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Año 10 | Número 131 DIC 2017

Un discurso de hace setenta años con tintes proféticos.

El obispo Sheen describió las trampas que usará el Anticristo para engañarnos y la forma de evitarlo

Carmelo López Arias

Rel 04-11-2017

 

 

La presencia del Anticristo es una de las señales que los Padres de la Iglesia y la mayor parte de los teólogos sugieren como precursoras del fin del mundo. Así consta en las Sagradas Escrituras, donde es definido por San Juan como "el mentiroso, el que niega que Jesús es el Cristo, el que niega al Padre y al Hijo" (1 Jn 2, 22) y por San Pablo como "el hombre del pecado, el hijo de la perdición, el Adversario que se eleva sobre todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto, hasta el extremo de sentarse él mismo en el Santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios" (2 Tes, 3-4).

 

En su estudio de la cuestión, el jesuita Francisco Suárez (1548-1617) afirma como próximo a la fe que será una persona, y no, como en ocasiones se ha interpretado, un movimiento o una ideología: "El Anticristo no sólo será verdadero hombre, sino también verdadera persona humana, persona propia y connatural a la humanidad; así que no será la persona de un demonio encarnada".

 

Apariencia de santón humanitario, incluso cristiano

 

¿Cómo reconocerlo e identificarlo? Hay toda una tradición literaria católica, que va desde Señor del Mundo de Robert Hugh Benson a El Padre Elías de Michael D. O'Brien, que lo dibuja como un ser de apariencia nada acorde con su terrible designio: al contrario, como una persona que atraerá precisamente por su apariencia benéfica y su capacidad de halago a las tendencias tanto más amables cuanto más disolventes de la cultura en la que nazca.

 

Ésa es también la visión del obispo Fulton J. Sheen (1895-1979), quien hizo un inquietante retrato del Anticristo en un sermón radiofónico del 26 de enero de 1947:

 

"El Anticristo no se llamará así, de otra forma no tendría seguidores", advertía el obispo Sheen: "No llevará vestiduras rojas, no vomitará azufre, no llevará tridente". En aquel momento Sheen era solo un sacerdote que deslumbraba en la radio y en la naciente televisión con sus predicaciones y ya había escrito varios libros. Destacaba por su anticomunismo, al que consagraría en 1948 su obra El comunismo y la conciencia occidental, pero no sería hasta 1951 que fue nombrado obispo auxiliar de Nueva York, y en 1966 obispo de la diócesis neoyorquina de Rochester.

 

El gran objetivo del Anticristo, explicaba Sheen, será, como el del demonio, parecerse a Dios: "¿Cómo conseguirá entonces seguidores para su religión?". 

 

desgranó estas características:

 

"-Se disfrazará como el Gran Humanitario: hablará de la paz, de la prosperidad y de la abundancia no como medios para llevarnos a Dios, sino como fines en mismos.

 

»-Escribirá libros sobre la nueva idea de Dios para acomodarlas a como vive la gente.

 

»-Divulgará la fe en la astrología para que sean las estrellas, y no la voluntad, las responsables de nuestros pecados.

 

»-Justificará la culpa como sexo reprimido, hará que los hombres se avergüencen de no ser considerados abiertos de mente y progresistas por sus compañeros.

 

»-Identificará la tolerancia con la indiferencia entre el bien y el mal.

 

»-Fomentará el divorcio bajo de que es "necesario" que haya una tercera persona.

 

»-Hará que crezca el amor por el amor y decrezca el amor por las personas.

 

»-Invocará la religión para destruir la religión.

 

»-Incluso hablará de Cristo y dirá que es el mayor hombre que jamás haya vivido.

 

»-Dirá que su misión es liberar a los hombres de las servidumbres de la superstición y el fascismo, a los que nunca definirá.

 

»-En medio de todo su aparente amor por la humanidad y su fácil verborrea sobre la libertad y la igualdad, guardará un secreto que no dirá a nadie: él no creerá en Dios. Y como su religión será la hermandad sin la paternidad de Dios, embaucará incluso a los elegidos.

 

»-Fundará una anti-Iglesia, que será una imitación de la Iglesia porque el demonio es el mono de Dios. Será el cuerpo místico del Anticristo, que en todo lo exterior se parecerá a la Iglesia como cuerpo místico de Cristo. En su búsqueda desesperada de Dios, inducirá al hombre moderno, en su soledad y frustración, a comprometerse cada vez más en su comunidad, que dará al hombre una visión más amplia de las cosas sin necesidad alguna de conversión personal y sin admitir la culpa individual. Son días en los que el demonio se le soltará particularmente la cuerda".

 

Pese a estos preocupantes signos, "los cristianos deben comprender que un momento de crisis no es un momento de desesperación, sino una oportunidad", y que tras la Crucifixión viene la Resurrección.

 

Para no figurar entre los engañados

 

Y proponía un plan de vida para estar preparados ante los engaños del Anticristo:

 

-Colgar un crucifijo en casa "para recordar que tenemos una cruz que llevar".

 

-Rezar cada noche el rosario en familia.

 

-Ir diariamentemisa.

 

-Hacer a diario la Hora Santa ante el Santísimo, "especialmente en parroquias cuyos párrocos son conscientes de las necesidades del mundo y llevan a cabo actos de reparación".

 

-Rezar a San Miguel Arcángel, recordándole que ya venció una vez el orgullo de Lucifer.

 

-Rezar a la Santísima Virgen, "porque le ha sido dado el poder de aplastar la cabeza de la serpiente".

 

-"Conservar el estado de gracia quienes tengan fe, y quienes no la tengan que empiecen a buscarla, porque en los tiempos que vienen solo habrá una forma de que las rodillas dejen de temblar, y será caer sobre ellas y rezar".

 

 

 

El Papa señala otro rasgo del espíritu del Anticristo: un espiritualismo sin obras de misericordia

ACIPRENSA

08-01-2016

 

 

Al retomar el jueves 8 de enero la Misa habitual que celebra en la capilla de la Casa Santa Marta donde reside, el Papa Francisco reflexionó sobre la necesidad que tiene cada persona de reconocer si su vida gira en torno al espíritu de Dios o del "otro, del anticristo".

 

En su homilía el Papa desatacó que "permanecer en Dios es un poco el alcance y el estilo de la vida cristiana" porque un cristiano "es el que permanece en Dios", el que "tiene en al Espíritu Santo y se deja guiar por Él".

 

Al mismo tiempo, el Apóstol Juan afirma que es necesario poner "a prueba a los espíritus, para comprender si provienen, verdaderamente, de Dios. Y esta es la regla cotidiana de vida que nos enseña Juan". "¿Pero qué quiere decir poner a prueba a los espíritus?". No se trata de "fantasmas". Sino de "probar", ver "qué sucede en mi corazón", cuál es la raíz "de lo que estoy sintiendo ahora, y de dónde viene". Esto es poner a prueba para saber si lo que "siento viene de Dios" o de otro, "del anticristo".

 

Según señala Radio Vaticano, el Papa dijo que la mundanidad es "el espíritu que nos aleja del Espíritu de Dios que es quien nos hace permanecer en el Señor". Por tanto ¿cuál es el criterio para "hacer un discernimiento correcto acerca de lo que sucede en mi alma?". San Juan da uno solo: "todo espíritu que reconoce a Jesucristo que vino en la carne, es de Dios, y todo espíritu que no reconoce a Jesús, no es de Dios".

 

"El criterio es la EncarnaciónYo puedo sentir tantas cosas dentro, incluso cosas buenas, ideas buenas. Pero si estas ideas buenas, estos sentimientos, no me conducen a Dios que se ha hecho carne, no me conducen al prójimo, al hermano, no son de Dios. Por esta razón, Juan comienza este pasaje de su Carta diciendo: 'Este es el mandamiento de Dios: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemosrecíprocamente'".

 

Francisco afirmó que podemos hacer "tantos planes pastorales" e imaginar nuevos "métodos para acercarnos a la gente", pero "si no seguimos el camino de Dios que vino en la carne, del Hijo de Dios que se ha hecho hombre para caminar con nosotros, no estamos en el camino del buen espíritu: es el anticristo, es la mundanidad, es el espíritu del mundo".

 

Cuánta gente encontramos en la vida que parece espiritual!: 'Pero, ¡qué persona espiritual, ésta!'; pero no hables de hacer obras de misericordia. ¿Por qué? Porque las obras de misericordia son precisamente lo concreto de nuestra confesión, que el Hijo de Dios se ha hecho carne: visitar a los enfermos, dar de comer a quien no tiene comida, cuidar a los descartadosObras de misericordia: ¿por qué? Porque cada hermano nuestro, que debemos amar, es carne de Cristo. Dios se ha hecho carne para identificarse con nosotros. Y con el que sufre, es Cristo quien lo sufre".

 

El Papa alentó luego a "no dar fe a todo espíritu y estar atentos poner a prueba a los espíritus para saber si provienen verdaderamente de Dios".

 

"El servicio al prójimo, al hermano, a la hermana que tiene necesidad", que "tiene necesidad incluso de un consejo, que tiene necesidad de ser escuchado", "estos son los signos de que vamos por el camino del buen espíritu, es decir, el camino del Verbo de Dios que se ha hecho carne".

 

Para concluir, el Pontífice exhortó a pedir "al Señor hoy la gracia de conocer bien qué cosa sucede en nuestro corazón, qué cosa nos gusta hacer, es decir, lo que a me toca más: si el espíritu de Dios, que me lleva al servicio de los demás, o el espíritu del mundo que gira en torno a mismo, a mis cerrazones, a mis egoísmos, a tantas otras cosasPidamos la gracia de conocer qué cosa sucede en nuestro corazón".

 

Maria Josefina Ramos es traductora pública de Inglés y periodista.

Su trayectoria periodística abarca el período 1970-1985, como analista política y cronista parlamentaria desde el Congreso Nacional para varias radioemisoras del interior del país y también para el vespertino La Razón.

En 1975, fue distinguida con una beca como periodista parlamentaria por la Asociación de Corresponsales de las Naciones Unidas para cubrir la XXXI Asamblea General de la ONU.

Es creadora y directora de Plataforma Cero.