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Año 11 | Número 137 JUN 2018

Misa solemne de Pentecostés 2018 en San Pedro del Vaticano
El Espíritu Santo cambia los corazones y cambia los acontecimientos, proclama el Papa en Pentecostés
REL
20-05-2018


El Espíritu Santo "ensancha los corazones estrechos", da a los conformistas "ímpetus de entrega", "libera los corazones cerrados por el miedo y vence las resistencias", cambia a las personas y al mundo. Ese fue el tema central de la homilía del Papa Francisco en este Domingo de Pentecostés, en la gran fiesta del Espíritu Santo.


En la Solemnidad de Pentecostés, celebrada en la Iglesia de San Pedro en el Vaticano, el Papa Francisco resaltó las cualidades que nos otorga el Espíritu Santo, concebido como "la fuerza divina que cambia el mundo", una fuerza que, como «un viento que sopla fuertemente», "cambia la realidad" y sobre todo, "cambia los corazones", expresó el Papa durante su homilía en la Santa Misa.


El Espíritu Santo cambia los corazones


El Papa Francisco, centrando su reflexión en el pasaje del libro de los Hechos de los Apóstoles, explica que los discípulos - que al principio estaban llenos de miedo, atrincherados con las puertas cerradas también después de la resurrección del Maestro - "son transformados por el Espíritu" y, como anuncia Jesús en el Evangelio de hoy, "dan testimonio de él". "De vacilantes pasan a ser valientes" - afirmó el Papa – "porque el Espíritu cambió sus corazones". Un pasaje que el Papa usó como ejemplo para explicar cómo el Espíritu Santo "entra en las situaciones y las transforma, cambia los corazones y cambia los acontecimientos".


Pero también es el "Espíritu" el que "libera los corazones cerrados por el miedo y vence las resistencias" continuó Francisco, de modo que - a quien se conforma con medias tintas – "le ofrece ímpetus de entrega". También "ensancha los corazones estrechos", "anima a servir a quien se apoltrona en la comodidad", "hace caminar al que se cree que ya ha llegado" y "hace soñar al que cae en tibieza". "La experiencia enseña que ningún esfuerzo terreno por cambiar las cosas satisface plenamente el corazón del hombre" afirmó, mientras que el cambio del Espíritu es diferente: "no revoluciona la vida a nuestro alrededor, pero cambia nuestro corazón; no nos libera de repente de los problemas, pero nos hace libres por dentro para afrontarlos; no nos da todo inmediatamente, sino que nos hace caminar con confianza, haciendo que no nos cansemos jamás de la vida".


El Espíritu Santo: fuerte "reconstituyente"


El Espíritu además, "mantiene joven el corazón", previniendo el único envejecimiento malsano: el interior. Y lo hace precisamente "renovando el corazón, transformándolo de pecador en perdonado". A veces necesitamos un cambio verdadero - dijo el Papa - sobre todo "cuando estamos hundidos, cuando estamos cansados por el peso de la vida, cuando nuestras debilidades nos oprimen, cuando avanzar es difícil y amar parece imposible". Y es en ese momento cuando el Espíritu actúa como un "fuerte "reconstituyente": "es él, la fuerza de Dios", expresó el Santo Padre, que "llega también a las situaciones más inimaginables".


El Espíritu Santo: alma de la Iglesia


Haciendo una comparación como cuando en una familia nace un niño, que trastorna los horarios, hace perder el sueño, pero lleva una alegría que renueva la vida y la impulsa hacia adelante, el Papa aseguró que es lo mismo que hace el Espíritu Santo en la Iglesia: Él, "la reanima de esperanza, la colma de alegría y le da brotes de vida", afirmó el Papa.


El Espíritu Santo: fuerza centrípeta y centrífuga


La fuerza del Espíritu Santo es única. Por una parte, es una fuerza centrípeta, es decir, "empuja hacia el centro, porque actúa en lo más profundo del corazón" indicó Francisco, de manera que "trae unidad en la fragmentariedad, paz en las aflicciones y fortaleza en las tentaciones".


Pero al mismo tiempo – señaló - "él es fuerza centrífuga", es decir, "empuja hacia el exterior": El que lleva al centro es el mismo que manda a la periferia, hacia toda periferia humana; aquel que nos revela a Dios nos empuja hacia los hermanos. Es sólo en el Espíritu Consolador cuando "decimos palabras de vida y alentamos realmente a los demás" - concluyó el Papa – pues, "quien vive según el Espíritu está en esta tensión espiritual: se encuentra orientado a la vez hacia Dios y hacia el mundo".


El cardenal de Seúl aprecia los avances en las dos Coreas: desea visitar a los cristianos del norte

REL
1-05-2018


El cardenal Andrew Yeom Soo-jung, arzobispo de Seúl, ha comentado en una entrevista los avances positivos de la cumbre entre Corea del Norte y Corea del Sur. Espera que se puedan reunir las familias que quedaron separadas por la ruptura del país (hoy son unas 57.000 personas de más de 70 años las que lo vivieron directamente) y que se mejoren otros aspectos humanitarios. También espera poder visitar algún día el norte y tratar con libertad a los cristianos del lugar, que llevan décadas bajo un régimen totalitario que reprime la religión. Para avanzar en todo ello pide empezar siempre con la oración. Lo ha declarado en el Catholic Pyeonghwa Broadcasting (CPBC). AsiaNews traduce la entrevista.


- Se llevaron a cabo varios acuerdos durante la cumbre inter-coreana. ¿Cuál fue el resultado más significativo de la Declaración de Panmunjom? - Creo que el resultado más significativo de la cumbre ha sido el diálogo entre Corea del Norte y Corea del Sur. Dialogar es el primer paso para establecer una comunidad de paz. En este sentido, el diálogo que se llevó a cabo durante la cumbre nos ha dado a todos una gran esperanza de llegar a la paz. - En la Declaración de Panmunjom hay acuerdos referidos a la asistencia humanitaria. ¿Qué piensa usted de esta parte? - Pienso que es extremamente importante hallar soluciones a los problemas humanitarios. En particular, elogio la decisión de organizar la reunión de las familias separadas, puesto que sería una oportunidad para curar las heridas de la separación. Había cerca de 130.000 familiares que fueron separados desde el inicio, pero en el camino son muchos los que fallecieron y actualmente sólo hay unas 57.000 personas con vida. Siendo que la mayoría de estas personas tienen entre 70 y 90 años de edad, lo que espero es que la reunión no sea la única ocasión, sino un acuerdo continuo entre Corea del Sur y Corea del Norte.


- Y, ¿en lo que respecta a las ayudas humanitarias brindadas al Norte?


- Las ayudas humanitarias son más que un simple llevar bienes esenciales; es encontrarse con las personas, compartir el amor y la esperanza, y estar unidos, como una sola cosa. La arquidiócesis de Seúl ha emprendido varios proyectos de apoyo al Norte. Tendremos que asumir nuestro máximo compromiso en el sentido de continuar brindando nuestro apoyo y nuestra puesta em común, tanto en términos de cantidad como en calidad. - Para establecer la paz en la península coreana, ¿cuáles son los preparativos que la Iglesia católica debiera poner en marcha? - Como siempre, tendríamos que comenzar con la oración. Durante 23 años, la arquidiócesis de Seúl celebró la Santa Misa todos los días martes, a las 19 horas, en la catedral Myeongdong, para rezar por la paz en la península coreana. También hemos lanzado un movimiento de oración llamado: "Recuerda a las parroquias del Norte", para conmemorar las 57 parroquias y los casi 5.200 católicos de Corea del Norte. A través de las oraciones, coloquemos a Dios en el centro de nuestras vidas. A través de las oraciones, nos convertimos en hermanos y hermanas. Pido a todos ustedes que continúen rezando por Corea del Norte, porque el Señor al final escuchará nuestras oraciones. - Siendo el administrador apostólico de Pyongyang, la hostilidad entre Corea del Norte y Corea del Sur debe haber sido dolorosa para usted. ¿Cómo ha vivido estos años? - El año pasado hemos celebrado el 90º aniversario de la diócesis de Pyongyang. Si bien soy el administrador apostólico de Pyongyang, jamás pude visitar esa ciudad. Rezo todos los días el Rosario y pido que la gracia de Dios sea concedida a la Iglesia norcoreana. Creo que el fuego del Espíritu Santo aún sigue encendido en Corea del Norte. Quizás, este arde incluso más fuertemente en semejantes situaciones de dificultad. También yo rezo ardientemente, para que un día pueda encontrarme con los católicos norcoreanos, hablar con ellos y celebrar juntos la misa. - Para usted, ¿qué significa paz? - La paz es un don de Dios. La paz se realiza a través del amor fraterno. La paz no es algo que se pueda vivir en soledad, sino algo que se ha de compartir. La paz de la península coreana se vuelve más significativa aún si tenemos en cuenta que podemos contribuir al bienestar y a la prosperidad de los países vecinos y del mundo. - En conclusión, y en lo que respecta a la paz en la península, ¿hay algo que quiera decir a los fieles católicos? - La cumbre es realmente muy importante, es el primer paso hacia una paz auténtica, pero aún tenemos un largo camino por recorrer, frente a nosotros. Si bien no debemos dejar que nos tome la desesperación, tampoco hay que caer en la complacencia. Pido a todos que unamos nuestros corazones y que continuemos rezando por la paz en nuestro país.

Maria Josefina Ramos es traductora pública de Inglés y periodista.

Su trayectoria periodística abarca el período 1970-1985, como analista política y cronista parlamentaria desde el Congreso Nacional para varias radioemisoras del interior del país y también para el vespertino La Razón.

En 1975, fue distinguida con una beca como periodista parlamentaria por la Asociación de Corresponsales de las Naciones Unidas para cubrir la XXXI Asamblea General de la ONU.

Es creadora y directora de Plataforma Cero.