Plataforma Cero
Publicación Mensual
Año 15 | Número 189 MAR 2019

Cristina, Maduro y el autoritarismo
Líderes que odian la libertad de expresión y a quienes piensan con independencia, y que reúnen los ingredientes de una personalidad autoritaria: machistas, antisemitas, misóginos, homofóbicos y mesiánicos.
Jaime Duran Barba para Perfil
23-02-2019


Son muy parecidos. No creen en la democracia ni respetan las normas. Las leyes les molestan. Son al mismo tiempo de extrema cualquier cosa: nazis, comunistas, falangistas, guerrilleros de izquierda y miembros de las tres A. Por momentos se matan como en Ezeiza, se insultan violentamente, se denuncian entre ellos por sus actos corruptos, pero agachan la cabeza y vuelven a la manada cuando pueden conseguir dinero o poder. Odian la libertad de expresión y a quienes piensan con independencia. Reúnen lo que Adorno menciona como ingredientes de la personalidad autoritaria: son machistas, antisemitas, misóginos, homofóbicos, mesiánicos. Caracas. En 1998, cuando faltaban diez meses para las elecciones presidenciales venezolanas, estuve en Caracas con mi socio de ese entonces, un consultor norteamericano que asesoraba a Irene Sáenz. La alcaldesa de Chacao obtenía en las encuestas una ventaja de 20 puntos sobre Hugo Chávez y su imagen de 80% de opiniones positivas y 9% de negativas parecía blindarle. Pero los consultores profesionales sabemos que la interpretación de los números por parte de quienes no están preparados profesionalmente para eso lleva a equivocaciones. La falta de opiniones negativas era mala. Una imagen tan pura era un globo vacío que podía explotar en cualquier momento. Algunos periodistas menospreciaban a Chávez, decían que era un coronel dicharachero y pintoresco que si intentaba alterar el orden constitucional se toparía con la democracia más sólida del continente. Las instituciones que nacieron con el Pacto de Puntofijo fueron un modelo democrático perfecto para América Latina. En diciembre el coronel ganó la elección y acabó con todo. Chávez tenía muchos asesores. Inicialmente, su consultor político fue un profesional de alto nivel, miembro del ala derecha del Partido Republicano. Su biografía oficial, Caudillo, ejército, pueblo: la Venezuela del comandante Chávez, la escribió un asesor argentino, Norberto Ceresole, revolucionario, peronista, nazi, que sitúa al coronel a medio camino "entre Jimmy Carter y Franz Fanon" y describe al chavismo como "una versión levemente militarizada de la vieja socialdemocracia". Ceresole escribió algunas obras antisemitas como La cuestión judía en América del Sur y Terrorismo fundamentalista judío y mentalizó la persecución a los judíos venezolanos cuando la mitad de ellos tuvo que irse del país. Los autoritarios son paranoicos, conspirativos, creen que hay poderes ocultos que manejan la historia como los judíos, el imperialismo, el comunismo, sectas de iniciados, fondos buitre o cualquier otro fantasma que pueda justificar su fanatismo y su violencia. Según Ceresole existe un poder mundial manejado por el "lobby judío" de Estados Unidos, el atentado en contra de la AMIA fue obra de judíos, el Holocausto es un mito y los oprimidos se liberarán gracias a su conciencia racial y las fuentes religiosas martirológicas cristianas y chiitas.

Peronismo. Usando otras palabras, el peronismo enfrentó a los gobiernos radicales con un discurso semejante. En el "Plan de Lucha de 1964" orquestado por Vandor, Alonso y Coria en contra de Arturo Illia, capitalista que había aprobado la ley del salario mínimo, vital y móvil, se dijo "Contra el gobierno al servicio de la banca extranjera y el capital imperialista; por los derechos inalienables de los trabajadores; por una economía nacional productiva y en contra de la especulación financiera; contra la oligarquía terrateniente, la Sociedad Rural, y la Bolsa de Comercio; por la nacionalización de la banca extranjera; rechazo a las importaciones que arruinan la economía nacional; por un gobierno popular que no esté de rodillas ante los poderes imperiales; por una Argentina libre, justa y soberana". Cuando Onganía depuso a Illia, Perón calificó a la gestión de la UCR como la más corrupta de la historia. Asistieron a la asunción del general Alonso y Vandor, líder sindical peronista acribillado después por la izquierda peronista. Usaron el mismo discurso para combatir a Arturo Frondizi y a Raúl Alfonsín, víctima de trece paros por su "política económica desastrosa y antipopular". Para ellos los presidentes radicales fueron sirvientes del imperio mientras vivieron y se convirtieron en estadistas cuando no pudieron luchar más por una sociedad democrática. Las mismas consignas revolucionarias firman ahora Moyano, Baradel, Yasky, Pino Solanas, D'Elía, Guillermo Moreno, Carta Abierta, Hebe de Bonafini, Milagro Sala, Grabois, y otros partidarios de Maduro. Izquierda. Cuando la izquierda era de izquierda y era posible la revolución mundial estos grupos fueron vistos como fascistas. Mas allá de sus pintorescos manifiestos, el Partido Comunista apoyó tanto la llamada Revolución Libertadora como el golpe de 1976. El gobierno castrista fue socio de Videla, lo defendió en organismos internacionales en nombre de la "autodeterminación de los pueblos" y fue cómplice de las desapariciones. Esa revolución cubana a la que homenajeó Cristina hace poco, repite ahora el mismo discurso para defender a Maduro. Hay que reconocer que estos líderes tienen una gran preocupación social por sus parientes y amigos. Así como Lázaro Báez mutó de empleado bancario a terrateniente, la familia Chávez es dueña de la mayor parte de las tierras productivas del estado de Barinas. En el reportaje "La familia Real Venezolana", la revista Gatopardo detalló nombres y extensiones de los latifundios de los Chávez, que eran pobres de solemnidad hasta que el comandante llegó al poder. Unos y otros mezclaron a sus hijos en sus negocios. Las hijas de Chávez se quedaron a vivir en el Palacio Presidencial en donde gastan 266,7 millones de euros por año, para financiar sus costumbres fastuosas. María Gabriela Chávez es la persona más rica de Venezuela, posee 4.197 millones de dólares en Andorra y Estados Unidos. Declaró que esa fortuna la amasó como vendedora de productos Avon, la única actividad productiva que realizó cuando era joven. Ni siquiera fue una abogada exitosa que participó en tantos juicios jugosos como nuestra ex presidenta. El hijo de Maduro, "Nicolasito", ha protagonizado varios escándalos bailando en medio de una lluvia de billetes de cien dólares, conduciendo un coche enchapado en oro a la salida del Hotel París en Montecarlo, y protagonizando otras actividades ridículas propias de un nuevo rico. Movilidad social. Todos tienen preocupación social por su entorno cómplice: su jardinero, su chofer, la cocinera, el cajero del banco, el barrabrava, la hija del colectivero nacieron pobres y llegaron a millonarios. Adrián Velásquez y Claudia Díaz, jefe de seguridad y enfermera personal de Hugo Chávez, huyeron a Madrid con un enorme botín, que ahora reclama el gobierno de Maduro. Es la movilidad social ascendente de la que hablan algunos intelectuales empobrecidos mental y físicamente que hacen coro a estos tiranos que son muy prácticos. No hay oficinas que se parezcan más que la de López Rega y la de Guillermo Moreno, plagadas de imágenes de santos y violencia. En ese espacio se mezclan los militantes de la Juventud Sindical Peronista que integraban las tres A y ahora se abrazan con los descendientes de sus asesinados para llevar al poder a la Caudilla de Argentina por la Gracia de Dios. Sus raíces históricas están en Guardia del Hierro, los fascistas de Tacuara y los Montoneros que conservaron una tacuara en su escudo de armas. Las que cometen los asesinatos masivos en Venezuela son guardias revolucionarias paramilitares. Si Cristina gana las elecciones, cambia la Constitución, como anuncia, y arma a los barras bravas, a su Vatayón Militante de presos comunes, a los motochorros y a grupos de narcotraficantes para que maten a sus opositores tendríamos una guardia semejante. Si radicaliza su posición revolucionaria podría participar directamente del negocio del narcotráfico como lo hace la cúpula militar venezolana, apresar a los jueces que combaten el delito como anunció uno de sus voceros y dictar una amnistía preventiva para todos los asesinos y narcotraficantes. Sería una iniciativa revolucionaria novedosa del garantismo al frente del Ministerio de Justicia. Nada de esto significa que todos los peronistas son parte de esta locura. Conozco a muchos peronistas que tienen ideas democráticas, que no son falangistas, cuya dignidad les impediría participar en el segundo tomo de los Cuadernos de Centeno. Tampoco todos los católicos están en esta posición. La inmensa mayoría es perseguida por las dictaduras. La Iglesia de Venezuela y Nicaragua se opone frontalmente a esas dictaduras y presta sus templos para que se refugien los jóvenes perseguidos por las bandas de matones. *Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino. (Fuente www.perfil.com)


Cristina en el espejo de "Maduro Eterno"
Federico Andahazi para Infobae
2-02-2019


Las próximas elecciones nacionales significan la última oportunidad de la Argentina. No me refiero a la posibilidad de llevar hasta el final un programa de gobierno mejor o peor, o un plan económico más o menos acertado. Ni siquiera al hecho inédito de que una administración no peronista podría llegar a concluir un período sin que los discípulos del General hayan podido voltearlo antes de tiempo, tal como hicieron con Raúl Alfonsín, Fernando de la Rúa y el rosario de presidentejos que le sucedió al golpe de 2001. Me refiero a que esta es la última oportunidad de evitar que nuestro país caiga definitivamente en el abismo oscuro y sin fin en el que hoy se precipita Venezuela.

Era imposible no advertir que Nicolás Maduro, igual que Hugo Chávez en su momento, planeaba perpetuarse en el poder con o sin los votos de los venezolanos. De hecho, fueron innumerables las voces dentro y fuera de Venezuela que anticiparon la tragedia humanitaria e institucional que hoy vive el país caribeño.

Maduro es la continuación de Hugo Chávez, como Cristina Fernández fue la saga de Néstor Kirchner. No existe ninguna ruptura, como muchos sostienen, sino una línea perfectamente trazada, el decurso natural del populismo que habría terminado en este mismo lugar estuviera al frente Chávez, Maduro o cualquier otro figurón del régimen. Si el kirchnerismo hubiese continuado en el poder a través de Daniel Scioli u otro muñeco articulado dispuesto por Cristina, la Argentina habría colapsado de la misma manera que Venezuela.

Nicolás Maduro prepara el vaciamiento total de su país. Convertido hoy en un presidente de facto, planea sacar 15 toneladas de oro del Banco Central para venderlas a los Emiratos Árabes. Este era, exactamente, el destino que le esperaba a la Argentina por el camino de la dilapidación de las reservas y el cepo cambiario que impuso el excéntrico Axel Kicillof. Y, sin dudas, sería el futuro que le esperaría a la Argentina si volvieran los socios locales del chavismo: hambre, represión y saqueo.

Lo han hecho una vez y volverían a hacerlo mañana, cargados de resentimiento y sedientos de venganza. Así lo anunciaron en cuanto oportunidad han tenido. A pesar del discurso y el inverosímil maquillaje progresista, el kirchnerismo ha sido el gobierno más represivo desde la recuperación de la democracia. De acuerdo con los datos de la CORREPI, durante las gestiones de Néstor y Cristina Kirchner fueron asesinadas 3070 personas a manos de la Policía Federal, las policías provinciales y los servicios penitenciarios. Sin olvidar la desaparición del testigo Julio López y la de Luciano Arruga, quien más tarde fue encontrado muerto luego de haber sido detenido por policías en La Matanza. Y sin incluir en esta lista el asesinato del fiscal Alberto Nisman. Tiempos oscuros le esperarían a la Argentina.

Habida cuenta de estos sangrientos antecedentes, resulta cuanto menos extraña la reacción indignada de la dirigencia kirchnerista ante la presunta injerencia extranjera en Venezuela. Aquellos que dieron la vuelta al mundo para difundir el falso secuestro de Santiago Maldonado y buscaron la condena de otros países al gobierno constitucional argentino, son los mismos que hoy se rasgan las vestiduras ante la "injerencia exterior" en la Venezuela de Maduro. Basta recordar el espíritu injerencista del ex secretario de comercio Guillermo Moreno cuando le envió una vergonzosa carta a Christine Lagarde rogándole que no le otorgara créditos a la Argentina. El mismo tono lastimero y sollozante empleó Mayra Mendoza cuando se arrojó a los pies de Vladimir Putin para denunciar la "falta de Estado de derecho" en Argentina. En el idioma de los cipayos le imploró al presidente ruso: "Vladimiiiir is very important! Argentina needs help! Cristina is a victim of LawFare. They want to imprison her so she will not be president again!". Incredible but true.

Yo estaba en Caracas cuando Hugo Chávez clausuró la cadena Radio Caracas Televisión (RCTV), en mayo de 2007, luego de 53 años en el aire. Recuerdo que mi editora, "progresista de izquerda", según se definió a sí misma, festejó con euforia la caída de ese medio "pitiyanqui". Desde entonces nunca más he presentado un libro en Venezuela, no a causa de la censura imperante, sino por la falta de papel. Para enero de 2010 Chávez ya había cerrado seis canales de televisión e impulsó un plan para clausurar 30 emisoras y tomar el control absoluto de los medios de comunicación. "Esto se hará llueva, truene o relampaguee, lloren o no lloren los oligarcas", bramó Chávez. Socialismo del Siglo XIX.

Si el kirchnerismo volviera al poder avanzaría en este mismo sentido y haría lo que no consiguió en su momento: cerrar los medios que no le resultaran afines. No se trata de una presunción por lo que han hecho en el gobierno, sino de una certeza de acuerdo con lo que hacen hoy como oposición. La imagen del Sr. Grabois y sus militantes entrando por la fuerza para tomar Canal 13 y TN no es una foto del pasado sino de un futuro posible. Se trata, claro, del mismo Grabois que hoy impulsa a Cristina Kirchner y justifica la masacre llevada a cabo por las fuerzas represivas de Maduro.

Era imposible soslayar las ambiciones de eternidad del régimen venezolano; de hecho, Hugo Chávez nació a la política un martes 4 de febrero de 1992, cuando encabezó un intento de golpe de Estado para derrocar al presidente constitucional Carlos Andrés Pérez. El intento golpista fracasó y el entonces coronel Chávez se rindió. Maduro es hoy el presidente de facto que intentó ser Chávez a comienzos de los noventas. Pero el progresismo se empeña en construir espejismos revolucionarios en los fascistas de siempre. Las tendencias totalitarias del kirchnerismo que expresó Diana Conti en su tesis "Cristina eterna" son una herencia directa de Juan Domingo Perón. La historia de Chávez es un remedo de la de Perón: ambos eran coroneles cuando se levantaron contra la Constitución: Perón en el '43 y Chávez cincuenta años más tarde.

A propósito de los espejismos de ciertos intelectuales, es necesario señalar que hasta el mismísimo fundador del "Socialismo del Siglo XXI" acaba de bajarse del barco que él construyó. En efecto, Heinz Dieterich, el sociólogo alemán que le susurró al oído a Chávez el libreto totalitario que el militar recitó a la perfección, hoy se desentiende del fracaso de Maduro como si uno no fuera la consecuencia del otro. Algo semejante acaba de hacer la Internacional Socialista al abjurar del experimento venezolano. Es natural: nadie se quiere hacer cargo de la criatura. Salvo, desde luego, Cristina Kirchner y su armada que, como siempre, encarna los delirios de eternidad y cabalga en sentido contrario al de la historia. El electorado que en su momento encumbró a Nicolás Maduro, es el mismo que hoy no sabe cómo deshacerse de él. Ese monstruo no es ajeno a ellos; es su creación. De nosotros, los argentinos, depende ahora un futuro tan semejante al pasado del cual, tal vez, no podamos regresar nunca más.


El ejemplo peruano
Sustentado en el respeto a la independencia de su Banco Central, el éxito económico de Perú debería ser seguido por la dirigencia argentina
Opinión
La Nacion
14-02-2019


Pocos países de la región pueden exponer 25 años continuos de crecimiento con estabilidad monetaria. Luego de una larga historia de estancamiento, inflación y crisis repetidas, Perú lo ha logrado. Su experiencia debe ser una lección para otros países que, como la Argentina, no pueden escapar de desequilibrios macroeconómicos y de una sostenida desvalorización de su moneda.

Una fracción preponderante de nuestra clase dirigente y de la ciudadanía reprueba las políticas exitosas de otros países. Por el contrario, apoya enfoques populistas y programas heterodoxos que garantizan el fracaso. Un cerramiento ideológico impide la objetividad en la evaluación y el análisis de experiencias concretas. Casos cercanos como los de Chile y Perú son voluntariamente ignorados.

Los gobiernos peruanos desarrollaron políticas populistas, intervencionistas y estatistas durante las décadas de 1960, 1970 y 1980. Eran las que demandaba el grueso de la dirigencia y de la intelectualidad y que tuvieron aceptación por los gobiernos militares y civiles. Como no podía ocurrir de otra forma, el déficit fiscal superó las posibilidades de financiarse con deuda y se debió recurrir a la emisión de moneda por el Banco Central de Reserva (BCRP). Pero no era solo esta la única fuente de creación de dinero. El BCRP actuaba como banco de desarrollo, otorgando créditos a otros bancos estatales, los que a su vez prestaban a empresas estatales y privadas en condiciones ventajosas, con endebles garantías y débiles posibilidades de afrontar los servicios financieros.

Desde mediados de los setenta la inflación se aceleró y durante la presidencia de Alan García se alcanzó la hiperinflación. Entre 1985 y 1990 los precios acumularon un incremento de 6.921.502%. Entre 1987 y 1990 el déficit fiscal promedió el 10,5% del PBI, y la economía se achicó un 25%. Sin embargo, en Buenos Aires la propaganda callejera de la central obrera en la semana navideña pedía a Papá Noel "un presidente como Alan García".

El trauma hiperinflacionario y la demostrada inutilidad del control de precios y de cambios llevaron a una modificación de las opiniones prevalecientes. El presidente Alberto Fujimori, elegido en 1990, tuvo así el apoyo necesario para reorientar la política económica y regularizar la situación financiera con los organismos multilaterales y acreedores privados. Una nueva Constitución fue aprobada por referéndum en 1993, al igual que la modificación de la carta orgánica del BCRP. La autoridad monetaria fijó su objetivo excluyente en preservar el valor de la moneda derrotando la inflación.

Los efectos del cambio han sido notables. El déficit fiscal fue reducido y controlado. Entre 1993 y 2018, la inflación anual promedió el 4,2% y el crecimiento anual del PBI el 5%. El BCRP trabaja con el sistema de metas de inflación y lo hace exitosa y provechosamente. Esto es posible en el marco de una situación fiscal controlada, lo que no ocurrió en la Argentina y determinó su fracaso.

Alan García fue elegido nuevamente en 2001 y demostró haber aprendido la lección. En su segundo gobierno ejecutó una política promercado y de disciplina fiscal y monetaria. Aprender de los propios errores es una cualidad que aún no ha alcanzado a gran parte de nuestros políticos. Tampoco parece que hayan aprendido de las experiencias, errores y aciertos de otros países y gobiernos. El prolongado éxito peruano, sustentado en la total independencia de su Banco Central y en la estabilidad de sus autoridades, debiera ser un caso de estudio y a imitar más que recomendable. (lanacioncom.ar)


Fuerte advertencia de Trump a los militares venezolanos: "Perderán todo"
Fuente: AFP - Crédito: Alex Edelman
18-02-2019
Rafael Mathus Ruiz para La Nacion


WASHINGTON.- El presidente ( directa del socialismo, y prometió: "Esto nunca nos sucederá a nosotros".
Trump volvió a ofrecer un fuerte respado a Guaidó -el presidente interino grabó un mensaje que fue transmitido antes del discurso de Trump-, cuando faltan apenas días para que se cumpla el primer mes desde que la oposición lo designó al frente de un gobierno interino que busca desplazar a Maduro y llamar a elecciones "libres y justas" para abrir una transición hacia la democracia. Guaidó puso esa fecha, el próximo sábado 23 de febrero, como el límite para el ingreso de la ayuda humanitaria.

Funcionarios de Guaidó y sus aliados internacionales insisten en el ingreso de la ayuda humanitaria y la transición política dependen de lo mismo: que las Fuerzas Armadas abandonen a Maduro, y respalden al gobierno interino. Ese quiebre aún no ha ocurrido. Por eso, la Casa Blanca y los aliados de Guaidó han elevado la presión para forzar un giro. El mensaje de Trump fue el último esfuerzo de esa cruzada.

"No habrá regreso atrás", dijo Trump, quien cargó en varios tramos de su mensaje contra el socialismo. Trump puso a Nicaragua y Cuba en su lista de blancos, y advirtió: "El socialismo no respeta fronteras". Y lanzó un dardo contra Maduro: "No es un patriota venezolano, es un títere cubano".

Trump le habló directo a los militares: dijo que sabe dónde tienen el dinero que se robaron, y los instó a que acepten la amnistía que ha ofrecido la Asamblea Nacional. Trump les dio dos opciones: permitir el ingreso de la ayuda humanitaria y la transición democrática, o perderlo todo.

"Buscamos una transición democrática de poder, pero todas las opciones están abiertas", amenazó el mandatario. "Perderán todo", les advirtió a los militares. Trump ha dicho en reiteradas ocasiones que no descarta recurrir a una invasión militar para sacar a Maduro del poder. El presidente de Colombia, Iván Duque, no descartó en su reciente paso por Estados Unidos permitir la presencia de tropas estadounidenses en Colombia, el país que más refugiados venezolanos alojó desde que se agravó la crisis humanitaria. Alrededor de tres millones de venezolanos han dejado Venezuela.

En una señal de las ramificaciones regionales de la crisis en Venezuela, Trump ofreció la visión que predomina dentro de la Casa Blanca y entre algunos aliados en el Congreso: una exitosa transición pacífica a la democracia en Venezuela puede ayudar a promover giros políticos similares en Nicaragua y Cuba. "Estados Unidos nunca será un país socialista", dijo Trump, sobre el final. (lanacion.com.ar)


No hay injerencia, sino dictadura
Alberto Asseff para La Nacion
19-02-2019


La deriva del chavismo -entronizado en 1999 a horcajadas de un sistema preexistente plagado de corrupción y frustraciones- es tan grotesca como insufrible la dictadura de Nicolás Maduro.

Presos políticos, exilio de dirigentes, emigración de millones de personas, inflación récord en la historia económica moderna, destrucción del tejido productivo-industrial, populismo crudo hasta lo caricaturesco, fuga de capitales, presencia del ejército cubano y de las FARC residuales, graves sospechas de la connivencia del régimen con el narcotráfico y una vasta corrupción que multiplica exponencialmente nuestros penosos y mugrientos "cuadernos" (se calcula que medio billón de dólares ha llegado principalmente a los paraísos fiscales supérstites, a Suiza y al mercado inmobiliario de Madrid y de España en general). Dictadura que puede exhibir solamente viejas mañas fraudulentas solo barnizadas con un nombre que usurpa vocablos respetables como el "carnet patriótico", documento espurio con el que se habilitan las amañadas votaciones como las del 20 de mayo pasado. Obviamente, carnet manipulado por los "colectivos chavistas", esos paramilitares que reducen a juegos infantiles a nuestras aberrantes "barras bravas".

Esos "colectivos paramilitares" tienen a entrenados francotiradores que aterran a los manifestantes opositores, disparando algunas veces a matar como factor de disuasión y de dispersión de las protestas, sobre todo en las barriadas periféricas. En rigor, esta siniestra realidad pareciera que en las últimas movilizaciones convocadas por el presidente interino no se ha producido. Quizá configure una prueba de que el régimen dictatorial y expoliador está casi exhausto. No se puede omitir el recuerdo del anacronismo de Hugo Chávez -en su Aló presidente por TV, claro que en cadena- con una interminable ristra de "exprópiese". Así pasaron a las corruptas manos del sistema dictatorial más de 15 mil empresas, de granjas a pymes. El efecto fue la devastación de la economía y la potenciación del saqueo. Al principio, Chávez fue encantador. Con el tiempo supimos que lo era, pero de serpientes, las que echó a andar depredadoramente por la querida tierra venezolana. Fue tan efectivo -inicialmente- con su locuacidad, como un redondo fracaso como estadista. Incluida su vetusta geopolítica, trayendo a Sudamérica conflictos que deberían ser ajenos y lejanos.

El socialismo fue una expectativa en el siglo XIX, hasta los años 80 del siglo pasado. Se derrumbó. La caída del Muro de Berlín en 1989 no es una fotografía, sino un cambio de era. Cierto que el mundo está buscando críticamente cómo modelar el nuevo tiempo. Aún está lleno de incógnitas. Empero, algo sabemos con certeza: el "socialismo del siglo XXI" de Hugo Chávez es una inmensa desilusión, una dolorosa mala experiencia.

El régimen dictatorial está en sus postreros estertores. Solo atina a recurrir al rechazo de la injerencia foránea. Pues, ya está viendo que ese falaz argumento no tiene sustento. El mundo injiere en Venezuela cumpliendo la obligación humanitaria de ayudar a un pueblo que reclama recuperar su libertad y sus derechos esenciales. Estamos atentos, sí, a que nadie aproveche este río revuelto para "pescar" petróleo u oro. Esos bienes son y serán de Venezuela y ojalá los utilice para su prosperidad futura.

En Venezuela no hay injerencia, sino una odiosa, arcaica y cachivachesca dictadura que inflige dolor a millones de venezolanos. Diputado del Mercosur; exdiputado nacional. (lanacion.com.ar)


Maduro, frente a tres escenarios
Andrés Oppenheimer para La Nacion
13-02-2019


MIAMI.- Hay tres escenarios principales en Venezuela tras la decisión de los Estados Unidos y las principales democracias occidentales de reconocer a Juan Guaidó como el líder legítimo del país y de exigir elecciones libres para terminar con la crisis humanitaria allí.

Antes de pasar a estos escenarios, un comentario sobre los últimos acontecimientos: el así llamado Grupo de Contacto Internacional creado por México y Uruguay para buscar un diálogo nacional en Venezuela no irá a ninguna parte. Como me dijo Guaidó en una entrevista reciente, no aceptará otro "diálogo falso" con Maduro . Al menos cuatro veces en los últimos años, Maduro ha utilizado diálogos con la oposición para ganar tiempo y luego encarcelar a sus rivales políticos una vez que la atención internacional giró hacia otro lado.

Esta vez, Maduro tendrá que irse antes de que un gobierno de transición convoque a elecciones libres, me dijo Guaidó. Además, México y Uruguay no son "países neutrales". Ambas naciones aún reconocen a Maduro como el presidente de Venezuela. Por otro lado, Alemania, Francia, Gran Bretaña, España, Australia, Canadá, Brasil, la Argentina y la mayoría de las otras democracias occidentales reconocen al gobierno de Guaidó.

De manera que estos son los escenarios más probables:

Primer escenario: Maduro se ve obligado a permitir elecciones libres con observadores internacionales creíbles.

Ante un embargo comercial que paraliza las exportaciones de petróleo de Venezuela, la mayor fuente de ingresos del régimen de Maduro, y crecientes protestas callejeras de venezolanos que exigen que se permita el ingreso al país de camiones repletos de ayuda alimentaria internacional que están esperando en la frontera, Maduro es forzado por los militares a aceptar elecciones libres.

Como sucedió en Nicaragua antes de las elecciones de 1990 y en Filipinas en la década de 1980, Maduro negocia un aterrizaje suave para él y sus generales. Luego, Maduro pierde las elecciones y se va a Cuba, donde comienza una nueva vida como presentador de un show en la cadena Telesur, en el que toca el tambor, canta, baila y despotrica contra el imperialismo yanqui. Yo le daría a este escenario un 50 por ciento de posibilidades.

Segundo escenario: Maduro se mantiene en el poder indefinidamente.

El dictador de Venezuela logra mantenerse en el poder con la ayuda de Rusia y China. Al igual que sucedió en Cuba, la crisis humanitaria de Venezuela aumenta y millones de venezolanos más huyen del país. Eso deja a Maduro con menos bocas que alimentar y con una población de empleados públicos paupérrimos y fácilmente controlables con subsidios alimentarios del gobierno.

El problema es que Brasil y Colombia no tolerarían una hambruna causada por Maduro que provocara una invasión de millones más de venezolanos a sus territorios. Y Rusia y China difícilmente darán mucho más dinero a Maduro. Yo pondría la probabilidad de este escenario en un 30 por ciento. Tercer escenario: una invasión militar de los Estados Unidos o una fuerza multinacional. Al igual que sucedió en Panamá a fines de la década de 1980, una corte de los Estados Unidos acusa a Maduro y sus generales por cargos de narcotráfico, lo que lleva a una invasión militar de Estados Unidos. O, como sucedió en la isla caribeña de Granada en la década de 1980, Estados Unidos interviene en Venezuela alegando que Cuba y Rusia han invadido el país. Pero mientras el Ejército de Panamá tenía 21.000 soldados y el de Granada alrededor de 2000, las Fuerzas Armadas de Venezuela tienen 351.000 soldados, según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Gran Bretaña. Algunos analistas han estimado que invadir Venezuela tomaría más de 100.000 efectivos de los Estados Unidos. También podría haber pedidos de una intervención panamericana o de las Naciones Unidas, como en República Dominicana en 1965 o en Bosnia en 1992. Pero la mayoría de los países latinoamericanos no aceptarían ser parte de ella, y Rusia y China vetarían cualquier resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para intervenir en Venezuela. Le daría a este escenario un 20 por ciento de probabilidades.

En resumen, la actual escalada de sanciones diplomáticas y económicas internacionales es la mejor oportunidad en muchos años -y quizás la más factible- para obligar al régimen ilegítimo de Maduro a abandonar el poder. Si las presiones siguieran creciendo, Maduro podría estar de salida.
Maria Josefina Ramos es traductora pública de Inglés y periodista.

Su trayectoria periodística abarca el período 1970-1985, como analista política y cronista parlamentaria desde el Congreso Nacional para varias radioemisoras del interior del país y también para el vespertino La Razón.

En 1975, fue distinguida con una beca como periodista parlamentaria por la Asociación de Corresponsales de las Naciones Unidas para cubrir la XXXI Asamblea General de la ONU.

Es creadora y directora de Plataforma Cero.