Plataforma Cero
Publicación Mensual
Año 15 | Número 179 MAY 2018
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Maria Josefina Ramos es traductora pública de Inglés y periodista.

Su trayectoria periodística abarca el período 1970-1985, como analista política y cronista parlamentaria desde el Congreso Nacional para varias radioemisoras del interior del país y también para el vespertino La Razón.

En 1975, fue distinguida con una beca como periodista parlamentaria por la Asociación de Corresponsales de las Naciones Unidas para cubrir la XXXI Asamblea General de la ONU.

Es creadora y directora de Plataforma Cero.


El riesgo de que la lucha anticorrupción afecte la gobernabilidad
Sergio Berensztein para La Nación
13-04-2018


Luego de largas décadas de encendida retórica integracionista, los países de América Latina carecen aún de mecanismos mínimos de coordinación en áreas vitales de política pública, no solo en materia comercial, financiera, fiscal, de defensa e infraestructura. Venezuela se desangra en la peor crisis humanitaria no generada por un desastre natural de las últimas décadas, frente a la impotencia y la inacción de sus vecinos, que seguramente consensuarán durante la Cumbre de las Américas que empieza hoy, en Lima, una declaración de condena tan dura como irrelevante al régimen de Maduro, ausente con aviso, ya que fue específicamente excluido del evento por sus reiteradas violaciones de los derechos humanos.

Una sensación de frustración similar podría surgir cuando evaluemos los resultados concretos de esta nueva reunión de mandatarios regionales, dedicada nada menos que a la "gobernabilidad democrática frente a la corrupción".

En primer lugar, porque la propia formulación ignora un hecho histórico tan doloroso como real: como ocurrió con muchos países europeos que fueron espejo de nuestras transiciones a la democracia, como Italia o España, la corrupción constituyó, lejos de un obstáculo para su consolidación, uno de los mecanismos de cooperación más potentes, en el sentido de modificar prácticas arraigadas dentro de las respectivas elites nacionales (políticas, económicas y sociales). No es el único motivo que explica el "éxito" de estas transiciones: los manejos presupuestarios también promovieron fuertes estímulos para formar parte del nuevo juego democrático. Por eso el gasto público tendió a incrementarse en prácticamente todos los casos.

Sin embargo, el uso político de la corrupción implicó una innovación que discontinuó décadas de inestabilidad institucional y reversiones autoritarias. De este modo, fue posible desandar las lógicas de confrontación intensa, el divisionismo, la polarización y la interrupción de la continuidad institucional con golpes militares. En vez de desplazarse del poder con la intervención de actores "ajenos" al sistema, las elites políticas comenzaron a alternarse y compartir el poder con las mieles aparejadas, tanto formales (vía presupuestaria) como informales (vía la corrupción).

Primera conclusión: la corrupción no es un fenómeno exógeno a la gobernabilidad democrática, tal como fue históricamente concebida en las últimas décadas de desarrollo político latinoamericano. Por el contrario, es endógena, inherente, parte integrante del arsenal de recursos que hizo posible que nuestras elites se convencieran de que les convenía jugar, individual y colectivamente, el nuevo juego de la competencia electoral y las reglas constitucionales, sistemáticamente ignoradas hasta hace tres décadas y media.

En segundo lugar, y como consecuencia de lo anterior, los participantes de la cumbre de Lima en general carecen de la reputación, las credenciales y la autoridad moral para formular propuestas creíbles y sustantivas, más allá de cierto voluntarismo o de impulsos personales para revertir la inercia de tantas décadas de desidia y descontrol. Casi todos los mandatarios participantes están sospechados de corrupción o acumulan denuncias en ese sentido, incluyendo a los que tuvieron trayectorias diferentes a los políticos tradicionales, como Horacio Cartés, Mauricio Macri o Sebastián Piñera, que vienen del sector privado y utilizaron el fútbol como trampolín para la arena pública.

Es que ambos ámbitos, el empresarial y el deportivo, no fueron ajenos al fenómeno de la corrupción. Alimentaron ese círculo vicioso que explica al menos parcialmente la rápida "democratización" de las burguesías nacionales: también ellas habían apostado sistemáticamente a las aventuras militaristas autoritarias y obtenido pingües ventajas. Lo siguieron haciendo en el contexto de los nuevos regímenes democráticos, que generalmente mantuvieron el capitalismo de amigos y las transferencia de rentas y cuasi rentas incluso a empresas transnacionales. Pronto descubrieron que las recuperadas democracias podían brindar los mismos privilegios. Incluso muchos más. La mayoría de los gobiernos militares, con la parcial excepción de la dictadura de Pinochet, demostraron ser bastante inoperantes en términos económicos, en especial para establecer entornos macroeconómicos estables y un clima de negocios previsible.

Es cierto que en algunos casos los proyectos autoritarios desarrollistas beneficiaron a las clases empresariales locales en materia financiera y de proteccionismo. Brasil y la edad de oro del PRI en México, previo al default de 1982, son dos ejemplos. Pero los desaguisados macroeconómicos los distanciaron de las elites económicas a las que habían favorecido y de las que habían obtenido apoyo en un contexto tan discrecional como poco transparente.

Sorprendieron entonces los nuevos demócratas con su flexibilidad para abrazar, particularmente en la década del 90, el nuevo credo promercado. Así, la agenda de reformas económicas sirvió también como excusa para limitar la influencia de las viejas elites autoritarias. Ese fue sobre todo el caso de la Argentina, que prácticamente desmanteló sus Fuerzas Armadas (como pone de manifiesto la tragedia del ARA San Juan).

Segunda conclusión: los vínculos público-privados no fueron ajenos a las prácticas corruptas, sino que constituyeron un componente fundamental. Esto ocurrió tanto bajo gobiernos autoritarios como en las experiencias democráticas que tuvieron lugar en las últimas décadas. ¿Cómo se rompen inercias y comportamientos tan arraigados? ¿Cómo se modifican prácticas y (dis) valores que han permeado en amplios espacios institucionales e influido en las decisiones de los principales protagonistas de la vida política nacional? Interrogantes cruciales sin respuestas sencillas.

En especial, a la luz del avance de las investigaciones judiciales en Brasil: si miramos a nuestro vecino en el espejo de Italia, el colapso de un régimen político estructurado en torno a la corrupción (como lo demostraron el Mani Pulite y el Lava Jato), lejos de contribuir a la gobernabilidad democrática, puede derivar en un ciclo de inestabilidad estructural y de oportunidades para que las fuerzas extrasistémicas (populistas, autoritarias, claramente antidemocráticas) vuelvan a prevalecer.


Cambiemos necesita un service
Jorge Fernández Díaz
22-04-2018


Presiente Alejandro Katz que se está abriendo en la Argentina una saludable discusión ya no sobre el pasado, sino sobre los trazos finos del próximo gobierno de Cambiemos. Esa intuición se basa en que solo un cisne negro sacará al peronismo de su postración fragmentaria, y que los socios de la coalición gobernante se hacen oír entonces de manera estentórea. Sin mayorías parlamentarias pero también sin las viejas sombras amenazantes, Cambiemos ejerce una centralidad en la política que le permite jugar a ser oficialismo y oposición al mismo tiempo, algo que solo conseguía el movimiento de Perón en sus años de apogeo. Todo este espectáculo consolida la idea (cierta o falsa) de que el kirchnerismo ya no regresará al poder y de que el justicialismo carece de un líder competitivo. Pero por paradoja, esos alivios no resultan fértiles para el oficialismo, al que siempre le fue mejor con la imagen de debilidad que con la de fortaleza, y que muchas veces fue perdonado precisamente por el miedo a ese retorno, tanto por sus votantes como por sus aliados. Los primeros, en consecuencia, están siendo menos pacientes con la economía y más críticos con los pecados de la ética, y los segundos no quieren ser convidados de piedra en el diseño general.

Una escena de diciembre en la residencia de Olivos, frente a los diputados radicales recién llegados al Congreso, resulta hoy premonitoria. Mario Negri tomó allí la palabra y le dijo a su anfitrión: "Señor Presidente, usted sabe mucho de autos. Nosotros manejamos un prototipo que tiene cuatro años de garantía. Ya hemos cubierto la mitad del camino y nos fue bien. Ahora nos toca hacer un service". Pero el macrismo se siente genéticamente dueño del coche, y está demasiado concentrado en avanzar sobre los ripios.

La coalición, por desidia o por egoísmo, nunca entró en el taller y siguió rodando. Y los radicales, salvo con algunos temas puntuales, se fueron enterando de muchas iniciativas por los medios de comunicación. Ocurrió, por ejemplo, con la despenalización del aborto y la nueva agenda de género. Tampoco son víctimas inocentes: a veces se quejan sin aportar propuestas, y ceden a la demagogia para no decepcionar a su clientela y para contener en el partido a los dirigentes más incómodos; también para no dejarse aventajar por Elisa Carrió, que pesca en esa misma laguna con mediomundo. Lilita no quiere perder su capital simbólico, su inmensa grey de clase media ni el sidecar que inventó para los disidentes de Macri que andan a los gritos pelados, pero que en el fondo no desean romper con el único gobierno no peronista que puede terminar su mandato después de tantas décadas de hegemonía y decadencia.

Los gerentes no han sabido gerenciar la alianza, sus socios amplificaron las críticas ante los micrófonos y hasta el peronismo "racional" -naturalmente acuerdista-, se vio obligado a endurecer posiciones: no es la primera vez que ese sector tira la bronca en Balcarce 50 porque ellos condescienden en medidas antipáticas y los aliados de Macri se indisciplinan en nombre de la "sensibilidad social". La escalada absurda de esta semana provocó que los dos o tres peronismos, que se odian a muerte, no tuvieran más remedio que sacarse una foto juntos, algo que hizo tragar saliva a los muchachos del Excel; no se puede dar una batalla con la retaguardia insegura y es de esperar que en la situación desesperanzada en la que se encuentran los tiburones del General busquen limar todo lo posible al adversario.

En la intimidad, casi todos los opositores saben que la dolorosa normalización de las tarifas es necesaria, pero para tener futuro en las urnas, necesitan que el sacrificio de los usuarios le salga al Gobierno lo más caro posible. Se llama oportunismo, y es uno de los recursos más antiguos del hombre.

Deben regular sin embargo la máquina, no sea que les resulte un búmeran: quienes quebraron el Estado y destruyeron el sistema energético -muchos de ellos reconocidos piantavotos y espantapájaros de cartel- marchaban el jueves con velas en las manos. No solo desprestigiaron No solo desprestigiaron el reclamo genuino, sino que presentaron una alegoría tragicómica: los adoradores y adoratrices de Venezuela que nos conducían al apagón total empuñaban velas para recordarnos involuntariamente el adminículo con el que andaríamos todas las noches si su régimen se hubiese perpetuado. Jack el Destripador marcha en protesta contra los desaprensivos cirujanos blandiendo escalpelos filosos.Una cierta autocomplacencia florece, no obstante, entre los principales dirigentes oficialistas.

Para algunos, Carrió y los radicales salvaron la ropa en el último momento; para otros, todo se trató de una picardía genial y a lo sumo de un error de cálculo y de una desavenencia pasajera. Deberían acudir juntos a una terapeuta de familia, porque una cosa es debatir -como propicia Katz- y otra es protagonizar un bochorno de conventillo y de escalones enjabonados. Los principales dardos contra el programa antiinflacionario, las más insidiosas sospechas sobre la falta de transparencia y las más efectivas confirmaciones de que este es un gobierno insensible lleno de pitucos partieron alegremente de las trincheras amigas durante estos días ardorosos. Esas confesiones de parte abren la temporada de tiro. Pronunciadas a viva voz habilitan a sindicalistas, piqueteros y pirañas de diverso paladar a usar esas citas para legitimarse y para ponerle la proa al proyecto de la Casa Rosada. Que resulta la principal responsable de esta insólita situación, tanto como lo es el marido negador en un latente conflicto de pareja.Uno de los capítulos más reveladores de toda esta comedia de enredos lo constituye el pedido de juicio político a Ricardo Lorenzetti.

En la mesa chica del poder, donde Lilita tiene nuevos amigos y defensores a ultranza, ella anunció que pisaría el acelerador: "No les pido que me apoyen, no me pidan que me baje". El Presidente salió a despegarse de esa embestida, y el nuevo líder de la UCR, directamente a censurar la maniobra de su socia. Más allá de los notables aciertos y logros que acredita Carrió en la defensa republicana y en la clarividente lucha contra la corrupción, y más allá incluso de la opinión que cualquiera tenga sobre Lorenzetti, lo cierto es que estamos hablando de destituir al presidente de la Corte Suprema de Justicia. Un asunto muy serio en cualquier país y en cualquier circunstancia, y decididamente grave en una fuerza institucionalista que procura la seguridad jurídica para generar un nuevo pacto de convivencia entre los argentinos y para que vengan inversiones del exterior. El modo de realizar semejante faena implicaría, en principio, un acuerdo interno completo, luego una búsqueda de consenso con las distintas oposiciones y finalmente una campaña de esclarecimiento en la Argentina y en el mundo.

El mismísimo Néstor Kirchner, para cambiar algunos miembros de la Corte, debió instrumentar una escalada de explicaciones en Estados Unidos y Europa: en esos comienzos todavía buscaba dar señales de previsibilidad. Aquí y ahora, no se sabe a ciencia cierta qué pretende esta coalición, ni por qué camina en círculos y a la bartola, manoseando frívolamente un asunto de extremo cuidado. Una discusión para el hipotético segundo mandato de Cambiemos podría incluir este rubro: cómo acabar con teatralidades mesiánicas sin practicar mesianismos; cómo desplazar nuestra cultura de republiqueta de cuarta, sin caer en esoterismos propios ni en políticas bananeras.




"Me alegra no ser parte de la pelea entre Carrió y Lorenzetti"
Por I. Fidanza (Lima, enviado especial)
LPO participó de una charla exclusiva con el presidente.
14-04-2018



Se lo ve tranquilo, pero concentrado. Siempre acompañado por su vocero Iván Pavlovsky y el asesor internacional Fulvio Pompeo, el presidente Macri accedió a hablar con algunos medios argentinos -entre ellos LPO-, en la combi que lo llevó directo desde el Centro de Convenciones de Lima hasta el aeropuerto, para regresar a Buenos Aires.

La cumbre no tuvo grandes momentos, pero le sirvió a Macri para traerse en el bolsillo la invitación del canadiense Trudeau a Quebec para que se sume a la próxima cumbre del G7, uno de los clubes más exclusivos del mundo.

¿Qué balance hace de esta cumbre?

Para lo que buscábamos, que es la lucha contra la corrupción, ha sido un éxito. No hay duda que la suma de corrupción, populismo y narcotráfico genera pobreza e inequidades. Si queremos desarrollar nuestros países hay que dar batalla a las tres cosas.

Ahora tenemos herramientas nuevas, las tecnologías que permiten generar gobiernos abiertos, que la gente sepa en que gastamos el dinero. Nosotros lo aplicamos con éxito en la Argentina y por eso en dos años bajamos 21 posiciones en el ranking mundial de corrupción. Lo otro es la justicia independiente, dentro de los cambios culturales estamos buscando que el corrompe y el que se corrompe, vayan a la cárcel.

Justamente, ayer se encarceló al ex gobernador Fellner y los gobernadores peronistas se quejaron. Hoy fue liberado ¿Qué evaluación hace de esa situación?

Acabo de leer la noticia y el juez se ampara en que hubo un conflicto con los fiscales.

Insisto, la justicia es un poder independiente y yo no puedo andar interviniendo. Me sorprende que algunos de los que reclaman una mejora institucional, te piden una intervención del Poder Ejecutivo en temas que no le corresponden. Me sorprende que algunos de los que reclaman una mejora institucional, te piden una intervención del Poder Ejecutivo en temas que no le corresponden (en relación a la detención del ex gobernador Eduardo Fellner). Démosle a la justicia de Jujuy el tiempo para que termine esta investigación. Lo importante es que si Fellner fue responsable sea condenado como cualquier ciudadano y si es inocente que sea absuelto. En el medio, la sensibilidad de privar la libertad a alguien porque puede estar entorpeciendo la investigación o hay riesgo de fuga, es algo que queda a criterio del juez. Es algo muy delicado. Nosotros, tenemos que velar porque en estos temas tengamos decisiones de fondo en un tiempo razonable. Por eso la reforma del Código Procesal Penal es tan importante. Porque hoy tenemos tantas apelaciones, que los temas van a Casación, vuelven a la Cámara, van a la Corte Suprema, no se termina nunca. Por eso tenemos casos que recién 15 o 20 años después está la condena definitiva.

¿Qué piensa de la pelea entre Carrió y Lorenzetti?

Es entre ellos y me alegro que no me hayan invitado.

¿Cómo evalúa los reclamos del radicalismo de mayor participación en las decisiones del gobierno?

Me alegra que tengan vocación de participar y creo que tienen una altísima participación, tienen los presidentes de ambos bloques, varios ministros, varios secretarios. Creo que somos un equipo que funciona y tenemos un diálogo permanente. Eso es Cambiemos y en eso creemos.

El amigo Piñera. Macri se mostró entusiasmado con la próxima visita a la Argentina de su amigo el presidente de Chile, Sebastián Piñera, con quien conversó en esta cumbre. "Piñera viene con una agenda de muchas cosas para avanzar en una integración real. Va a ser histórico el acuerdo de integración que vamos a firmar", anticipó.

¿Cómo siguen las negociaciones con Estados Unidos por los aranceles al acero?

Ayer tuvo una muy buena reunión el ministro Cabrera con Ross y estamos tratando de acordar una cuota que no perjudique las exportaciones de Argentina, hay buena predisposición por parte de ellos.
v En el documento final de la Cumbre no hubo una mención a Venezuela...

Nunca estuvo previsto que Venezuela sea parte del documento final que iba a estar dedicado a corrupción. Pero el Grupo Lima vamos a sacar una declaración en la que dejaremos claro que no vamos a reconocer la elección convocada por Maduro.

¿Sirve la experiencia del Grupo Lima?

Absolutamente, le ha dado claridad al tema y ha servido para que muchos países salgan de la ambigüedad. Por suerte esto que empecé a plantear como jefe de Gobierno, en las épocas de Chávez, que no era un régimen democrático y no se respetaban los derechos humanos, hoy es casi unánime.

Evo Morales no comparte esa mirada...

Por supuesto, no coincide. Con Evo hablamos de otras cosas. Nos llevamos bien y cuando venga a mitad de año a la Argentina vamos a ir a jugar al fútbol. Pero ya le aclaré que no va a ser como la última vez que vino con un equipo de todos jóvenes y nos mataron a pelotazos (risas). Pero la verdad es que con Evo estamos bien, acaba de comprar tres centros de tecnología nuclear del Invap y estamos cerrando el nuevo contrato de compra de gas, para comprar más en el invierno que en el verano.

¿Se habló de China?
No, pero siempre esta dando vuelta, hay una cierta competencia por la manera agresiva, en sentido positivo, que China se acerca a América. Esto siempre genera inquietud de Canadá y Estados Unidos, pero bienvenido.

El secretario Wilbur Ross pidió en esta cumbre que América Latina comercie más con Estados Unidos y menos con China.

Nosotros estamos en la inserción inteligente en el mundo y creemos que el aumento de comercio, como se verificó en los países de la OCDE donde queremos estar, significó crecimiento para esos países, reducción de pobreza y aumento del empleo. Estamos más que abiertos, dialogando con todos, encontrando que podemos vender y que podemos comprar.

¿La ausencia de Trump le quitó brillo a la cumbre?

Siempre el presidente de Estados Unidos es una atracción, pero el vicepresidente Pence vino con un mandato claro de respaldar la lucha contra la corrupción y fortalecer los lazos con todos.


De Vido, querido, el pueblo está contigo
Carlos M. Reymundo Roberts para La Nacion
21-04-2018


Acaso no haya mayor genialidad política que presentar la continuidad como un cambio. Miguel Díaz-Canel, también llamado Miguel No Castro, asumió la presidencia de Cuba y sus primeras palabras fueron que seguirá en marcha la revolución; alivio en los mercados globales. En el PJ, el nombramiento de Julio Bárbaro y de Carlos Campolongo como laderos de Luis Barrionuevo completa la broma de la jueza Chuchi Servini al intervenir el partido y garantiza homogeneidad etaria: los cuatro jinetes de la renovación tienen más de 70 años. Y al suavizar la forma de pago del ajuste tarifario, el Gobierno mostró su mejor perfil peronista: el sablazo sigue siendo un sablazo, pero ahora parece más amable. A veces, el gradualismo es populismo por otros medios.

Ojo, que no se me interprete mal: había que hacerlo. Nunca estuve de acuerdo con que nos regalaran la electricidad, el gas y el transporte. Los Kirchner no querían que gastáramos en eso para que pudiéramos cambiar el televisor, comprar el último celular y poner aire acondicionado hasta en los baños. El boom del consumo, tan simpático, estaba basado en un monumental déficit fiscal, que exacerbó la inflación, y en la destrucción del aparato energético, por falta de inversiones. Además, claro, del gigantesco esquema de corrupción que iba atado a la política de subsidios para todos. Lo esencial es invisible al votante, pensaba el principito Julio De Vido: que la gente crea que está viviendo bien. Parecía que consumíamos y en realidad nos estábamos consumiendo.

Ayer, una nota de Jorge Liotti en LA NACION contaba que en Montevideo el consumo promedio mensual de gas entre junio y agosto es de 62 m3, contra 109 m3 en Buenos Aires, que tiene el mismo clima. La explicación no es que allá toman el mate más caliente, lo cual les templa el espíritu, sino que acá la tarifa es 134% inferior. Nunca estaremos lo suficientemente agradecidos con don Julio por habernos enseñado a dilapidar el gas y la electricidad. Mientras el mundo va hacia el ahorro de energía, él nos llevaba por el camino contrario. Ahora pasará su primer invierno en prisión. Bien calentito.

Por lo tanto, vuelvo a incinerarme: apoyo la suba de tarifas. Suba gradual, para que progresivamente volvamos al mundo real, en el que las cosas no son gratis. Una suba que además castiga a los sectores medios y no a los más bajos, alcanzados por la tarifa social. Por supuesto, el Gobierno nunca explicó bien esto (por ejemplo, que a tarifas más baratas, más cortes), como no explicó tantas otras cosas. Snif: pasamos de las cadenas nacionales a la cadena del silencio.

Eso sí, con gen más peronista que neoliberal concentró el peor tramo del ajuste en un año en el que no se vota. De ser presidente, el entrañable José Luis Espert bajaría los sueldos en la administración pública y echaría empleados incluso el día antes de las elecciones. "Logré reducir el déficit", serían sus últimas palabras, antes de volver al llano perseguido por hordas populares.

Otra cosa que hicieron los CEO del Gobierno fue administrar con mano pícaramente aviesa el rechazo al ajuste. A los enemigos, ni justicia: le negaron a la oposición -kirchnerista, en primer lugar- el debate en el Congreso. Lógico: era como discutir con la Morsa la lucha contra el narcotráfico. Y a la oposición interna al tarifazo, que es enorme, la recibieron en la Casa Rosada y le tiraron tres pancitos, cosa de que no se fueran con el estómago vacío. Alfredo Cornejo, gobernador de Mendoza, jefe de los radicales y otro picarón importante, tomó esas migajas y las presentó como un banquete. Por estas horas, Lilita, la otra abanderada del reclamo, debe de estar en su casa de fin de semana en Exaltación de la Cruz enfundada en su larga bata blanca y disfrutando el nuevo éxito. Después de toda una vida haciendo oposición, ser oficialista no le sale muy bien. Para el Gobierno, sus berrinches también son funcionales: es más fácil lidiar con ella que con Moyano, Massa o Hebe. Cuando se pone muy densa, Juliana la invita a tomar el té a Olivos.

El lunes, en la cena de Cippec, que si sigue creciendo va a terminar en River, era interesante escuchar a los indignados de Cambiemos, tipos con altos cargos en el Congreso e incluso en el Gobierno. "Con estas medidas vamos a perder a la clase media y vamos directo al ballottage, y ahí te quiero ver", protestaban, agoreros. Es curioso comprobar que el "círculo rojo", ese que siempre subestima a Macri, incluye a connotados macristas.

Anteayer, muchísima gente se sumó a la Marcha de las Velas contra el tarifazo, impulsada por el kirchnerismo, el moyanismo (si es que eso existe) y agrupaciones de izquierda. Todo fue excelente: la organización, la idea de pegarle al Gobierno en un flanco débil, la multitud que se reunió y el orden que tuvo. Además, le dio continuidad al "ruidazo" de la noche anterior. Lo único flojo fue el nombre. A mí me hablan de velas y lo primero que me viene a la cabeza son las que teníamos que comprar por decenas cuando el populismo hotelero nos sometía a interminables cortes. Yo hubiese convocado bajo otras consignas: "No al ajuste del FMI", "Tarifa social para todos y todas" o "De Vido, querido, el pueblo está contigo".

Que el último kirchnerista inocente apague la luz.


La sombra de Duhalde y la historia peronista, tras el fallo de Servini
Claudio Jacquelin para LaNación
12-04-2018


Son coetáneas y siguen manteniendo un protagonismo y una centralidad a la edad en que la mayoría de sus contemporáneos lleva más de tres lustros jubilados. Así como en la mesa de Mirtha Legrand transcurre buena parte de la vida pública y farandulesca de la Argentina, en el escritorio de María Romilda Servini de Cubría se dirime, se negocia y se resuelve mucho de la vida de los partidos políticos. Pero, sobre todo, de la tumultuosa existencia del justicialismo.

Para entender la decisión de la decana de los jueces federales de intervenir el Partido Justicialista y nombrar al frente al ultrapolémico Luis Barrionuevo, que alguna vez estuvo involucrado en una quema de urnas, entre otras exhibiciones de fe democrática, no hay que perder de vista nada de todo esto. Para Servini, como para Mirtha, el protagonismo es un motor vital que a veces también se alimenta del escándalo.

Su inclinación por ser parte de los entuertos de la causa peronista es antigua. "Una época muy linda fue cuando se peleaban Menem y Duhalde y yo tenía que terciar", le dijo Servini a Diego Sehinkman hace casi cuatro años en una entrevista para LA NACIÓN cuando se le pidió que eligiera un momento de su larga vida como jueza electoral.

En la misma entrevista admite sin pudor que gracias a ella en 2003 el peronismo pudo llevar tres candidatos presidenciales, a pesar de la vigencia de la ley que obligaba a las internas abiertas, y que así Néstor Kirchner pudiera llegar a ser Presidente. Anotación nada al margen: Kirchner era el candidato de Duhalde, que entonces comandaba el país y el PJ.

Los antecedentes dan verosimilitud a la sospecha de varios prominentes peronistas no kirchneristas ni barrionuevistas que ven la sombra de Duhalde detrás de la decisión de entronizar a Barrionuevo. También con ellos hay una cuestión de coetaneidad.

Duhalde y Barrionuevo están hoy muy lejos de ser los pesos pesados que fueron en la política nacional, también puertas adentro del peronismo. No obstante, el expresidente hace meses que vienen postulándose para unir al peronismo y Barrionuevo no se retira. Sólo un fallo como el del martes pudo ponerlos a ambos a participar de una liga de la que hace años descendieron. Ahora, ellos, al igual que Servini, recuperan el protagonismo que nunca quieren perder.

Como corresponde, ayer Duhalde criticó públicamente la intervención. En épocas del real time le llevó 24 horas hacerlo.

El kirchnerismo y el filokirchnerismo , en cambio, prefieren buscar rastros macristas en las manos de la magistrada y aunque no puedan mostrar el resultado de ninguna pericia, tienen a su favor viejos vínculos que unen al titular de Boca y amigo presidencial, Daniel Angelici, con la jueza. Aducen, además, el beneficio que le reportaría al oficialismo exponer y potenciar la división peronista y resucitar sus caras menos presentables. ¿Hará falta? En política no suelen rechazarse los regalos y es cierto, también, que, como diría Fito Páez de Rosario, Duhalde siempre estuvo cerca.

La resolución de la intervención puede ir para largo y Servini volvería a tener su "momento muy lindo" para "terciar".

En medio de tanta suspicacia, la historia es pródiga en ejemplos de que el peronismo no necesitó nunca del Partido Justicialista para participar (y ganar) muchas elecciones. Pero la victimización siempre paga. Si no cómo podría explicarse que los deudos más dolientes del PJ sean hoy los kirchneristas, cuando todavía no pasó un año del momento en que su jefa decidió deshacerse del sello partidario con tal de no dejar competir en una PASO a quienes se atrevieron a desafiarla.

Sólo evidencias de que la falla geológica del peronismo sigue provocando sismos y está lejos de soldarse. Remake de un viejo western en el que antes las disputas se dirimían a tiros y hoy se tramitan en despachos de tribunales. Todo un progreso. No para la Justicia.