el terrorismo, para los que hubo coincidencia en la imposibilidad de atenderlos actualmente debido al estado de indefensión. Los ciberataques son cada vez más frecuentes, desde el acceso a información militar sensible hasta el fraude informático y los desvíos de fondos.


La utilización de la Gendarmería y la Prefectura en la seguridad urbana acentúa la situación de vaciamiento defensivo de nuestras extensas fronteras aéreas, terrestres y marítimas. Esta es otra demostración de la desordenada situación heredada sobre la cual el presente gobierno no ha logrado aún soluciones de fondo efectivas y permanentes. Solo ha convocado a las Fuerzas Armadas a concurrir en apoyo de las de seguridad en las zonas de frontera y en la custodia de objetivos considerados vitales para la Nación. En el seminario hubo mención reiterada de la necesidad de elaborar una política de defensa y seguridad apoyada en una modificación de las leyes vigentes. La defensa no puede diferenciarse del concepto más amplio de seguridad. Las amenazas antes mencionadas no responden necesariamente al ataque de ejércitos de otros países. La defensa y la seguridad deben ser tratadas como funciones indivisibles. Esto requiere modificar la ley de defensa vigente, que impide a las Fuerzas Armadas actuar en conflictos internos.


Otra cuestión tratada en el seminario fue la falta de vigencia de un Código de Justicia Militar. Enviar al combate a fuerzas militares sometiéndolas a la Justicia Civil puede muy bien terminar con un juez federal encerrando en cárceles comunes a oficiales y soldados que combaten obedeciendo órdenes del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Nuestro país ya conoce antecedentes al respecto. Muy bueno será entonces continuar este tipo de seminarios y estudios. En esa línea debe encomiarse el conjunto de trabajos de gran valor sobre política de defensa resultantes del premio convocado en 2017 por la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas. También debe valorarse un interesante trabajo de investigación para una política de defensa adaptada a los tiempos de las nuevas tecnologías, elaborado por la Fundación Libertad y Progreso. En este se afirma que el virtual desmantelamiento actual del aparato defensivo argentino y los acelerados avances tecnológicos en el plano militar en el mundo configuran una oportunidad para lograr un salto cualitativo en nuestras Fuerzas Armadas.


La asignación de los escasos recursos presupuestarios no debería contemplar el sostenimiento de una organización obsoleta, sino la consecución de nuevas Fuerzas Armadas de alta capacidad operativa con tecnologías y equipamiento de última generación. En ese nuevo escenario ya no sería concebible que el 80% del presupuesto sea absorbido por salarios, sino tal vez una relación inversa. Las nuevas fuerzas deberían hacer uso de inteligencia artificial, robótica, redes y sistemas de computación, biosensores y nanotecnología. La obtención de estas tecnologías y armamentos exigirá de la Argentina asegurar a la comunidad internacional el pleno respeto del Estado de Derecho y de las normas de convivencia con el mundo.
De esta forma se recuperarían eficientemente décadas de desinversión. Debe salirse de la actual situación en la que se destina a defensa una proporción del PBI muy inferior a la de otros países, y en la cual, para peor, esos recursos se aplican a salarios y gastos operativos, sin lograr capacidad defensiva. (lanacion.com.ar)


El G-20 y el futuro del trabajo
Andrés Oppenheimer para La Nacion
27-11-2018


MIAMI.- Cuando el presidente Trump y los líderes de China, Rusia, Alemania y otras de las principales economías del mundo se reúnan en la Argentina para la cumbre del G-20 el 30 de noviembre, pasarán parte de su tiempo hablando sobre un tema que será crucial en los próximos años: el futuro del trabajo. Está claro que a pesar de que este será el tema oficial de la cumbre del G-20, probablemente no será el que genere más titulares. La atención mundial se va a concentrar en la reunión entre Trump y el presidente chino, Xi Jinping, y si logran evitar una guerra comercial entre Estados Unidos y China. Pero la cumbre del G-20 dedicará una de sus cuatro sesiones para hablar sobre la disrupción que se viene en el mercado laboral mundial. Es probable que se pierdan decenas de millones de empleos y que los salarios en todo el mundo sigan deprimidos, por el creciente uso de robots, algoritmos y otras máquinas inteligentes.
Un estudio de la Universidad de Oxford de 2013 predijo que el 47 por ciento de los empleos en Estados Unidos corren el riesgo de desaparecer en los próximos 10 años debido a la automatización. Otros estudios del Banco Mundial estimaron que la pérdida de empleos en países emergentes como China y México será aún mayor, por su dependencia de fábricas manufactureras cuyos trabajadores pueden ser fácilmente reemplazados por robots. No solo los trabajadores de las fábricas, sino también los camareros de restaurantes, conserjes de hoteles, banqueros, contadores, médicos, abogados, periodistas y casi todos los demás profesionales corren el riesgo de perder sus empleos o ver caer sus salarios. La semana pasada, la agencia de noticias oficial china Xinhua anunció el debut del primer presentador de noticias de televisión robótico. A diferencia de un presentador humano, el robot tiene la ventaja de trabajar tres turnos seguidos y no se toma vacaciones. A principios de este año, los trabajadores de los hoteles en Las Vegas amenazaron con ir a la huelga, entre otras cosas, por el creciente uso de camareros y barman robóticos. Los robots ya están llevando desayunos a las habitaciones de los huéspedes y los bármanes robóticos preparan bebidas para los clientes de los casinos. Los robots ahora son cada vez más baratos y más inteligentes. Mientras que en el pasado eran máquinas individuales, ahora están conectadas entre sí a través de la computación en la nube y pueden aprender de sus respectivos aciertos y errores.


El presidente argentino, Mauricio Macri, quien presidirá la Cumbre del G-20 en su calidad de líder del país anfitrión, me dijo en una reciente entrevista que colocó el futuro de los trabajos como tema central del G-20 porque es un tema que afectará a todos los países, independientemente de sus niveles de desarrollo. Según documentos preparatorios de la Cumbre del G-20, aunque la tecnología creará nuevos empleos, habrá un "impacto en la desigualdad dentro y entre los países". Los trabajadores poco calificados tendrán más dificultades para reinventarse como analistas de datos que los ingenieros u otros trabajadores altamente calificados. Los documentos preliminares de la cumbre proponen, entre otras cosas, que los países faciliten a los trabajadores independientes llevar sus beneficios sociales de un trabajo a otro, e incluso de un país a otro. A medida que cada vez más personas trabajan en empleos independientes, la prioridad debería ser proteger a las personas, más que a los empleos, dicen los redactores del documento.

Además, los documentos preliminares de la cumbre dicen que "los países también deben asegurarse de que existan impuestos adecuados a la economía digital". Varios países europeos dicen que, a medida que el comercio electrónico y la economía digital son cada vez más dominantes, debería haber un impuesto sobre las ventas de bienes y servicios digitales. Estados Unidos, la sede de las principales empresas tecnológicas, se ha opuesto tradicionalmente a esta idea. No importa qué decisiones se tomen sobre estas cuestiones, es hora de que los líderes mundiales comiencen a abordarlas. La aceleración tecnológica ya está eliminando muchos empleos y deprimiendo los salarios de otros. Incluso si la reunión del G-20 no hace más que poner este tema en el centro de la agenda política mundial, será un buen comienzo. (lanacion.com.ar)


Un bochorno en el que sobran los culpables, pero faltan responsables
Claudio Jaquelin para La Nacion
26-11-2018


Nadie logra impedirlo, empezando por un Estado que acepta competencias a su monopolio de la violencia legal. Sin que haya suficiente condena social. Sin responsables que sean capaces de garantizar la seguridad pública y la integridad física de los protagonistas y los espectadores en lo que debería ser solo un espectáculo deportivo. Empezaba una semana en la que el país se ponía bajo los focos de la escena planetaria por la cumbre del G-20, con un partido al que una buena porción de los seguidores del fútbol del mundo seguiría con atención. Y como decía un meme que se viralizó ayer: "Teníamos la oportunidad de mostrarle al mundo lo que somos y ¡salió a la perfección!". Sincericidio colectivo. Todo no pudo ser más inoportuno. Lo que pasó en las inmediaciones del estadio Monumental expuso, al menos, una grave falla en el operativo de seguridad que estaba a cargo del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, como ayer, 24 horas después de los incidentes, asumió públicamente el alcalde porteño, Horacio Rodríguez Larreta . Pero entre esa declaración pública y los hechos de violencia que podrían haber tenido consecuencias más lamentables hubo un tiempo demasiado extenso, en el que sobraron operativos de funcionarios porteños y nacionales para desligarse de la responsabilidad por lo sucedido y adjudicarles culpas a otros.
Siempre con el escudo del off the record, se escucharon reproches desde la cartera de Seguridad de la Nación a sus pares de la Ciudad, en razón de que el operativo era coordinado por las autoridades civiles y encabezado por la policía local. También, críticas de las autoridades porteñas a las nacionales, porque el lugar donde ocurrió el ataque al ómnibus de los jugadores de Boca estaba a cargo de una fuerza federal, como la Prefectura. Injustificable en cualquier momento, pero más inadmisible aún en el actual contexto político. Como si el gobierno nacional y el porteño estuvieran en manos de fuerzas adversarias. Como se justificaban muchas cosas hasta hace tres años. "Estoy muy triste. Trabajo desde hace años para poner a nuestro país en otro lugar, pero llevará más tiempo", manifestó Mauricio Macri ayer en privado. Ya habían pasado algunas horas de su bajada de instrucciones para que las bochornosas internas se calmaran. Entonces, ya había salido a dar explicaciones públicas Rodríguez Larreta, y desde el entorno de Patricia Bullrich les bajaban varios decibles a las críticas a sus pares porteños, encabezados por el ministro Martín Ocampo. El enojo del jefe puede más que su aflicción para ordenar a los subalternos.


Hay un hecho indisimulable, y es que estas diferencias entre las dos administraciones en materia de seguridad tienen la misma antigüedad que Macri en la presidencia y Rodríguez Larreta en la jefatura de la ciudad. También es un dato de la realidad que en estos tres años esas divergencias terminaron ahondando conflictos, prejuicios y desconfianzas personales que tuvieron consecuencias en la gestión. Como ha ocurrido en otros espacios de la coalición oficialista, incluso en el seno del macrismo originario y aun puertas adentro de la Casa Rosada.
Tanto Macri como su jefe de Gabinete, Marcos Peña, han optado siempre por relativizar o restarles importancia a las disputas internas, aunque sin dejar de admitirlas. La opción de afrontarlas sin atenuantes y resolverlas no figura en su manual de conducción, salvo casos extremos y cuando ya habían causado estragos en la gestión. Para los disconformes, el freezer suele ganarle a la discusión acalorada. Sin embargo, esa táctica no ha terminado con los conflictos, sino que en muchos casos se han agravado.


Tal vez haya llegado el momento de salir de la zona de confort. Y de abandonar la ambigüedad en algunas materias, si se quiere llegar a la verdad y ser eficientes. Quizá también sea tiempo de una autocrítica. Por ejemplo, el Presidente podría revisar la conveniencia de exhibir su fanatismo boquense extremo, que desde hace un mes lo ha dejado expuesto con declaraciones que no ayudaban a atenuar las pasiones o lo ha llevado a actuaciones cuestionables. Como haber impulsado, sin mediar un análisis riguroso de las consecuencias, que esta fallida final se jugara con la presencia de hinchas visitantes. Mejor no imaginar lo que podría haber ocurrido.
Pero Macri prefiere que se lo vea fiel a aquel estilo. Ayer eludió una condena explícita al operativo de seguridad que no evitó los incidentes que llevaron a que la final más esperada no se jugara. "No puede ser la solución militarizar un espectáculo deportivo", le escucharon decir y transmitieron sus allegados. En privado, habría sido bastante más duro con las autoridades porteñas, pero afirman que se tranquilizó con las informaciones aportadas respecto de las investigaciones sobre las barras bravas.


Preguntas sin respuestas
De lo sucedido en las inmediaciones del Monumental quedan muchas, demasiadas, preguntas sin respuesta, que las disputas internas no ayudan a esclarecer. Es posible que el ataque al ómnibus de Boca haya sido una venganza de la barra brava de River tras el allanamiento del domicilio de uno de los jefes de la organización y la incautación de 300 entradas y más de $10 millones realizado el día anterior al partido, como dijo Rodríguez Larreta. No se sabe qué medida se tomó para prevenir la reacción que podía esperarse. Menos explicable parece que cualquiera, incluidos los violentos de siempre, pudiera estar a escasos metros del transporte de los jugadores visitantes, precisamente, a tiro de piedra. Ocampo, máximo responsable de la seguridad porteña, es un hombre salido del entorno del actual presidente de Boca, Daniel Angelici, amigo personal de Macri.
Seguramente, no debería estar muy cómodo. A no ser que una eventual consagración boquense en los escritorios obture reproches. Tampoco queda claro por qué la Prefectura se ve impertérrita con sus escudos durante los incidentes. No se sabe si fue por desidia, porque falló la coordinación y no recibió órdenes de actuar o si fue porque los efectivos nunca asumieron totalmente su subordinación a las autoridades locales. Desde el equipo de Bullrich dicen que nunca se les avisó que el ómnibus estaba por llegar ni se les pidió que alejaran a los hinchas de River. Trabajo para los investigadores administrativos y judiciales.
El jefe de gobierno se jactó de que no se permitiera el ingreso de la barra brava al estadio. En el equipo de Bullrich dicen que fueron los efectivos de Gendarmería, otra fuerza federal, los que lo impidieron y que algún policía porteño trató de franquearles el paso.
También se dice que en el Monumental les habían habilitado el acceso a cientos de personas sin entradas. Las autoridades de River, encabezadas por su presidente, Rodolfo D'Onofrio, deberían aclararlo. También podrían ayudar a dilucidar cómo es que llegaron a la barra brava las entradas que fueron secuestradas por la policía, después de confirmarse que eran auténticas. Lo que pasó anteayer no es peor que lo que ya hemos visto demasiadas veces durante demasiado tiempo los argentinos en el contexto de un partido de fútbol. La diferencia quizá sea que esta vez había demasiados ojos del resto mundo puestos sobre el hiperclásico frustrado. Un problema. O, tal vez, una gran oportunidad para, finalmente, hacer lo necesario para "poner al país en otro lugar" que no sea el de los hechos vergonzosos y lamentables. Cuando solo faltan tres días para que empiecen a llegar los principales líderes mundiales, lo ocurrido en el entorno del Monumental no ayuda a generar confianza en la vocación de cambio argentina.


Por eso, Macri y sus funcionarios buscaron denodadamente ayer despegar el fallido operativo del sábado de cualquier comparación con las medidas seguridad que el Gobierno tiene previstas para la cumbre del G-20. "El que confunda esas cosas tiene mala intención o no entiende nada", dijo uno de los voceros gubernamentales. Si los culpables tienen castigo y los responsables cumplen con sus obligaciones de manera eficiente, es más probable que haya menos confusions (lanacion.com.ar)


Una barbarie que hay que eliminar de cuajo
Es inadmisible que la sociedad y las autoridades queden a merced de los barrabravas, como ocurrió anteayer en los lamentables episodios en All Boys
Editorial de La Nacion
23-11-2018


Volvió a repetirse una historia de barbarie y salvajismo protagonizada para una barra brava. Fue anteayer en Floresta, tras el partido que se jugó en el estadio Islas Malvinas, de All Boys, en el que este equipo perdió 3 a 2 ante Atlanta. La barra brava de los locales no toleró la derrota en su propio campo y ante su principal rival en la B Metropolitana. Al terminar el partido, cuando los jugadores de Atlanta festejaban el triunfo, los barras locales, fuera de sí, desataron un infierno con la intención de interrumpir los festejos de los rivales y golpearlos. Infierno que terminó con 16 policías y 10 espectadores heridos y solo 3 hinchas de All Boys detenidos, además de varios patrulleros destrozados.
Otro motivo de vergüenza lo dio el hecho de que por momentos la Policía se vio superada por los agresores y se vio obligada a retroceder, ante el terror de los vecinos. Mientras tanto, los jugadores de Atlanta y los dirigentes de ese club se encontraban prisioneros dentro del estadio sin poder salir. Los peores hechos, captados por las cámaras de televisión, se vivieron en las afueras del estadio, donde los barras más enajenados enfrentaron -y por momentos vencieron- a los efectivos policiales, mostrando claramente quiénes eran los dueños de la calle y proclamando en los hechos la trágica e inconcebible vigencia de este fenómeno que, con la complicidad de las autoridades de algunos clubes e importantes sectores políticos, resulta imbatible. El vicepresidente de Atlanta, Alejandro Korz, cuestionó el operativo policial que se había dispuesto para el partido y afirmó que los directivos y sus allegados no se sintieron "protegidos" en el estadio.


En efecto, llama la atención la actitud policial, pues habitualmente a los partidos de All Boys concurren alrededor de 300 efectivos, mientras que el miércoles se dispuso la participación de la mitad, que además, solo incluía una decena de agentes antidisturbios. ¿Ninguna autoridad sabía lo que podía ocurrir? ¿Era tan difícil de imaginar? Como sus similares, la barra brava de All Boys tiene una historia negra que incluye asesinatos, relaciones con el dirigente kirchnerista Luis D'Elía y con sectores radicalizados de la comunidad palestina. Esta última relación dataría de los tiempos del exjefe de la barra, Gastón Marone, que también fue uno de los fundadores de Hinchadas Unidas Argentinas. Hace tiempo que otros países lograron erradicar este tipo de violencia que nada tiene que ver con el fútbol, del que solo se aprovecha para cometer diferentes delitos.
Entonces, ¿habrá que resignarse a que los barras venzan e impongan su ley, que es la del más fuerte pues los barras cuentan con el apoyo y la garantía de impunidad de la política? ¿Qué clase política es aquella que necesita a estos grupos de patoteros? ¿Las autoridades nacionales y de la Ciudad de Buenos Aires han bajado los brazos y ya ni siquiera se habla de combatirlos? Los barras son el emergente salvaje y descontrolado de esa forma enferma de la política que necesita hacer número y hacer fuerza y no vacila en recurrir a los delincuentes a los que luego debe proteger y de los que finalmente se convierte en rehén. ¿Será por eso, por esos lazos cada vez más estrechos, que en la Argentina no se lucha contra este fenómeno patológico y se le permite crecer? Que nadie se llame a engaño porque no estamos ante hechos meramente policiales. Verlo así es minimizar el problema.
Dos años atrás sosteníamos en esta columna que la actitud pasiva de los directivos de los clubes resultaba lamentable, pero que aún más lo era la ausencia del Estado para poner fin a un viejo flagelo que viene impidiendo que el fútbol sea lo que debe ser: una fiesta deportiva.
Mañana, en River, se enfrentarán Boca y River. Por supuesto, solo con la hinchada local. Nos hemos resignado a eso que, en realidad, constituye otro triunfo de los barrabravas y una derrota de las autoridades. (lanacion.com.ar)


Francisco y Bergoglio, entre el magisterio ecuménico y el peronismo
Escrito por Luis Alberto Romero para La Nacion
20-11-2018


Mientras el Papa se dedica a las grandes causas humanitarias, el padre Jorge participa activamente en la política argentina de un modo que desconcierta a muchos católicos.
El papa Francisco se dedica a grandes causas: los pobres, la lucha contra la pedofilia, la condena al deplorable capitalismo. Un poco, también -es necesario sobrevivir- a la sottopolitica vaticana. Mientras tanto, el padre Jorge Bergoglio se dedica a ser un dirigente peronista. No sabemos si Francisco dejará una huella profunda en el catolicismo. No hay duda, en cambio, de que el padre Jorge se hace sentir, y mucho, en nuestra maltrecha política. Los papas siempre hicieron política: confrontaron con emperadores y reyes, y luego intentaron hacer de Italia un Estado papal. Desde 1871, cuando se encerraron en el Vaticano, concentraron sus energías en el magisterio ecuménico. Desde entonces produjeron grandes encíclicas, con las respuestas católicas para cada uno de los problemas del mundo moderno. Fue su mejor momento. Hablando urbi et orbiganaron respeto y estimularon discusiones importantes.
¿Qué pasa cuando los papas se ocupan de política en sus países? En Italia nadie se sorprende; están acostumbrados desde tiempo inmemorial. En cuanto a los papas no italianos, Juan Pablo II se ocupó a fondo de Polonia, pero defendiendo una causa que la trascendía; Wojtyla nunca dejó de ser Juan Pablo. Hoy tenemos un papa argentino, que se ocupa mucho de su país. ¿Qué lugar ocupa ese quehacer argentino dentro de su ideario, fuertemente pastoral, volcado a los pobres y los excluidos y a la condena del capitalismo? La respuesta no la encontraremos en el papa Francisco, siempre sonriente y ecuménico, sino en el más adusto padre Jorge, porteño y peronista, que en Buenos Aires siempre se dedicó a la política. En primer lugar, a cultivar sus relaciones. Lo aprendí hace unos años, conversando con su hombre de confianza, monseñor Accaputo. Muy locuaz, me describió detalladamente la apretada agenda semanal del cardenal, en la que no faltaba ningún matiz político. Al día siguiente vi a Bergoglio en funciones, clausurando una jornada de la Pastoral Social: adusto, casi enojado, majestuoso, dominando con perfil de líder a la multitud. Una imagen bastante diferente de la de Francisco. También fue conocida la actividad cotidiana del padre Jorge, visitante frecuente de villas y barriadas pobres, a las que llegaba en colectivo o caminando. Curiosamente, siempre había un periodista o un fotógrafo que captaba la escena y la reproducía, sin énfasis pero con reiteración. Sin duda el padre Jorge conocía la importancia de los medios; hasta puede haber sido un precursor de los timbreos.


En sus años de arzobispo de Buenos Aires se destacó por su enfrentamiento con los Kirchner. Defendía el derecho de Dios y de su Iglesia frente a competidores que, con un mensaje similar, pretendían ignorarlo. Desde que es papa se ha producido un desdoblamiento: Francisco ejerce el magisterio universal, defendiendo sus grandes temas. Pero cuando se ocupa de la Argentina, desciende al territorio, bastante embarrado, y se convierte en un político peronista, dedicado, como el resto de sus colegas, a unificar un movimiento disgregado.
El peronismo carece de jefatura y parte de sus cuadros está diezmada por el vendaval judicial. Ese mundo fragmentado deberá encontrar, en menos de un año, un candidato para enfrentar a Macri. Estamos en la fase de las eliminatorias, donde un aspirante que junta dos o tres fragmentos se lanza a negociar para llegar a la segunda ronda, donde ya está instalada Cristina. Pero los fragmentos están mal pegados y se le desarman. Al igual que Tántalo, este dirigente -empeñoso y patético, como Massa o Solá- vuelve a empezar. A ese barrizal desciende hoy no Francisco sino Bergoglio. Como Perón en el exilio, Bergoglio opera desde fuera del país, lo que le permite mantener más opciones abiertas. El proyecto no tiene por ahora un gran vuelo: se trata de organizar una amplia alianza anti-Macri, alentando a quienes lo identifican con la dictadura, la represión y el neoliberalismo, y agregando temas propios, como el secularismo blasfemo. Por ese camino se acerca a su antigua enemiga Cristina. Bergoglio pone en este emprendimiento parte de su capital papal. Pocas palabras, pero muchos gestos y símbolos: la fotografía con sus visitantes, la expresión -del ceño fruncido a la sonrisa amplia-, los rosarios regalados (con tal generosidad que hasta yo recibí uno), los mensajes en clave. Además utiliza su autoridad papal para reorganizar a su imagen y semejanza los cuadros de la Iglesia argentina; la homofonía del canto gregoriano reemplaza hoy a la productiva polifonía que antes tenía el episcopado local.


Como Perón, tiene muchos voceros y delegados, todos fungibles. Pero tiene un nipote, un César Borgia quizá, con la misión de ganar el control del conurbano porteño. Con ese capital, y con probada capacidad, Juan Grabois ha construido un respetable "movimiento social", ducho en lograr que el Gobierno lo financie y capaz de competir con los Pérsico, Tumini o Menéndez, y hasta con los sindicalistas. Todos ellos lograron convocar, para una celebración en Luján, a unos cuantos dirigentes kirchneristas y a los Moyano, padre e hijo, quienes, investigados en varias causas judiciales, se apresuraron a interpretar la misa como una declaración eclesiástica de inocencia. En una sociedad sensibilizada con el tema de la corrupción, la reacción fue fuerte: la iglesia de Bergoglio había ido demasiado lejos. Los responsables se apresuraron a exculpar a Francisco: el Papa no sabía nada. Quizá. Pero Bergoglio, el padre Jorge, nunca ignoró nada de lo que pasaba en Buenos Aires. La católica es una religión de misterios, y la coexistencia de Francisco y Bergoglio es uno de ellos. Ignorante en materia de teología, busqué analogías profanas y literarias. Doctor Jekill y Mr. Hyde quizá, pero era demasiado tétrico para el caso. Más merecedor de una sonrisa, recordé al doctor Merengue y su otro yo, aquel inolvidable personaje de Divito. Esto me llevó a Lino Palacio y su don Fulgencio, "el hombre que no tuvo infancia". En tren de especular -¿por qué no ha de hacerlo un historiador?-, me imaginé a un adolescente que hace setenta años se sintió atraído por la política y por el peronismo, y nunca perdió esa afición. Pero eligió otro camino; le fue muy bien y llegó a la posición más alta posible, con estabilidad vitalicia. Entonces, como don Fulgencio, pudo darse el gusto de volver a la adolescencia y ser, de a ratos, un político peronista. Lo bien que hace, en términos de su propia vida,
Y lo mal que le hace al país. Estamos en medio de una crisis, con una institucionalidad frágil y una serie de irresponsables políticos piromaníacos. Con ellos tenemos bastante. Un político que además es papa, y se dedica a atizar antagonismos, es más de lo que podemos soportar.
Los no católicos no nos sorprendemos tanto; muchas veces la Iglesia aprovechó las brechas de una institucionalidad que conserva rastros de confesionalidad. Pero imagino que muchos católicos estarán profundamente desconcertados, no solo porque es el Papa, sino porque, cuando ejerce su magisterio, enuncia ideas apreciables y discutibles. Pero en lo que hace a la Argentina, no. En este mundo terreno, donde las dan las toman. Quizá el padre Jorge gane algo, pero Francisco pierde mucho. Y, finalmente, son la misma persona.(lanacion.com.ar) Historiador; miembro de la Academia Nacional de la Historia


La famiglia peronista unita
Escrito por Fernando Iglesias para Infobae
18-11-2018


Con los votos del kirchnerismo, la peronista Graciela Camaño será miembro del Consejo de la Magistratura. Con los del Frente Renovador y los del peronismo "racional y responsable", el camporista Wado de Pedro, también. No hay nada más lindo que la famiglia unita. ¡Adiós "El kirchnerismo no es peronismo", "Somos diferentes" y "Nunca tuvimos nada que ver"! ¡Hola "Todos unidos triunfaremos"! El mensaje al Poder Judicial es inequívoco: cuando se trata de defender la impunidad, el peronismo es uno solo. Insultos, aprietes y amenazas quedaron en el olvido. Chi ha avuto, ha avuto; chi ha dato, ha dato; scurdámmoce 'o passato; simmo 'e Napule paisà! ('El que recibió, recibió. El que dio, dio. ¡Olvidemos el pasado! ¡Somos todos de Napoli, paisano!').
El mensaje para la Justicia es el mismo que se le dio al Congreso en diciembre de 2017 y octubre de 2018, con el ballet coordinado de los tirapiedras de afuera y los levantadores de sesiones de adentro. Aquí estamos, y podemos volver. Tomen nota. Y es el mismo que emanará este martes del Senado ante el pedido de Cambiemos de que Cristina sea desaforada. "Impunidad, para nadie", había prometido Néstor. "Impunidad, para todos", es el lema unificador del peronismo de hoy. Bastó que 17 corruptos terminaran en la cárcel, incluyendo un vicepresidente de la nación y el todopoderoso Julio De Vido, para que los sospechosos de siempre dejaran atrás años de rencor y desprecio, y se unieran para garantizarse mutuamente la impunidad. "Si cayeron Amado Boudou y De Vido, ¿quién me va a proteger mañana a mí, modesto soldado de la causa?", deben haber pensado. Y allí fueron. El Frente Reciclador abrazado al Frente para la Gloria. Bendecidos ambos por los racionales, federales y republicanos. La repetición de los abrazos reveladores que se han visto cada vez que el peronismo logró levantar una sesión en Diputados. Primero, los hombres; después, el Movimiento. La Patria, ya se verá.
Indetenible, imparable, con la lengua afuera, la famiglia peronista unitacorre a besar el látigo de quien los humilló por una década. Los que prometían renovación, primeros. El último que abandone el kiosco, que apague la luz. ¿Qué dirá ahora la madama que en la Cámara de Diputados presentó una cuestión de privilegio contra mí, ofendidísima porque los llamaba "Frente Reciclador"? ¿Qué comentarán los juliobárbaros del mundo, que ayer nomás se escandalizaban cuando se les hacía notar que habían sido funcionarios y cómplices del kirchnerismo? ¿Qué opinarán los perioNistas varios, siempre prontos a calificar de fanáticos y fundamentalistas a quienes denunciamos al peronismo como el gran responsable actual de la decadencia argentina? ¿De qué se disfrazarán los que votaron en las urnas y defendieron desde los medios a la "ancha avenida del medio" ahora que se ha mostrado como lo que es: una simple colectora de la gran autopista peronista que lleva a la impunidad? ¿Qué explicación van a dar Pablo Kosiner, jefe del bloque de los "racionales y civilizados", y el gobernador Juan Schiaretti, que entregó lo inentregable a cambio de poner a su delfín Martín Llaryora como suplente de Camaño? ¿Y qué dirá el Santo Padre, que vive en Roma, ahora que su incansable labor por la unidad de la famiglia peronista empieza a dar resultados? ¿Festejarán los obispos este memorable triunfo de la Justicia Social con otra misa lujanera, junto a los pablomoyanos, los chivorrosis, los juangrabois y los felipesolás de la Patria?


Más importante: ¿qué va a pasar en la Justicia ahora que Cambiemos no tendrá control del Consejo de la Magistratura, el organismo responsable de remover jueces y proponer nuevos candidatos al Poder Ejecutivo y el Senado? ¿Terminará aquí la exploración de la ruta de la corrupción generalizada que abrieron los cuadernos de Centeno? ¿Será el regreso del país del "Acá nadie va preso"? ¿Se viene una oleada de freno de las causas, demora de los llamados a juicio y levantamiento de las prisiones preventivas? No sería raro si se considera que la absoluta mayoría de los jueces a cargo de los procesos (11 sobre 12, en Comodoro Py) fueron designados por Menem, Néstor y Cristina; que cajonearon todo durante una década; que demoran los llamados a juicio oral y mantienen fuera de las cárceles no solo a Cristina sino a impresentables como Aníbal Fernández y Echegaray. Son las consecuencias inevitables de votar como hemos votado durante décadas; haciendo que el peronismo haya controlado el Ejecutivo durante 24 de los últimos 29 años, sea mayoría en el Senado desde 1983 y en Diputados, desde 2003 hasta hoy.
Son los jueces que supimos conseguir -y no el ministro de Justicia- quienes deciden quién va preso y quién no. Es la decisión soberana de la ciudadanía argentina -y no la inoperancia de Cambiemos- la que le ha dado al peronismo la mayoría en las cámaras y las provincias. Es el voto de los argentinos -y no la voluntad de Mauricio Macri- la que mantiene al peronismo vivito y coleando a pesar de los ultrajes cometidos. Es la incapacidad del resto del peronismo de generar un candidato votable -y no las elucubraciones de Jaime Durán Barba- la que han permitido a Cristina Kirchner mantenerse como principal candidata de la oposición. No nos corran con la "falta de huevos" a los que siempre estuvimos donde había que estar. Quiero ver presa a Cristina más que nadie; por eso la denuncié en 2008, bajo insultos y amenazas, cuando las mayorías nacionales la aplaudían. Y me avergüenza que personajes nefastos como Camaño -la ministra de Trabajo que mantiene el récord histórico nacional de desocupación y la violenta abofeteadora de quien hoy es su socio político- y el camporista Wado de Pedro-cómplice de la administración fraudulenta de Aerolíneas- lleguen al Consejo de la Magistratura. Por eso he luchado y sigo luchando contra la famiglia unitaperonista con todas mis fuerzas. Pero no quiero ver presa a Cristina ni fuera del Consejo a Camaño y De Pedro a costa de destruir la República.
Quienes esto piden, quienes atribuyen lo sucedido a la debilidad de Cambiemos, ignoran que la limitación del poder es una de las condiciones intrínsecas de la República, y que la debilidad es inevitable en un gobierno minoritario que la respete. Quienes sugieren de mil maneras que ignoremos la independencia de poderes olvidan los resultados de las innumerables veces que los argentinos creyeron que la única forma de derrotar al populismo era apelando a alguna forma de dictadura. Pero la dictadura es peor aún que el populismo, y es además -como ha mostrado implacablemente la Historia argentina- la mejor garantía de inmortalidad para el populismo; la que le permite ocultar su corrupción detrás de la figura de la persecución política. No somos eso. No vinimos a crear una Justicia Legítima de signo opuesto sino a impedir que sigan existiendo ese tipo de engendros antidemocráticos. No vamos a hacer nada que nos haga olvidar que nuestro mandato principal es recuperar la República. En esto, como en todo, no hay atajos. Se combate a la famiglia unita con República. No fue, no es, no será fácil. Pero es el único camino. Puede fallar, como todo, pero también puede funcionar. Quién sabe. Acaso la tercera sea la vencida.(infobae.com) El autor es diputado nacional (Cambiemos).


Conclusiones políticas del hallazgo
En el caso del submarino el Estado no actuó como encubridor. Una verdadera rareza por aquí. La tragedia no derivó en un misterio como suele ocurrir cuando mete mano la política.
Por Observador para La Prensa
17-11-2018


El hallazgo del submarino San Juan deja varias enseñanzas políticas. Primero, que sólo se encuentra lo que se busca. Pasó con el caso Maldonado. La transparencia y la voluntad de esclarecer lo ocurrido liquidó todas las teorías conspirativas y las acusaciones intencionadamente falsas de sectores de izquierda y del peronismo contra la Gendarmería. La verdad es resistente a todo. Sólo los que viven dentro de una realidad paralela pueden negarla.
En el caso del submarino el Estado no actuó como encubridor. Una verdadera rareza por aquí. La tragedia no derivó en un misterio como suele ocurrir cuando mete mano la política. La búsqueda fue más prolongada por razones obvias, pero desde el Estado se hizo lo necesario para averiguar lo ocurrido. Se pidió ayuda internacional y cuando ésta fracasó se contrató a un investigador privado.
Las acusaciones de que el gobierno conocía el paradero de la nave, pero lo ocultó para revelarlo en el aniversario de la desaparición no resiste el menor análisis. No hubo "operaciones" sobre la jueza de Caleta Olivia, ni una fiscal despistada como en la muerte de Nisman. Con buen criterio el gobierno aceptó también la conformación de una comisión parlamentaria que investigara el hecho. Fue aprovechada por la oposición para hacer política menuda y por los familiares para conseguir prensa, pero garantizó la transparencia. En una de las audiencias un hombre de la Armada dijo una frase que terminó describiendo exactamente lo ocurrido con el submarino: "Sabemos dónde está, pero no lo podemos encontrar". Se refería a que lugar en el que había caído era irregular, con fallas y cañadones que hacían extremadamente difícil la búsqueda. Sólo con las herramientas adecuadas era posible el hallazgo. La empresa Ocean Infinity lo encontró en un lugar varias veces rastrillado antes sin novedad.


La ignorancia sobre un asunto que requiere conocimientos especializados, la mala intención y el sensacionalismo de cuarta categoría tiñeron la información difundida sobre la tragedia por muchos medios. El hallazgo de la nave es el primer paso para saber qué fue lo que pasó exactamente. Falta ahora determinar si se la podrá extraer del fondo del mar.
Quedan sólo dos hipótesis racionales: la del error humano y la de la falla material. Teorías delirantes como el hundimiento por parte de un submarino nuclear británico se desvanecen. La falla material podría comprometer al gobierno "K" bajo el cual se realizó la reparación de media vida de la nave o al de Cambiemos por supuesta falta de mantenimiento. La de la falla humana, perjudicaría sólo la memoria del capitán del ARA San Juan que convenientemente no podrá defenderse.(laprensa.com.ar)


De la pelea por la supremacía hacia un diálogo racional
Escrito por Sergio Berensztein para La Nacion
16-11-2018


El mundo nos propone a diario episodios cada vez más inverosímiles. Casi han desaparecido las diferencias entre los líderes de las democracias más avanzadas y los de lo que hasta no hace mucho considerábamos republiquetas bananeras. Acontecimientos y narrativas de lo más extravagantes caracterizan una agenda global en la que, apenas dos semanas antes de que seamos anfitriones de la cumbre del G-20 , surgen cada tanto algunas noticias alentadoras. Una de ellas es que hay indicios de que el conflicto comercial entre EE.UU. y China podría encauzarse y derivar en una eventual negociación.
Para analizar esta clase de novedades, nada mejor que recurrir a los clásicos. Como Henry Kissinger. Fue y sigue siendo un personaje controversial, pero es uno de los arquitectos del (des)orden global de posguerra y un profundo conocedor no solo de China, sino de las relaciones bilaterales con EE.UU. Como secretario de Estado durante las presidencias de Richard Nixon y Gerald Ford, en la década del 70, jugó un papel clave en el deshielo de las relaciones entre ambos países. En 1971, hizo una visita secreta al gigante asiático a través de Paquistán, cumpliendo a lo largo de su travesía con todos los clichés de una novela de espionaje, para negociar los detalles de la histórica visita que hizo Nixon el año siguiente. Desde entonces, sus más de cuatro décadas de experiencia con los líderes chinos lo posicionan de manera única como el occidental que mejor entiende su cultura de liderazgo y como la persona más idónea para ofrecer un panorama sobre cómo manejar las relaciones, siempre sensibles, entre Pekín y Washington. Kissinger conoce en detalle las múltiples dimensiones del desarrollo histórico chino desde la revolución de 1949 hasta el presente, incluyendo aspectos geopolíticos, económicos y sociales.

Antes que la mayoría de los especialistas, advirtió que cada generación de líderes chinos refleja la misión y las condiciones de su época. Mao consolidó la unidad nacional y buscó una alianza estratégica con EE.UU. manteniendo su aislamiento respecto del mundo exterior. Deng Xiaoping fue reformador: abrió el país y lo integró a una economía capitalista que iniciaba una nueva ola de globalización. Jiang Zemin, en el contexto poscrisis de Tiananmén, reinsertó a su país en el sistema internacional. Hu Jintao profundizó ese proceso y aceleró los grandes cambios económicos y sociodemográficos. Los resultados han sido asombrosos. Ahora, Xi Jinping, actual primer mandatario, tiene por delante un desafío doble: administrar en simultáneo las consecuencias y tensiones de esas profundas transformaciones internas y proyectar/consolidar el nuevo liderazgo chino a escala global. Es inevitable que esto produzca tensiones con la hasta ahora principal potencial global, uno de cuyos capítulos más relevantes es la guerra comercial.
En el New Economy Forum organizado hace días por Bloomberg en Singapur, Kissinger advirtió que China y EE.UU. deben mantener el conflicto bajo control. De lo contrario, se corre el riesgo de profundizar los desequilibrios existentes, con consecuencias desastrosas para todo el sistema internacional. Optimista, consideró que el consenso es deseable y también posible. Para que eso ocurriera, ambas partes tendrían que ceder. China debe hacer gala de la paciencia oriental para que el cambio en el balance de poder sea gradual, permitiendo un reacomodamiento progresivo del tablero global. Y EE.UU. debe entender que no todos los conflictos o incluso las crisis (incluyendo las de alcance territorial) son resultado de una competencia por el poder.
En un intercambio de palabras con Wang Quishan, vicepresidente chino, Kissinger enfatizó que la existencia de desacuerdos no necesariamente implica una falta de entendimiento. Comprender esto, dijo, es clave en un momento de incertidumbre y turbulencia como el que se vive en la actualidad. Como si fuera un especialista en terapias de pareja, manifestó que es esencial que China y EE.UU. puedan explicarse mutuamente cuáles son los objetivos que cada país pretende alcanzar, las concesiones que están dispuestos a hacer y qué espera cada uno del otro. Quishan envió una señal a Washington a través de la conversación con el "anciano hombre sabio" (Kissinger ya pasó los 95 años): Pekín quiere establecer un diálogo de alto nivel con Washington y existe una gran disposición para colaborar y resolver la guerra comercial. El gesto de los líderes chinos, oportuno y positivo, tuvo también un gran timing: fue expresado poco antes del G-20, que puede servir para un entendimiento tal vez histórico entre las partes.


Hasta ahora, sin embargo, la visión predominante en el gobierno norteamericano es que China no es un competidor, sino un rival crecientemente riesgoso al que hay que contener. Los halcones obsesionados por las cuestiones de seguridad están ganando la batalla. Interpretan el ascenso chino como una pérdida de poder norteamericano. De hecho, las tensiones en aspectos de seguridad durante las últimas semanas han aumentado a tal punto que Trump y el vicepresidente Mike Pence acusaron al gigante asiático de interferir en la política interna de EE.UU. Además, hay un cambio de actitud con respecto a China en el marco de la comunidad de negocios, frustrada por la falta de acceso al mercado y la violación de la propiedad intelectual. A pesar de no estar de acuerdo con los aranceles punitivos de Trump, tanto el empresariado como los estamentos militares esperan una política de endurecimiento con Pekín. Parece haber un cambio en la relación bilateral más importante del mundo. El vínculo comercial, fuente de riqueza y estabilidad, pasó de ser complementario a competitivo y aun conflictivo, en especial en lo concerniente a tecnologías emergentes. En este clima de declaraciones cada vez más agresivas, Kissinger convocó a bajar los decibeles.
Luego de meses marcados por esa retórica combativa, Trump y Xi Jinping se verán pronto las caras en Buenos Aires. Para la Argentina, en su carácter de país anfitrión de la cumbre del G-20, representa una oportunidad para que Macri y su política exterior se muestren realistas y prudentes: las probabilidades de que los resultados sean limitados no son menores. Puede ser, sin embargo, un primer paso que se continúe con posteriores rondas de negociaciones.
La Argentina puede aprender del pragmatismo realista de Kissinger alentando un pensamiento estratégico para evaluar las tendencias globales emergentes, analizar y anticipar los riesgos relacionados con los cambios que atraviesa el sistema internacional y mejorar la calidad de su acción en el mundo. En ese contexto, el objetivo planteado desde la Casa Rosada de ser un negociador honesto ha evitado la tradicional sobreactuación que tantas veces en la historia llevó a nuestro país a cometer costosos errores. Incluso antes de iniciar la cumbre, esta actitud de anfitrión humilde ya rindió sus frutos: los temas planteados ingresaron a la agenda y el proceso de trabajo no fue conflictivo aun cuando las potencias insisten en mantenerse en alta tensión. De paso, el concepto de encontrar puntos comunes para negociar, ceder y alcanzar consensos fundamentales podría sin duda aplicarse a la arena doméstica. Como con tanto éxito se hizo estas semanas para aprobar el presupuesto, pero con objetivos y horizontes muchísimo más ambiciosos.(lanacion.com.ar)


Cómo resolver el conflicto entre las manifestaciones urbanas y el derecho a la educación
Escrito por Edgardo Zablotsky para Infobae
08-11-2018


Los piquetes, las manifestaciones y los cortes de calles se han vuelto parte del folclore urbano. Transitar por la Ciudad de Buenos Aires ya no es tan solo dificultoso, sino también peligroso. Por ello, la posibilidad de que el Gobierno proponga una reforma del Código Penal a los fines de limitar estas prácticas no puede ser sino calificado de auspicioso. Es claro que el Gobierno busca un equilibrio entre el derecho de protestar y el derecho de transitar. En palabras, por ejemplo, del ministro de Educación, Alejandro Finocchiaro: "Hay que incluir los delitos que no existen cuando por ejemplo se arroja una piedra con la intención de dañar a otra persona".
Que un niño esté en una marcha y no en la escuela es el equivalente metafórico a tirarles piedras a su futuro. ¿O acaso no debería ser punible el hecho que en toda manifestación, piquete o corte de calle comprobamos, con horror, la presencia de menores, en lugar de estar recibiendo la educación que por ley deberían recibir? Otras tierras, otras realidades. Días atrás leí con sorpresa, admiración, y a la vez tristeza, una nota de mayo pasado en el New York Times. Esta se ubicaba en Alemania, más precisamente en el aeropuerto de Baviera. Cada vez más familias alemanas vuelan al extranjero durante las vacaciones escolares, la tentación de comprar vuelos baratos, días antes del receso escolar, es importante por la diferencia en el precio de los pasajes una vez iniciadas las vacaciones. "Antes del comienzo y después del final de las vacaciones, podemos ver un gran aumento en los niños que se excusan como enfermos, en algunos casos, la tasa puede ser doble o triple de la usual", señaló un funcionario local.
Este hecho viola las causas que habilitan a un niño a faltar a la escuela, las cuales se establecieron mediante ley nacional, por primera vez, en 1919. Excepciones, tales como enfermedades u ocasiones especiales, deben ser justificadas con nota de un doctor o una carta de los padres, y requieren la aprobación del colegio.
¿La consecuencia? Mientras funcionarios de seguridad de los aeropuertos de todo el mundo se preocupan en identificar a los pasajeros en busca de potenciales terroristas antes de permitirles abordar un avión, la policía en Alemania busca niños en edad escolar y reporta a las familias que llevan los jóvenes de vacaciones sin autorización de las escuelas.
En la ocasión de referencia, un par de días antes del comienzo de las vacaciones de primavera de este año, la seguridad del aeropuerto de Baviera detuvo a familias que pretendían partir con sus hijos de vacaciones. Los padres fueron denunciados a las autoridades locales, lo cual puede conducir a multas que alcanzan los 1200 dólares. Es claro que para Alemania la educación es importante. Y por casa, ¿cómo andamos? El gobierno de la provincia de Mendoza en los últimos años es digno de ejemplo. Una y otra vez sorprende con iniciativas disruptivas que privilegian el derecho de los niños a ser educados, medidas propias de un país del Primer Mundo y no de la realidad que nos hemos acostumbrado a vivir.
La legislatura de Mendoza acaba de aprobar el nuevo Código de Faltas, impulsado por el gobierno provincial, por el cual se podrá multar y hasta detener a padres que hagan faltar reiteradamente a sus hijos al colegio sin razón justificada. La multa podrá alcanzar los 14 mil pesos. Viendo cotidianamente transitar por las calles porteñas manifestaciones con objetivos indeterminados, en los cuales encontramos niños y jóvenes en edad escolar, ¿el nuevo Código Penal no debería considerar un delito, de mayor relevancia que el impedir transitar por las calles de la ciudad, el impedir a estos niños ejercer su derecho a la educación? Yo creo que sí.
Los niños tienen el derecho a ser educados, sus padres, la obligación de respetarlo y el Estado debería tener el poder de policía para que así sea.
El autor es rector de la Universidad del CEMA y miembro de la Academia Nacional de Educación. Las opiniones expresadas son personales y no necesariamente representan la opinión de la UCEMA.(infobae.com)
Maria Josefina Ramos es traductora pública de Inglés y periodista.

Su trayectoria periodística abarca el período 1970-1985, como analista política y cronista parlamentaria desde el Congreso Nacional para varias radioemisoras del interior del país y también para el vespertino La Razón.

En 1975, fue distinguida con una beca como periodista parlamentaria por la Asociación de Corresponsales de las Naciones Unidas para cubrir la XXXI Asamblea General de la ONU.

Es creadora y directora de Plataforma Cero.