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Publicación Mensual
Año 12 | Número 157 FEB 2020

La caricatura del Papa Ratzinger lastra la película
El obispo Barron sentencia «Los dos Papas» de Netflix sugiriendo cuatro «flashback» sobre Benedicto
Rel
05-01-2020


El fabulado encuentro entre un decadente Benedicto XVI (Anthony Hopkins) y un emergente cardenal Jorge Mario Bergoglio (Jonathan Pryce) constituye la base argumental de Los dos Papas. Pero la idea, legítima licencia artística que podría haber servido para un interesante estudio de personajes, hace aguas, a tenor de algunas voces autorizadas. La película de Netflix dirigida por Antonio Meiralles ha sido criticada, entre otros, por el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, y por el escritor converso irlandés John Waters, a quienes se une el obispo auxiliar de Los Ángeles, Robert Barron, en un post de su muy seguido blog Word on Fire: El único Papa

La nueva y publicitada película de Netflix Los dos Papas debería titularse, por derecho propio, El único Papa, porque presenta un retrato bastante matizado, contextualizado y comprensivo de Jorge Mario Bergoglio (el Papa Francisco) y una absoluta caricatura de Joseph Ratzinger (el Papa Benedicto XVI). Este desequilibrio lastra letalmente la película, cuya intención parece ser mostrar cómo ese viejo Benedicto, gruñón y legalista, encuentra su rumbo espiritual gracias a los buenos oficios del simpático Francisco que mira hacia adelante. Pero, en última instancia, semejante planteamiento perjudica a ambas figuras y convierte lo que podría haber sido un estudio de personajes enormemente interesante en una predecible y tediosa apología de la versión del catolicismo que le gusta al director. Que estamos ante una caricatura de Ratzinger queda claro cuando, en los primeros minutos del film, se nos presenta al cardenal bávaro maquinando ambiciosamente para asegurarse su elección como Papa en 2005. En al menos tres ocasiones, el cardenal Ratzinger real solicitó a Juan Pablo II que le permitiese retirarse de su puesto como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe para emprender una vida de estudio y oración. Si continuó, fue solo porque Juan Pablo II rechazó tajantemente sus peticiones. Y en 2005, al morir Juan Pablo II, incluso los adversarios ideológicos de Ratzinger asumían que el cardenal de 78 años solo quería regresar a Baviera y escribir su Cristología. El perfil de conspirador ambicioso se ajusta, por supuesto, a la caricatura del eclesiástico "conservador", pero no tiene absolutamente nada que ver con el Joseph Ratzinger de carne y hueso.

Asimismo, en la escena que presenta un imaginario encuentro entre el Papa Benedicto y el cardenal Bergoglio en los jardines de Castel Gandolfo, el anciano Papa arremete airadamente contra su colega argentino, criticando acerbamente la teología del cardenal. Una vez más, incluso los detractores de Joseph Ratzinger admiten que el "rottweiler de Dios" es en realidad alguien invariablemente atento, sosegado y amable en sus relaciones con los demás. La imagen del ideólogo exasperado constituye, una vez más, una caricatura conveniente, pero que ni se aproxima al Ratzinger real. Pero la más grave desfiguración tiene lugar hacia el final de la película, cuando un desmoralizado Benedicto, resuelto a renunciar al papado, admite que había dejado de escuchar la voz de Dios ¡y ha empezado a oírla de nuevo gracias a su reciente amistad con el cardenal Bergoglio! Créanme que en lo que voy a decir no hay ni un ápice de falta de respeto al Papa Francisco real, pero que uno de los católicos más inteligentes y más espiritualmente vivaces de los últimos cien años necesite la intervención del cardenal Bergoglio para escuchar la voz de Dios va más allá de lo absurdo. De principio a fin de su carrera, Ratzinger/Benedicto ha producido una de las teologías espiritualmente más luminosas en el seno de la gran tradición. Que, en torno a 2012, estaba cansado y físicamente enfermo y que se sintió incapaz de gobernar la gran maquinaria de la Iglesia católica… sí, por supuesto. Pero que estaba espiritualmente perdido… ¡de ninguna manera! Una vez más, algunos en la izquierda pueden fantasear con que los "conservadores" ocultan su bancarrota espiritual tras una capa de normas y autoritarismo, pero hay que apretar mucho para encajar a Joseph Ratzinger en semejante hermenéutica. Las mejores partes del film son los flashbacks a etapas anteriores de la vida de Jorge Bergoglio, que arrojan una luz considerable sobre la evolución psicológica y espiritual del futuro Papa. La escena que presenta su intenso encuentro con un confesor que muere de cáncer es particularmente emotiva, y su actitud intransigente en su relación con dos sacerdotes jesuitas bajo su autoridad durante la llamada "guerra sucia" [contra el terrorismo] en Argentina explica en buena medida su compromiso con los pobres y con una forma de vida sencilla. En mi humilde opinión, la película habría mejorado infinitamente con un tratamiento similar sobre Joseph Ratzinger. Si al menos hubiéramos tenido un flashback del joven de 16 años procedente de una familia ferozmente anti-nazi, forzado a hacer el servicio militar en las fechas terminales del Tercer Reich, comprenderíamos a la perfección las profundas suspicacias de Ratzinger hacia las utopías laicistas y totalitarias y los cultos a la personalidad. Si al menos hubiéramos tenido un flashback del joven sacerdote peritus del cardenal Josef Frings, líder de la facción progresista en el Vaticano II, y deseoso de pasar página del conservadurismo preconciliar, habríamos comprendido que él no fue un ingenuo guardián del status quo. Si al menos hubiéramos tenido un flashback del profesor de Tubinga, escandalizado ante un extremismo postconciliar que estaba tirando a su hijo teológico por el desagüe, podríamos haber comprendido su reticencia hacia los programas que pretenden el cambio por el cambio. Si al menos hubiéramos tenido un flashback del prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe redactando un matizado documento, a la vez cuidadosamente crítico y profundamente elogioso de la Teología de la Liberación, podríamos haber comprendido que el Papa Benedicto no era en modo alguno indiferente a la situación de los pobres.

Comprendo que un abordaje similar habría dado lugar a una película mucho más larga, pero ¿qué importa? ¡Qué caramba!, estuve dispuesto a pasar sentado las tres horas y media tediosas de El irlandés. Habría sido feliz viendo cuatro horas de una película que fuese tan honesta y penetrante con Joseph Ratzinger como lo fue con Jorge Mario Bergoglio. No solo habría supuesto un fascinante estudio psicológico, sino también una mirada iluminadora a dos perspectivas eclesiales distintas pero profundamente complementarias. En cambio, tenemos poco más que un cómic. Traducción de Carmelo López-Arias.


«Una manipulación absoluta», sentencia el obispo de San Sebastián Munilla, sobre «Los dos Papas» de Netflix: una película «al servicio de la herejía de nuestros días»
REL
29-12-2019

"Lo bueno de esta película es que es un petardo y me parece imposible que tenga éxito entre el gran público. Sus diálogos son bastante insufribles... y eso es una buena noticia": el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, no pudo ser más claro al enjuiciar Los dos Papas, de Antonio Meirelles, la primera de las dos producciones de Netflix en esta Navidad directamente orientadas a incomodar u ofender a los cristianos ("engañosa y peligrosa", la califica John Waters). La otra es La primera tentación de Cristo, que presenta a Jesús como un homosexual activo. Así que monseñor Munilla propone directamente a los usuarios de Netflix que busquen un mejor destino para esa cuota: "¡Qué buena aportación sería para Caritas, para Manos Unidas, para Ayuda a la Iglesia Necesitada, para Radio María, destinar nuestros recursos allí donde se evangeliza y no allí donde nos mundanizamos y asumimos todos los criterios de mundanizacion!" El prelado donostiarra fue invitado tras la Navidad por unos amigos a ver Los dos Papas en su casa, y el viernes compartió su crítica en el programa Sexto Continente de Radio María. El comentario de monseñor Munilla puede escucharse entre los minutos 2:00 y 16:00. Los dos Papas es una fabulación sobre un hipotético encuentro (que nunca tuvo lugar) entre Benedicto XVI y el cardenal arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, quien le presenta la renuncia por edad. El Papa Ratzinger está ya pensando renunciar al pontificado, quiere que el jesuita argentino sea su sucesor, y le somete a una especie de examen sobre su ortodoxia. Netflix quiso rodar el film en escenarios reales, pero la Santa Sede ni siquiera respondió a la propuesta. "La película es muy injusta con respecto a la imagen que pretende dar de los dos Papas", dice monseñor Munilla: "Sería perfecta para estudiar cómo ha acontecido desde el primer momento la manipulación de dos papados. No le falta un tópico de manipulación". Los encuentros entre el Papa y su sucesor no tienen más finalidad que hacer "que nos caiga simpático Jorge Mario Bergoglio y que se genere en nosotros una antipatía hacia todo lo que el Papa Benedicto XVI ha representado": una figura "rara, ensimismada, sin empatía, incapaz de dialogar con el mundo", mientras que Bergoglio es "todo lo contrario". No se ahorra ningún tipo de "ridiculización" del Papa Ratzinger. En la escena en la que se confiesa con el futuro Papa Francisco, se le considera implícitamente encubridor de los casos de abuso de Marcial Maciel, cuando es un hecho que "la primera medida que tomó al llegar al pontificado fue contra él". Se insinúa incluso que su intención de abandonar la sede de Pedro es "una crisis de fe" en la cual "no escucha a Dios". Asi, el alemán representa "la fidelidad al dogma, la verdad, la fe, un encerrarse en un castillo para defender una verdad teórica y desencarnada de la vida", mientras el argentino "entiende que la Iglesia tiene que abrirse al mundo y asumir sus postulados" y considerar solo importante "el grito de los desheredados". La manipulación, explica Don José Ignacio, tiene una finalidad: está "al servicio de la herejía de nuestros días", a saber, "la contraposición entre la verdad y la caridad, que se presenta de una manera recurrente". Pero "esa contraposición entre verdad y caridad es una manipulación absoluta", subraya Munilla, pues "la verdad y la caridad son una sola cosa en Cristo".

La Iglesia que evangeliza y la que se mundaniza .Por eso, Los dos Papas "es la película perfecta, no para conocer a los Papas, todo lo contrario, sino para conocer la manipulación recurrente a la que la cultura dominante somete ambos papados". Y es además "un flaquísimo favor" el que hace al supuesto beneficiado, Francisco, pues "aunque pretende hacerle simpático", le presenta como "alguien que acoge sin discernimiento el espíritu del mundo, asumiendo todos los postulados de la secularización, como si no tuviese nada que decir ante el relativismo de este mundo". Munilla desacredita la película por someterse al "pensamiento dominante que pretende juzgar la vida de la Iglesia proyectando en ella los esquemas de este mundo: conservadores, progresistas, derechas, izquierdas..." Pero esos son parámetros "ajenos y extraños al ser y a la vida de la Iglesia". "Sí que hay dos Iglesias", matiza el obispo, "pero no serían la conservadora o la progresista, la de derechas o la de izquierdas, sino una Iglesia que evangeliza y una Iglesia que se mundaniza. Ese es el riesgo que tenemos. O evangelizamos o nos mundanizamos". El objetivo de Los dos Papas, en la línea de la "gran manipulación del pensamiento y de la sensibilidad que está aconteciendo", es pues "hacernos asumir una herejía, el antagonismo entre verdad y caridad: una contraposición absurda y un dualismo inexistente en el Evangelio". "Por si no os lo había dicho, no me ha gustado", ironiza Munilla al concluir.
Maria Josefina Ramos es traductora pública de Inglés y periodista.

Su trayectoria periodística abarca el período 1970-1985, como analista política y cronista parlamentaria desde el Congreso Nacional para varias radioemisoras del interior del país y también para el vespertino La Razón.

En 1975, fue distinguida con una beca como periodista parlamentaria por la Asociación de Corresponsales de las Naciones Unidas para cubrir la XXXI Asamblea General de la ONU.

Es creadora y directora de Plataforma Cero.