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Año 11 | Número 142 NOV 2018

China, la historia juzgará
por Palabras para vivir el blog del Padre Santiago Martin
religionenlibertad.com
28 septiembre 2018


Durante el vuelo de regreso a Roma, terminada su visita a los Países Bálticos, Su Santidad el Papa contestó a la pregunta de un periodista sobre el reciente acuerdo firmado con China. El Pontífice dijo cuatro cosas interesantes. La primera, que el acuerdo era fruto de una larguísima y difícil negociación y que él era el máximo responsable de su firma, con lo que salía en defensa del cardenal Parolín, secretario de Estado, cuya dimisión había pedido el cardenal Zen, emérito de Hong Kong, precisamente por ese acuerdo. En segundo lugar, el Santo Padre insistió en que la última palabra sobre el nombramiento de los obispos la iba a tener él, y no el Gobierno chino; con eso daba a entender que ese Gobierno iba a tener la primera palabra, es decir que iba a presentar los candidatos al Episcopado. En tercer lugar, defendió el levantamiento de la excomunión a los ocho obispos nombrados por el Gobierno chino, uno de ellos ya fallecido; sobre dos de estos obispos circulan insistentemente rumores de que están casados y con hijos. Por último, dijo que el acuerdo no era tan novedoso como pudiera parecer y citó el caso del privilegio de presentación que tenían, entre otros, los reyes españoles.


Aunque el contenido de ese acuerdo, que es provisional, sigue sin conocerse, lo cual hace muy difícil valorarlo con objetividad, las palabras del Papa dan alguna pista sobre cuál puede su contenido. Al haber aludido al privilegio de presentación de la Monarquía española y haber insistido en que él, como Pontífice, tendría la última palabra en el nombramiento de obispos, cabe suponer que los candidatos van a ser seleccionados por el Gobierno chino y presentados al Sumo Pontífice para que ratifique esa elección.


El llamado "privilegio de presentación" o "derecho de presentación" de la Corona española y de otras en Europa, se inicia con los Reyes Católicos. A estos se les concedió que fueran ellos los que presentaran al Papa tres candidatos cuando una diócesis quedara vacante y el Vicario de Cristo elegiría de entre los tres el que considerara más oportuno. Los Reyes Católicos reclamaron este privilegio para colaborar en la purificación de la jerarquía católica, muy necesitada de ello, y evitar así que en sus Reinos penetrara el luteranismo, amparándose en las críticas a la Iglesia por la corrupción del clero. Después, en la América Hispana, esto se extendió a cualquier cargo eclesiástico, incluido el nombramiento de párrocos; el Real y Supremo Consejo de Indias presentaba una terna al obispo correspondiente para que eligiera el párroco o canónigo de la plaza que hubiera que cubrir. Este privilegio duró hasta la muerte del general Franco, en 1975 -con excepción de los años de la Segunda República- y los Acuerdos Iglesia-Estado de 1979 ya no lo recogen.


Mucho más gravoso fue para la Iglesia lo sucedido en Francia. En 1790, en plena marea revolucionaria, se aprobó la Constitución Civil del Clero. Los obispos y párrocos eran elegidos por el pueblo y debían jurar lealtad al Gobierno revolucionario. Los que no aceptaron, porque quisieron ser fieles al Papa, fueros perseguidos. Muchos murieron mártires y otros se refugiaron en el exilio. En 1801, poco después del golpe de Estado que llevó a Napoleón al poder, éste firmó un Concordato con el Papa Pío VII, por el cual el Pontífice aceptaba que fuera Napoleón el que nombrara a los obispos y el Papa se limitaba a darles la investidura canónica (en el caso de España era una terna, de la que el Papa elegía uno). Antes de tomar posesión, debían jurar lealtad al Gobierno. Se planteó entonces la cuestión de los obispos que ya existían: los que habían sido nombrados por los revolucionarios y los que no habían querido jurar la Constitución Civil del Clero (estos últimos eran 81). Napoleón y el Papa llegaron al acuerdo de que todos debían dimitir para nombrar obispos nuevos. Esto fue muy duro para los obispos que, por ser fieles a Roma, habían sido perseguidos. De hecho, 38 de ellos se negaron a aceptar su destitución y comenzaron un cisma, el de la "Petite Eglise", o "Pequeña Iglesia", que aún hoy subsiste.


Probablemente, el acuerdo firmado con Pekín se parecerá más al que Napoleón logró arrancar a Pío VII que el concedido a los Reyes Católicos y sus herederos. En todo caso, al no conocer su contenido, es muy difícil saber si han sido afrontadas todas las cuestiones. Por ejemplo, la creación de una Conferencia Episcopal, o la suerte que van a seguir los obispos que han permanecido fieles a Roma a pesar de la persecución, o incluso lo que va a pasar con las parroquias de la llamada "Iglesia clandestina". Sólo sabemos, porque lo ha dicho el Papa, que uno de los obispos fieles le ha escrito diciéndole que acepta el acuerdo, aunque el cardenal Zen había advertido que si se firmaba probablemente tendría lugar un cisma, como aquel que se produjo en Francia.


Un especialista en las relaciones entre el Vaticano y China, el profesor italiano Francesco Sisci, contestaba a las dudas que a muchos les genera este acuerdo, precisamente porque uno de los firmantes, el Gobierno chino, es dictatorial y no es de fiar, diciendo: "El que viva lo verá. Veremos. Si las cosas van mal, el Vaticano se retirará. Pero no está bien decir que es mejor no hacer nada por si acaso mañana llueve. Lo mejor es salir a la calle llevando el paraguas".

En todo caso, para China este acuerdo es ya un triunfo. En un momento como éste, en plena guerra comercial con Estados Unidos, representa un apoyo moral de gran importancia. Para la Iglesia es una oportunidad de zanjar un conflicto que se arrastra desde hace muchos años y recuperar algo de libertad para evangelizar. La historia juzgará si se acertó o no. Cabe la posibilidad de que los chinos, cuando ya no les interese el apoyo vaticano, endurezcan las condiciones del acuerdo o, simplemente, se retiren de él. Se habrá dado un paso en falso de graves consecuencias, porque será difícil convencer a los católicos chinos de que vuelvan a una clandestinidad que ellos consideran que no fue suficientemente apreciada. Pero el Papa ha decidido que hay que correr el riesgo y no hay que olvidar que él es el Papa. No estamos ante una cuestión doctrinal, sino de gobierno. Puede equivocarse, pero también puede acertar. La historia le juzgará. Pero, mientras tanto, hay que rezar por él, por el éxito de esta arriesgada operación y, sobre todo, por esos héroes, algunos de los cuales se sienten abandonados y corren el riesgo de dar un portazo a esa Iglesia a la que tanto han amado.



7 razones que ofrece Lucía, una de las pastorcillas de Fátima, para rezar el Rosario todos los días
Rel – Cari Filii
4-10-2018


Octubre es el mes del Rosario. El día 7 se celebra la festividad de Nuestra Señora del Rosario y este año además el Papa Francisco ha pedido a todos los católicos del mundo que recen a diario el Rosario y hagan una oración a San Miguel para que proteja a la Iglesia de las acechanzas del demonio. Pero, ¿por qué rezar el Rosario a diario? ¿Qué beneficios trae al que cada día se pone a los pies de María con esta oración? Sor Lucía Dos Santos, una de las tres videntes de Fátima dejó por escrito en un libro las respuestas a estas cuestiones. Esta Sierva de Dios a la que se le apareció la Virgen por primera vez en 1917 explicó en Llamadas del Mensaje de Fátima que la Madre de Dios invitó a rezar el Rosario desde que se apareció a estos pastorcillos en la primera ocasión. "Reza el Rosario todos los días, para obtener la paz para el mundo y el final de la guerra", alentó la Virgen en su mensaje inicial.

Estos son las 7 razones que sor Lucía da para rezar a diario el Rosario que recoge National Catholic Register y traduce Aciprensa:


Se adapta a las posibilidades de cada uno

Sor Lucía dice que Dios es un Padre que "se adapta a las necesidades y posibilidades de sus hijos", porque "si Dios, por medio de Nuestra Señora, nos hubiera pedido que fuéramos a la Misa y recibiéramos la Sagrada Comunión todos los días, sin duda habrían muchísimas personas que dijeran, con toda razón, que eso no era posible".

Sin embargo, la Sierva de Dios precisó que "rezar el Rosario es algo que todos pueden hacer, ricos y pobres, sabios e ignorantes, grandes y pequeños", en cualquier lugar, en común o en privado y en diferentes momentos.


Nos pone en un contacto familiar con Dios
Sor Lucía indica que esta oración sirve "para ponernos en contacto con Dios, agradecerle por sus beneficios y pedir las gracias que necesitamos".

"Es la oración que nos pone en contacto familiar con Dios, como el hijo que acude a su padre para agradecerle por los regalos que ha recibido, para hablar con él sobre preocupaciones especiales, para recibir su guía, su ayuda, su apoyo y su bendición", añadió.


Es la oración más agradable para recitar después de la Misa
Sor Lucía afirma que después de la Santa Misa, rezar el Rosario –teniendo en cuenta su origen, las oraciones que contiene y los misterios que se meditan–, "es la oración más agradable que podemos ofrecer a Dios y la más ventajosa para nuestras propias almas".

"Si ese no fuera el caso, Nuestra Señora no lo habría pedido con tanta insistencia", sostuvo.

Las cuentas del Rosario ayudan a cumplir nuestros ofrecimientos diarios Sor Lucía responde cualquier inquietud sobre el número de oraciones en el Rosario, aclarando que "necesitamos contar, para tener una idea clara y vívida de lo que estamos haciendo, y para saber positivamente si hemos completado o no lo que habíamos planeado ofrecer a Dios cada día, para preservar y mejorar nuestra relación de intimidad con Dios y, por este medio, preservar y mejorar en nosotros mismos nuestra fe, esperanza y caridad".


Ayuda a recibir mejor la Eucaristía
En su libro, la vidente de Fátima asegura que se puede considerar el rezo del Rosario como "una forma de prepararse para participar mejor en la Eucaristía, o como acción de gracias" después de haber recibido el Cuerpo de Cristo.

Ella agrega que, si bien se pueden usar muchas oraciones excelentes para prepararse para recibir a Jesús en la Eucaristía y preservar nuestra relación íntima con Dios, no cree que haya "una más apropiada para la gente en general que la oración de los cinco o quince misterios del Rosario".


Preserva las virtudes teologales

"Dios y Nuestra Señora saben mejor que nadie lo que es más apropiado para nosotros y lo que más necesitamos. Además, el Rosario será un medio poderoso para ayudarnos a preservar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad", sostiene Sor Lucía.


Evita caer en el materialismo

La hermana Lucía va directamente al grano y asegura que "aquellos que dejan de decir el Rosario y no van a la Misa diaria, no tienen nada que los sustente, y terminan por perderse en el materialismo de la vida terrenal". Publicado originariamente en Cari Filii News
Maria Josefina Ramos es traductora pública de Inglés y periodista.

Su trayectoria periodística abarca el período 1970-1985, como analista política y cronista parlamentaria desde el Congreso Nacional para varias radioemisoras del interior del país y también para el vespertino La Razón.

En 1975, fue distinguida con una beca como periodista parlamentaria por la Asociación de Corresponsales de las Naciones Unidas para cubrir la XXXI Asamblea General de la ONU.

Es creadora y directora de Plataforma Cero.