Nuestro Creador
Publicación Mensual
Año 11 | Número 133 FEB 2018
Resumen de partes del discurso del Papa a los sacerdotes y consagrados en el norte del Perú.
PlataformaCero
20-01-2017

Me gusta subrayar que nuestra fe, nuestra vocación es memoriosa, esa dimensión deuteronómica de la vida. Memoriosa porque sabe reconocer que ni la vida, ni la fe, ni la Iglesia comenzó con el nacimiento de ninguno de nosotros: la memoria mira al pasado para encontrar la savia que ha irrigado durante siglos el corazón de los discípulos, y así reconoce el paso de Dios por la vida de su pueblo.

Nosotros, consagrados, no estamos llamados a suplantar al Señor, ni con nuestras obras, ni con nuestras misiones, ni con el sinfín de actividades que tenemos para hacer. Yo cuando digo consagrados involucro a todos: obispos, sacerdotes, hombres y mujeres consagrados y consagradas, religiosas y seminaristas.. Simplemente se nos pide trabajar con el Señor, codo a codo, pero sin olvidarnos nunca de que no ocupamos su lugar.

¡Nos hace bien saber que no somos el Mesías! Nos libra de creernos demasiado importantes, demasiado ocupados -es típica de algunas regiones escuchar: "No, a esa parroquia no vayas porque el padre siempre está muy ocupado"-. Juan el Bautista sabía que su misión era señalar el camino, iniciar procesos, abrir espacios, anunciar que Otro era el portador del Espíritu de Dios.

Si padre pero usted no tiene un remedio, algo... tengo dos pastillas que ayudan mucho: una hablá con Jesús, con la Virgen en la oración, La segunda pastilla la podés hacer varias veces al día, si necesitás sino una sola basta: mírate al espejo, mírate al espejo. Y ese soy yo, esa soy yo, jajaja. Y eso te hace reír. Y esto no es narcisismo, sino al contrario, es lo contrario, el espejo acá sirve como cura.

No padre, yo lo miro al señor en el Sagrario. Está bien, pero siéntate un rato y déjate mirar y recuerda las veces que te miro, te está mirando. ¡Déjate mirar por Él! Es de lo más valioso que un consagrado tiene,, la mirada del Señor.

Quizá no estás contento con ese lugar donde te encontró el Señor, quizá no se adecúa a una situación ideal o que te "hubiese gustado más". Pero fue ahí, en ese lugar, en esa situación donde te encontró y te curó las heridas. Ahí.

Nos hace bien recordar que nuestras vocaciones son una llamada de amor para amar, para servir, no para sacar tajada para nosotros mismos. ¡Si el Señor se enamoró de ustedes y los eligió, no fue por ser más numerosos que los demás, pues son el pueblo más pequeño, sino por amor! así dice el Deutoronomio al pueblo de Israel (cf. Dt 7,7-8).

La fe de tu madre y de tu abuela, la fe que tenés vos, eso es lo que tienen. No desprecien la oración casera, que es la más fuerte. Recordar la hora del llamado, hacer memoria alegre del paso de Jesucristo por nuestra vida, nos ayudará a decir esa hermosa oración de San Francisco Solano, gran predicador y amigo de los pobres, "Mi buen Jesús, mi Redentor y mi amigo. ¿Qué tengo yo que tú no me hayas dado? ¿Qué sé yo que tú no me hayas enseñado?".

Sin agradecimiento podemos ser buenos ejecutores de lo sagrado, pero nos faltará la unción del Espíritu para volvernos servidores de nuestros hermanos, especialmente de los más pobres.

La fragmentación o el aislamiento no es algo que se da "fuera" como si fuese solamente un problema del "mundo". Hermanos, las divisiones, guerras, aislamientos los vivimos también dentro de nuestras comunidades, dentro de nuestros presbiterios, dentro de nuestras conferencias episcopales ¡y cuánto mal nos hacen!

Solo el Señor tiene la plenitud de los dones, solo Él es el Mesías. Y quiso repartir sus dones de tal forma que todos podamos dar lo nuestro enriqueciéndonos con los de los demás. Hay que cuidarse de la tentación del "hijo único" que quiere todo para sí, porque no tiene con quién compartir. Malcriado el muchacho.

No caigamos en la trampa de una autoridad que se vuelva autoritarismo por olvidarse que, ante todo, es una misión de servicio. Los que tienen esa misión de ser autoridad, piénselo mucho. En los ejércitos hay bastante sargentos no hace falta que se nos metan

Sobre todo los jóvenes, los que están a cargo de la formación de los jóvenes mándalos a hablar con los curas viejos, con las monjas viejas, con los obispos viejos, dicen que las monjas no envejecen porque son eternas. Hagan soñar a los viejos, la profecía de Joel 3,1. Hagan soñar a los viejos, y si los jóvenes hacen hablar a los viejos, les juro que harán profetizar a los jóvenes.

Yo quisiera citar a un Santo Padre pero no se me ocurre ninguno, pero voy a citar al Nuncio apostólico. Me decía él hablando de esto, un antiguo refrán africano que aprendió él cuando estaba allí, porque los nuncios apostólicos primero pasan por África y allí aprenden mucho. Decía que los jóvenes caminan rápido pero son los viejos los que conocen el camino. ¿Está bien?

Queridos hermanos, nuevamente gracias y que esta memoria deuteronómica nos haga más alegres y agradecidos para ser servidores de unidad en medio de nuestro pueblo. Déjense mirar por el Señor, vayan a buscar al Señor, la memoria, mírense al espejo de vez en cuando y que el Señor los bendiga y la Virgen los cuide. Y de vez en cuando, como dicen en el campo, échenme un rezo. Gracias.

Maria Josefina Ramos es traductora pública de Inglés y periodista.

Su trayectoria periodística abarca el período 1970-1985, como analista política y cronista parlamentaria desde el Congreso Nacional para varias radioemisoras del interior del país y también para el vespertino La Razón.

En 1975, fue distinguida con una beca como periodista parlamentaria por la Asociación de Corresponsales de las Naciones Unidas para cubrir la XXXI Asamblea General de la ONU.

Es creadora y directora de Plataforma Cero.