Plataforma Cero
Publicación Mensual
Año 15 | Número 185 NOV 2018
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Maria Josefina Ramos es traductora pública de Inglés y periodista.

Su trayectoria periodística abarca el período 1970-1985, como analista política y cronista parlamentaria desde el Congreso Nacional para varias radioemisoras del interior del país y también para el vespertino La Razón.

En 1975, fue distinguida con una beca como periodista parlamentaria por la Asociación de Corresponsales de las Naciones Unidas para cubrir la XXXI Asamblea General de la ONU.

Es creadora y directora de Plataforma Cero.


La lapidación del Congreso como última estrategia parlamentaria
Siete días de política. Con la aprobación del presupuesto Macri consiguió encarrilar institucionalmente el ajuste. La violencia "K" y la alianza de Moyano y los obispos lo favorecieron en su peor momento.
Escrito por Sergio Crivelli para La Prensa
28-10-2018


Si Mauricio Macri comete errores no forzados, la oposición no se queda atrás. Más aún, lo supera. Hasta la semana pasada no había podido aprovechar el revés político que significa para el gobierno la megadevaluación, pero en los últimos días se superó y terminó demostrando que carece de rumbo, estrategia y conducción racional. Es como King Kong: algunos simpatizan con el gigantesco mono por razones sentimentales, pero la mayoría le teme por su capacidad de destrucción. Esto último quedó a la vista con la brutal maniobra para frenar la aprobación del presupuesto 2019 en la Cámara de Diputados el miércoles. La operación consistió en coordinar el lanzamiento de piedras en las adyacencias del Congreso con un escándalo en el recinto para que se levantara la sesión por la "salvaje represión policial contra el pueblo", etcétera, etcétera, etcétera. Era la misma fallida maniobra del año anterior para frenar la reforma previsional, pero se frustró con mayor rapidez en esta oportunidad, porque la policía estaba prevenida y dispersó a los tirapiedras de manera expeditiva y sin otras víctimas que unos bancos de piedra rotos a martillazos para ser usados como munición. Hubo algunos detenidos liberados en cuestión de horas.


Como los activistas que trataban de clausurar el debate parlamentario vía lapidación no alcanzaron su propósito, algunos diputados kirchneristas salieron a la calle a provocar a la policía, pero les faltó práctica por lo que tuvieron que volver a sus bancas y continuar con la sesión. Se acostumbraron muy pronto al poder y carecen de gimnasia callejera. La degradación institucional que supone todo esto fue asumida con toda naturalidad por el PJ y los medios. ¿Cómo consiguió Macri aprobar el presupuesto? Con lo que les falta a los camporistas: fondos y rosca. Alineó a la mayoría de los gobernadores del PJ a fuerza de dinero, ese alineamiento se trasladó al recinto y la aprobación quedó garantizada. Derrotó al kirchnerismo, al massismo, a los peronistas sin techo y a la izquierda por 35 votos. Una diferencia aplastante en un momento de supuesta debilidad del gobierno de CEOS que no entiende nada de política, según los que terminaron derrotados y la mayoría de los periodistas tenidos por expertos en materia de lógica del poder.


La evolución de los índices macro que supone el proyecto parece una cuestión secundaria porque cualquier pronóstico que exceda las 48 horas es ciencia ficción para la economía doméstica. Hay, sin embargo, señales de un rumbo claro para salir de la volatilidad. El ajuste fiscal será superior a los 450 mil millones de pesos. Aproximadamente dos tercios corresponden a recortes del gasto y un tercio a mayor presión impositiva. La que tendrá que abrir la billetera es la clase media, soporte electoral del macrismo. El año próximo a la hora de las urnas se verá si el cálculo fue acertado. Un dato relevante es que la reducción del gasto y las concesiones hechas a los gobernadores peronistas tuvieron como contrapartida una reducción de los fondos extra para la provincia de Buenos Aires, lo que generó preocupación en María Eugenia Vidal. La gobernadora tendrá menos obras, pero obtuvo un notorio refuerzo de subsidios para los sectores más pobres, clientela histórica del peronismo. 24 horas después de la sanción de Diputados y sin esperar la del Senado que se considera poco menos que un trámite, el directorio Ejecutivo del FMI aprobó el acuerdo "stand by" por más de 56 mil millones de dólares y prometió liberar 5.700 millones en la semana que comienza. La decisión debería alejar el fantasma del "default" y tener un impacto positivo en la tregua cambiaria que se puso en marcha hace un mes con la restricción monetaria dispuesta por el Banco Central.


Pero no sólo la oposición kirchnerista tropezó con la tenaz resistencia de un gobierno al que proclama muerto. En los últimos días trascendió la existencia de fuerte disenso en la Iglesia por la alianza de un sector de los obispos con el sindicalismo peronista en general y Hugo Moyano en particular. Para que papa Bergoglio saliera lo más indemne posible las críticas fueron enderezadas contra Lugones, Radrizzani y Ojea, pero no se trata de una cuestión de nombres sino de maniobras chapuceras de una conducción ideológicamente anquilosada, impermeable a los cambios de época y que por el actual camino va a obtener el resultado opuesto al que busca: la reelección de Mauricio Macri. En suma, una conducción que hace las delicias de Jaime Durán Barba.


¿Puede gobernar gente así?
Cuesta imaginar que el kirchnerismo aspire realmente a gobernar a partir de diciembre de 2019 apostando ahora a que el Congreso no sesione, o que en su carrera electoral el único futuro que proponga al país sea el pasado.
Escrito por Jorge Fontevecchia para Perfil
28-10-2018


"Nosotros nos ponemos delante de los camiones hidrantes y de las motos porque defendemos al pueblo que representamos, y si lo tenemos que hacer con el cuerpo, lo vamos a hacer con el cuerpo", dijo el diputado kirchnerista Andrés Larroque, en la madrugada del viernes, al votarse la ley de Presupuesto, reivindicando haberse trepado a un camión de las fuerzas de seguridad para impedir que avanzara, y a las que antes ya había enfrentado corriendo sus vallas. ¿Comprenderá Larroque que por ser diputado es parte del Estado de derecho y no puede usar su investidura para desafiar al monopolio del uso de la fuerza de propio Estado? ¿O simplemente aprovecha sus fueros como legislador para hacer lo que si otras personas hicieran serían detenidas? Electoralmente, el único futuro que propone el kirchnerismo es el pasado Muchos diputados kirchneristas, dentro y fuera del recinto, también dieron demostraciones de una falta de responsabilidad institucional, solo que en el caso de Larroque se hace más grave aún porque fue subsecretario para la Reforma Institucional y Fortalecimiento de la Democracia en el gobierno anterior. Pero Larroque es solo un significante más del desvarío que fue desarrollando el kirchnerismo en el poder, que se hizo más evidente para toda la sociedad al perderlo, al punto que, a pesar de la crisis económica y la incapacidad de Macri para resolverla, 70% de los argentinos rechaza a la ex presidenta.


Cuesta imaginar que el kirchnerismo aspire realmente a gobernar a partir de diciembre de 2019 apostando ahora a que el Congreso no sesione o que en su carrera electoral el único futuro que proponga al país sea el pasado. Una categoría política que ha sobrevivido al tiempo, mejor que la de derecha e izquierda, es la de partidos del poder: que se sienten cómodos en el Poder Ejecutivo Nacional, y partidos de la oposición: que se sienten más cómodos no ejerciendo el máximo poder. Siempre se sostuvo que tanto el radicalismo como Carrió estuvieron más cómodos siendo opositores y, al revés, el peronismo, más cómodo gobernando la nación. El PRO comparte con el peronismo esa característica, lo que hace que se perciba más cerca de Macri a gobernadores peronistas como Schiaretti, Urtubey, Uñak o Bordet que a varios de sus propios aliados partidarios en Cambiemos. Y el kirchnerismo, que nunca fue muy razonable, se fue contagiando del desequilibrio de Cristina Kirchner al punto de haber dejado –quizá– de ser un partido del poder para pasar a ocupar el papel de partido de oposición, en un contexto sudamericano donde la corriente de época giró mayoritaria a la centroderecha. Ya fue evidente que en 2015 no hizo esfuerzos para continuar en el poder porque a Daniel Scioli nunca lo apoyó convencidamente, mientras apostó a tener con Aníbal Fernández en la provincia de Buenos Aires una fortaleza donde resistir sin la responsabilidad de conducir la economía nacional. Especulación que también es válida para 2019 si la verdadera aspiración fuera ser la oposición más votada, aumentando la cantidad de sus dirigentes con fueros parlamentarios, y acomodarse en la queja.


Es difícil imaginar a Cristina Kirchner volviendo a presidir la Argentina el año próximo sin que el país atraviese un colapso económico entre que fuera electa y asumiera, como sucedió con el triunfo electoral de Menem mientras Alfonsín todavía era presidente en la transición. Pero no solo la economía sufriría un shock financiero inicial, sino que además no habría condiciones para un plan reparador posterior aplicando medidas distribucionistas. Tampoco la Justicia ni el sistema de medios privados estarían en la situación que se encontró Néstor Kirchner en 2003 de "sumisión colaborativa", y en un nuevo ciclo kirchnerista sería esperable un conflicto permanente de poderes junto a una crisis política sostenida. Demasiados inconvenientes que permiten suponer que el deseo de volver a gobernar la nación pueda ser como en las neurosis explícitas, donde lo que se desea no se quiere. Hay síntomas patológicos en el pensamiento kirchnerista. El más evidente es la negación de la tan probada corrupción. Otro es creer que todos son de su naturaleza y, por ejemplo, acercarse a PERFIL en busca de apoyo a Cristina en el juicio que le instruye Bonadio creyendo que, como a Macri le va mal, las críticas al gobierno actual necesariamente implican una aprobación del gobierno anterior. Como el teorema de Baglini, cuanto más lejos del poder, mayor irresponsabilidad Pero el síntoma más indicativo es que Cristina Kirchner no es la líder de la oposición. Ella no estuvo conduciendo el rechazo al Presupuesto, y que sus diputados actuaran defectuosamente como pudieron exhibe esa falta de guía. A ella le gustaría ser la reina de la oposición pero no hacer el esfuerzo de ser quien la gobierne. Quizá lo mismo le pasó siendo presidenta. (Fuente www.perfil.com).


El cristinismo, al borde de la insurrección
Escrito por Joaquín Morales Solá para La Nacion
28-10-2018


Fue un escenario del bárbaro Far West. Varios grupos de manifestantes violentos detuvieron los colectivos que transitaban por el metrobús de la avenida 9 de Julio. Les tiraron piedras, destrozaron los vidrios de las ventanas y obligaron a los pasajeros a tirarse al piso, amontonados. Fue el miércoles de furia. Un día antes, representantes de los movimientos y partidos que participaron de la manifestación se comprometieron ante el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta a una protesta pacífica. Rodríguez Larreta les creyó, ingenuo. O los líderes de la rebelión le mienten o ellos no controlan a sus seguidores. Nadie va a una manifestación pacífica con bombas molotov, miguelitos, armas tumberas y morteros caseros. Algunos colectivos de depredadores llevaban una inscripción del Ministerio de Desarrollo Social. Eran inscripciones de la época de Cristina Kirchner , que las usan ahora para eludir los controles policiales.


La violencia del kirchnerismo no solo estuvo en el recinto de Diputados, que inauguró con la nueva camada de legisladores cristinista un tiempo de motines dentro de la Cámara. Legisladores que se mueven no solo con las palabras, legítimas por muy duras que sean, sino también con la acción prepotente. Afuera, espoleaban los desmanes grupos muy violentos de ATE y de Ctera, sindicatos ligados a la expresidenta. También se movió con particular brutalidad el grupo Los Octubres, de filiación igualmente cristinista. La deriva violenta del cristinismo coloca a esa franja política en una posición predemocrática, al borde mismo de la insurrección contra las instituciones de la Constitución. Fue patético ver en la televisión los discursos de los diputados cristinistas (y los de la izquierda trotskista) cuando pedían levantar la sesión porque afuera se estaba "reprimiendo al pueblo", mientras las imágenes del exterior mostraban a encapuchados que agredían ferozmente a las fuerzas de seguridad. Iban a perder. Lo sabían. Querían postergar la sesión solo para asestarle a Macri una derrota política. El directorio del Fondo Monetario se reuniría dos días después para aprobar el acuerdo con el gobierno argentino. ¿Lo habría aprobado si la violencia hubiera postergado la media sanción del presupuesto ? Es probable que también el Fondo postergara su aprobación del acuerdo. Ese era el fracaso de Macri que el cristinismo imaginó en la desesperación de su derrota.

El gobierno de la ciudad tuvo a su cargo el control de la calle fuera del Congreso. Detrás de las vallas que protegían el edificio estaban tropas de la Policía Federal y de la Prefectura. A pocas cuadras, en Once, esperaba un batallón de la Gendarmería con tropas y elementos tecnológicos para dispersar manifestaciones. El interior del Congreso nunca estuvo en riesgo, a pesar de que la intención de los revoltosos era ingresar al recinto. En el recinto prevaleció la prudencia y la paciencia del presidente del cuerpo, Emilio Monzó, que no se dejó amedrentar por algunos diputados cristinistas convertidos en barrabravas. El kirchnerismo es una minoría en el Congreso, pero tal vez sea necesario imaginar un dispositivo para proteger al presidente del cuerpo. Eso nunca se proyectó porque al recinto solo pueden ingresar los diputados cuando la Cámara está sesionando. Pero ahora hay diputados de Cristina y de la izquierda para quienes la convivencia democrática es solo un vicio burgués. Las transgresiones de la izquierda se explican más porque siempre estuvo representada por grupos marginales del poder. El kirchnerismo se pavoneó doce años en el gobierno federal. Tiene otra dimensión política. Hay algunos que ni siquiera sorprenden. Moreau es Moreau desde los tiempos de Alfonsín. Llegó a poner en boca del expresidente radical, en el momento de su agonía, palabras que beneficiaban a Moreau. Ni la muerte inminente de su líder frenó su ambición. Más extraño resulta el papel que cumplió el miércoles Felipe Solá, el primer dirigente de uno de los partidos históricos en aliarse con Macri, en 2009. Solá se plegó al pedido de postergar la sesión. Él era otra cosa, a pesar del zigzag permanente de su vida política.


El riesgo en las horas de mayor tensión consistía en saber qué haría el peronismo racional. ¿Se asustaría ante el vendaval de violencia y se sumaría a la postergación de la sesión? ¿O llegaría a la conclusión de que ese era el momento de distanciarse de Cristina Kirchner? Eligió esta última alternativa. El presupuesto resultó aprobado con nueve votos más que los que necesitaba: 138 votos a favor en un cuerpo en el que la coalición gobernante tiene solo 106 diputados. Aportaron casi todos los gobernadores no kirchneristas. Hasta el tucumano Juan Manzur apoyó ordenando la abstención de sus diputados, que es una manera de ayudar sin que se note. Es cierto: los gobernadores peronistas negociaron con la administración de Macri. Hay que reconocer, entonces, que macristas y peronistas acuerdan más de lo que parece. Y no aparece lo que pasa porque están ausentes la escenografía y la liturgia de los grandes acuerdos. El único problema común a todo el peronismo es lo que llaman el "control de la calle". Si hay un paro de la CGT , los movimientos sociales salen un día antes para protestar mejor que la central obrera. Si hay una protesta del cristinismo, la CGT hace una manifestación previa (o conjunta). Es un método viejo que ya no dice ni produce nada. Las manifestaciones en el mundo, que existen, se hacen para protestar por derechos colectivos que cruzan las adscripciones partidarias. Es el caso de las manifestaciones del movimiento #MeToo para denunciar las agresiones sexuales a las mujeres.


¿Qué hacían en esas marchas del miércoles las organizaciones sociales? El gasto social completo significa el 73 por ciento del presupuesto. Hay pagos, como jubilaciones o la Asignación Universal por Hijo, que aumentan junto con la inflación, según la ley. Ningún plan de ayuda social se eliminó del presupuesto. ¿Acaso protestaban por el aumento de las retenciones a los productores agropecuarios? Gran parte del déficit cero del presupuesto se logró aumentando los ingresos más que eliminando los egresos, aunque en este último rubro, el de los egresos, la más perjudicada fue la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal. Ella y la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, son las que tienen el termómetro más preciso de lo que sucede en el desdichado conurbano bonaerense. Stanley recorre todas las semanas, sin custodia y sin periodistas, tres barrios muy pobres del conurbano. Nunca la escracharon, nunca la insultaron. La gente pobre no está bien -qué duda cabe-, pero la cadena de contención social está funcionando. Stanley prefiere hablar con organizaciones independientes; con los evangélicos y con instituciones de la Iglesia, como Cáritas o las parroquias, que distribuyen comida entre argentinos necesitados. Habla también con las organizaciones sociales, pero confía cada vez menos en ellas. "La extorsión de 'o me das planes o salgo a la calle' ya no les rinde", señalan al lado de la ministra.


¿Es hora, como dice el senador Miguel Pichetto, de que la Plaza del Congreso sea cerrada cuando se tratan proyectos importantes? Es hora, concluyó el oficialismo después de dos monumentales experiencias de devastación. El debate sobre el derecho a la protesta concluye cuando se advierte que la protesta es solo un pretexto para la destrucción y el boicot al Congreso. La orden la dio la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. El Congreso será aislado en adelante. El Congreso es solo uno de los teatros posibles de la insurrección, aunque falta que el Senado, siempre más moderado, apruebe el presupuesto. El Gobierno prevé que podría haber hechos de violencia importantes durante la reunión de los líderes del G-20, que se hará en Buenos Aires los primeros días de diciembre. Y siempre está la preocupación que supone diciembre. Un mes de fiestas en el mundo. Una pesadilla de pronósticos sombríos en la Argentina. Es siempre la acción o el presagio de una minoría. Las minorías son, de todos modos, las que convierten la historia en tragedia. (www.lanacion.com.ar)


El caos como método
Escrito por Carlos Pagni para La Nacion
25-10-2018


El ritual legislativo está en presencia de un nuevo procedimiento. Es el que se activa cuando no se consiguieron los votos para rechazar una ley. Ni los diputados necesarios para impedir el quorum. En esa instancia, se apela a un recurso parainstitucional. En el prospecto se lee: convocar manifestantes a la Plaza del Congreso y forzar la intervención de la policía con algún disturbio. Luego, trasladar el alboroto al recinto de Diputados para, con la alarma por posibilidad de que haya un muerto, interrumpir la sesión. El kirchnerismo ayer practicó ese método por segunda vez. Fue una mueca de la coreografía que desplegó diez meses atrás, cuando se discutía la fórmula de actualización jubilatoria.


Además del ceremonial, se reiteraron los actores. Leopoldo Moreau ocupó de nuevo el centro de la escena. Desde el lunes, su cuenta de Twitter emitió el mensaje "Todos juntos. En el Parlamento y en la calle para frenar el ajuste". Ayer volvió a encarnar el papel del provocador profesional, capaz de desencajar a algún líder oficialista. En diciembre lo hizo frente a Emilio Monzó, el presidente de la Cámara. Esta vez, frente a Nicolás Massot, el jefe de la bancada del Pro. Un milagro lo de Cristina Kirchner con Moreau. Consiguió desatar en la ancianidad pasiones que Raúl Alfonsín no supo inspirar en la juventud. Fue magia. Esa metamorfosis es la única novedad en el paisaje. Lo demás es, como querían los griegos, el eterno retorno de lo mismo. Como si la política se moviera en un tiempo que no es crecimiento ni progreso. Sólo repetición. Manía. El ceremonial inaugurado en diciembre exhibió ayer una versión más reducida. En la plaza aparecieron unos 300, llamémosle así, militantes, coordinados desde temprano a través de handies. Algunos pequeños grupos intentaron mezclarse con la concurrencia de organizaciones sociales. En varios casos los dirigentes de esas organizaciones alertaron a las autoridades sobre la aparición de caras extrañas. Esa "comisión de labor parlamentaria" reclutada en el bajo fondo, contó con la colaboración de varios diputados kirchneristas que frenaron con vallas a los hidrantes de la policía. Veintiseis revoltosos quedaron detenidos. Se les incautaron bombas molotov y algunas facas. El Same no reportó ningún herido. Mientras una parte de la bancada que sigue a la señora de Kirchner se u nía a los disturbios, otra parte exigía en el palacio que se interrumpiera la sesión.


En esa batahola de salón, tan poco espontánea como la que se libraba al aire libre, volvió a cobrar protagonismo el "Marciano" Moreau. El año pasado se había acercado al estrado de Monzó para, a fuerza de decirle "hijo de puta", sacarlo de quicio. Esta vez se aproximó a la banca de Massot para amenazarlo con hablar de la presunta inconducta de algún familiar durante la dictadura. Massot, que nació en 1984, lo invitó a pelear afuera. Después aclaró: "Yo puedo negociar el presupuesto. No el honor de mi familia". El recurso de imputar a una persona el comportamiento, real o supuesto, de sus mayores, además de fascistoide, es inconveniente en el caso de Moreau. Sus hijas, que actúan en política, no merecen ser descalificadas porque él, siendo periodista del diario La Opinión, siguió prestando servicios allí a partir del 25 de mayo de 1977, cuando el general Teófilo Goyret intervino el periódico y expulsó a buena parte de sus compañeros de trabajo. El dueño de La Opinión, Jacobo Timerman, padre de Héctor, hoy correligionario-compañero de Moreau, había sido secuestrado el 15 de abril de ese año. ¿Qué tienen que ver las hijas de Moreau con estos antecedentes? Los acontecimientos de ayer son coherentes con una concepción del ejercicio del poder. Mientras estuvo en el gobierno, el kirchnerismo fue una mayoría prepotente frente a los derechos de las minorías. Iba por todo. En la oposición, es una minoría que intenta impedir la voluntad de la mayoría. Ejerce un extravagante parlamentarismo de facto, fundado en la violencia callejera. La feligresía más recalcitrante de la ex presidenta agradece ese bloqueo. Jaime Durán Barba, también.

Si se aleja el zoom y se amplía la observación de la secuencia, el tiempo sigue pareciendo circular. Al día siguiente de los incidentes que rodearon la reforma previsional del año pasado, el episcopado católico emitió un comunicado defendiendo que no existen dos caminos, el diálogo o la violencia, para socorrer a los más frágiles. Sólo sirve el diálogo. La jerarquía eclesiástica se había sumado a la campaña contra la modificación de la ecuación jubilatoria. El presidente de la Comisión de Pastoral Social, Jorge Lugones, había reprochado al Gobierno cometer una injusticia. Apeló a un argumento incomprensible: "Si pedimos créditos afuera para que baje la inflación, entonces no aumentarán los sueldos de los jubilados". Seguro hubo un error de traducción. Con la plaza destrozada, la Iglesia tomó distancia del tumulto cuanto antes.

El nuevo conflicto encuentra a los obispos otra vez embanderados. El de Luján, Agustín Radrizzani, debió aclarar el sentido de la misa que celebró el sábado a pedido de sindicatos del PJ más intransigente. La consigna de esos feligreses, que no se apruebe "el presupuesto del Fondo Monetario", fue acompañada por Radrizzani con sutileza episcopal: "Nuestro pueblo debe construir su propio destino, sin injerencias ni tutelajes". Radrizzani emitió el lunes un inusual comunicado explicativo de su homilía. El presidente de la Conferencia Episcopal, Oscar Ojea, ya había defendido su sermón. En ambos precisaron, como en diciembre, que sólo defendían el diálogo. Sin embargo, creyeron necesario consignar que el Papa no estaba al tanto de esa misa.


Radrizzani fue más allá. Aclaró que no defendió "personas concretas". Se refirió a los Moyano, que fueron los que más contribuyeron a la movilización. Esa excusa era imprescindible desde el miércoles anterior, cuando monseñor Lugones recibió a Hugo Moyano. La fecha era significativa. No sólo por ser 17 de octubre. También porque 24 horas antes el juez Luis Carzoglio había rechazado el pedido de captura de Pablo Moyano, imputado por negociados hechos en combinación con la barra brava de Independiente. Carzoglio tendría que aprender de los obispos y aclarar que él tampoco milita en bando alguno. El mismo día que denegó esa detención, envió una nota al Enacom, que él sigue llamando Comfer, pidiendo que prohíba por 180 días que los medios de comunicación se refieran a Roberto Petrov y a su familia. Petrov es un custodio histórico de Hugo Moyano. Sobran indicios de que se desempeñaba como nexo entre la barra brava y Pablo, a quien llaman "el Salvaje", en la organización de negocios irregulares. Carzoglio solicitó la censura. No quiere que se informe lo que él, tal vez, está obligado a perdonar. Lugones tal vez no prestó atención a estos pormenores cuando recibió a Moyano. Cometió el error de oficializar la entrevista en un comunicado, protocolo que no siguió cuando recibió, por ejemplo, a Marcos Peña. Entre los clérigos le atribuyen haber actuado por impulso. Al parecer, estaba enojado porque el exdiputado Julián Domínguez y su amigo, el jefe del Smata, Ricardo Pignanelli, solicitaron la misa de Luján sin su mediación. Moyano le dio protagonismo. Y Lugones, ingenuo, lo aceptó. De carne somos. Desde el sábado, el correo electrónico de Sebastián Pedacchio, el secretario privado del papa Francisco, se atiborró de mensajes de prelados argentinos. Pedían que se los rescate de la moyanización. Bergoglio tiene mil recursos retóricos para explicar que los hechos ocurrieron sin su autorización. Pero tal vez sean insuficientes. Los errores que cometen los obispos en Buenos Aires son imputados a su jefatura, en Roma, porque la actual conducción de la Conferencia Episcopal fue diseñada desde allá. Ojea es su presidente porque el secretario para las Relaciones con los Estados, monseñor Paul Gallagher, indicó al cardenal Mario Poli que debía desistir de su candidatura. Aún así, fueron necesarias tres votaciones para que Ojea consiguiera la mayoría. En las dos primeras siguió ganando Poli.


También desde la Santa Sede se decidió que Lugones esté a cargo de la Pastoral Social, el órgano político de la Iglesia. Lugones es un obispo valiente, que enfrentó a la mafia del juego, que domina Lomas de Zamora. Su convicción fue clave en la condena de la Iglesia a la candidatura de Aníbal Fernández. Cuando se lo retrata, se recuerda que tiene un hermano desaparecido y otro que preside el PJ de La Plata. Datos genealógicos que fascinarían a Moreau. Lo relevante de Lugones es otro antecedente: es, desde hace décadas, un incondicional de Bergoglio en la Compañía de Jesús. Quienes suponen que la jefatura del Episcopado es autómata del Papa, apuntan que Ojea tuvo dos entrevistas con Cristina Kirchner. Una se realizó en San Isidro, a pedido de ella. La otra fue gestionada por Julián Domínguez, con la supervisión de un laico decisivo: Aldo Carreras. El Papa podría prescindir de estos contactos. Le basta con hablar de tanto en tanto con Juan Carlos Molina, el cura que condujo el Sedronar durante algunos meses bajo el kirchnerismo.


Más que estas relaciones personales conviene advertir la orientación de una política. Pignanelli, Pablo Moyano y Gustavo Vera, amigo del Papa, organizan desde febrero una red intersectorial en todo el país, bajo el amparo de los obispos de provincia. Hoy se encontrarán en Corrientes, encabezados por "el Salvaje" Moyano y acompañados por sindicatos kirchneristas. El arzobispo Andrés Stanovnik, que ya recibió a Moyano y a Vera, no tendrá que redactar ninguna excusa. Está fuera del país. Quizá Bergoglio tampoco tenga que ver con este movimiento. Pero hay un dato que confunde: desde hace más de un año llega desde el Vaticano el obispo Marcelo Sánchez Sorondo para encabezar reuniones con Moyano y Vera. Una de ellas se celebró en la biblioteca (sic) del sindicato de Camioneros. Fue un Congreso Antimafia. El juez Carzoglio, agradecido.(www.lanacion.com.ar)


La Iglesia no debe apoyar a imputados de corrupción Editorial de La Nacion
Por culpa de unos pocos integrantes, parte de la jerarquía eclesiástica ha quedado abrazada a uno de los sectores más oscuros de la vida argentina
24-10-2018


Ni la Iglesia ni nadie puede ignorar que gran parte de las dificultades socioeconómicas que atraviesa hoy la Argentina encuentran su raíz en una colosal corrupción que la asoló por mucho tiempo. Al margen de que la búsqueda de la unidad entre los argentinos, la pacificación de los espíritus y la paz social son objetivos centrales de la Iglesia, no puede ser bueno para el país ni para la propia jerarquía eclesiástica que esta quede envuelta, como ha ocurrido en los últimos días, en actos reprochables. No puede ser positivo que la opinión pública termine discutiendo si las autoridades de la Iglesia están apañando a dirigentes políticos o sindicales acusados de gravísimos hechos de corrupción ante la Justicia.


La controversia creció luego de la misa oficiada por el arzobispo de Mercedes-Luján, monseñor Agustín Radrizzani, frente a la Basílica de Luján, a la cual convocaron algunos de los dirigentes de los gremios más combativos, encabezados por los camioneros Hugo y Pablo Moyano, a quienes se vio sentados en la primera fila durante la celebración religiosa, junto a otros sindicalistas y dirigentes del peronismo bonaerense que son responsables directos de la delicada situación socioeconómica que sufre la mayor provincia del país. Desde distintos sectores se escucharon críticas a monseñor Radrizzani, por cuanto se juzgó imprudente su actitud, que dejó a la Iglesia asociada con un sector fuertemente enfrentado con el gobierno nacional, que además afronta severas denuncias en la Justicia. No les falta razón a los críticos de Radrizzani, si se analizan algunas de las palabras pronunciadas por el arzobispo en aquella misa.


En lo que se asemejó a una defensa de los Moyano frente a los problemas sobre los que deben rendir cuentas en los tribunales, Radrizzani expresó: "Sufrimos un Poder Judicial que cree que hacer justicia es desechar la presunción de inocencia".La misa de Luján, que lamentablemente tuvo algunos condimentos propios de un acto político opositor, fue el corolario de una serie de hechos que marcaron un intento de acercamiento a la jerarquía eclesiástica de parte de sindicalistas enfrentados con el gobierno nacional. Una semana atrás, el obispo Jorge Lugones, presidente de la Comisión de Pastoral Social, recibió a Hugo Moyano, justo en momentos en que un fiscal pedía la detención de Pablo Moyano por el presunto delito de asociación ilícita en una causa judicial vinculada con el club Independiente, del que este es vicepresidente.
La citada comisión negó que aquella reunión hubiese constituido un apoyo eclesiástico a los Moyano y aclaró que el encuentro se hallaba previsto desde hacía tiempo. Sin embargo, la oportunidad y el tono no pueden pasar inadvertidos. Debe quedar claro que hasta personajes asociados con prácticas delictivas tienen derecho a asistir a misa y a reunirse con representantes de la jerarquía religiosa. Lo que no se puede permitir es que busquen colgarse de una sotana para presionar al poder político, ni mucho menos a la Justicia, frente a las gravísimas denuncias que sobre ellos pesan. Hay que recordar que Pablo Moyano afirmó que la misa en Luján "no se podría haber realizado sin la venia del Papa".


Cabe preguntarse si todas las autoridades de la Iglesia poseen plena conciencia sobre lo que debe entenderse por la ejemplaridad de sus conductas y sobre la necesaria prudencia que debe exhibir en todo momento una institución fundamental en la estructura social de la Argentina.

Podría señalarse en defensa de la equivocada actitud de algunos miembros de la jerarquía católica que Jesucristo también se solazó en compañía de los desposeídos y rezagados de la Tierra. Dejando de lado el indiscutible hecho de que ninguno de los políticos o gremialistas presentes en los mencionados encuentros de la Iglesia es precisamente un desposeído, es cierto que el fundador del cristianismo se juntaba con ellos para hacerles llegar su propio mensaje y no para difundir, amparado por una posición de privilegio, lo que esos marginales tuvieran para decir sobre sus modos de pensar o su particular interpretación de la moral.

Durante una entrevista que se publica hoy en LA NACION, Eduardo García, obispo de San Justo y prelado cercano a Jorge Bergoglio, expresó desde Roma su malestar por el debate surgido en nuestro país en torno de la polémica misa. "No podemos seguir involucrando al Papa en nuestras pequeñeces [...] Él no se va a poner a desmentir, esta no es una feria de barrio", dijo.

Tristemente, y por exclusivo mérito de algunos pocos de sus representantes, la Iglesia ha quedado abrazada en estas horas a uno de los sectores más oscuros y corruptos de la vida argentina. Los esfuerzos posteriores para darles interpretaciones ingenuas o poco creíbles, antes que servir como ejemplo constructivo para la concordia y la paz, han constituido una patética contribución a la confusión y al acentuamiento de la grieta social.(www.lanacion.com.ar)


La muerte y la riqueza
Los acumuladores de riqueza inútil, que hoy ocupan las primeras planas y son ayudados por jueces que se creen el centro del mundo, son los líderes de una política antigua que muchos quieren que no vuelva para tener la posibilidad de cambiar el país.
Escrito por Jaime Durán Barba para Perfil.com
21-10-2018


Carzoglio. Un juez que piensa que medios y periodistas conspiran en su contra. Cuando hizo una rueda de prensa de una hora para demostrar que habla solo a través de sus fallos, parecía uno de los personajes de Thriller de Michael Jackson. Hacía tiempo que no se escuchaba un discurso como este, que fue repetido durante la década pasada, pero parecía en extinción: "Soy el centro del mundo, todos conspiran en mi contra, las corporaciones son las responsables de la desdicha del pueblo, la libertad de prensa es el peor mal que impide que los poderosos hagamos lo que nos viene en gana". El personaje dijo que Clarín, La Nación, Jorge Lanata, Luis Majul, Eduardo Feinmann organizan la persecución en su contra. Es improbable que dediquen su tiempo a reunirse para organizar la persecución mediática de un señor cuyo nombre era desconocido hasta hace poco. El personaje mencionaba los nombres de algunos periodistas que tuvieron la valentía de enfrentarse al autoritarismo. Dijo algo más grave: poco antes de que se conociera la ayuda que proporcionó a un compañero acusado de manejos sospechosos con los fondos de un club de fútbol, su esposa había recibido amenazas de muerte por teléfono. Proporcionó la fecha y hora de estas llamadas cuyo origen se descubrirá fácilmente si existieron. En las últimas semanas otros dirigentes con una visión apocalíptica de la vida, que creen que encabezan la revolución mundial, también afirmaron que recibieron amenazas de muerte. La verdad es que su impacto universal no va más allá del barrio y tienen la pretensión anacrónica de derribar a un gobierno democráticamente elegido, cuando en Occidente esas cosas ya no tienen posibilidad de éxito.


'Fake news'. Hace poco, los miembros de un grupo político estrafalario ocultaron el cuerpo de uno de sus compañeros que se ahogó en un río del sur. En vez de socorrerlo en el momento del accidente, o de avisar en dónde estaba el cadáver, lo mantuvieron oculto durante meses, impidieron que se lo busque en los ríos, e inventaron una fake news que engatusó a bastantes. Decían que el actual gobierno había hecho desaparecer a su amigo, invocando temores que existen en la población por los atropellos del gobierno militar.

Los políticos antiguos podían pensar en asesinar a un fiscal incómodo o a sus adversarios. Eso ya no existe en la nueva política Los políticos antiguos podían pensar en asesinar a un fiscal incómodo o a sus adversarios. La fantasía de morir o matar por la revolución formaba parte de sus ritos y creen que los actuales gobernantes la tienen en su cabeza. Ocurre simplemente que eso no existe entre quienes hacen política dentro de un nuevo paradigma. Es cantinflesco suponer que Macri ordene la desaparición de un activista, o que María Eugenia Vidal amenace de muerte al personaje de Thriller. Una diferencia importante entre la vieja política y la actual es que se puede decir cualquier cosa sin el temor de que ninguna autoridad te mande a asesinar. Cualquier fiscal puede decir lo que quiera sin que su vida corra peligro. Es una de las diferencias que ocurrieron y que algunos no registran.


Inédito. El tema de la riqueza de los dirigentes que investiga la Justicia es inédito y no se puede justificar con las fantasías reaccionarias que idealizan la pobreza de la antigüedad y atacan al capitalismo. Las películas proyectan la imagen de una antigüedad en la que la gente vivía con una prosperidad que nunca existió. Hasta hace doscientos años más del 90% de la población del mundo vivía en la pobreza, comía lo poco que podía, la salubridad era muy mala, un tercio de los niños moría antes de llegar a la edad adulta. Se producían regularmente hambrunas y pestes en las que moría un porcentaje importante de la población. La última de ellas provocó la emigración más grande de la historia, que pobló Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda, Argentina y otros países. Unos pocos privilegiados vivían en monasterios y castillos, comían relativamente bien, se vestían con cierto lujo. Tenían la comodidad suficiente para predicar acerca de lo buena que era la pobreza que sufrían los demás, pero también sus condiciones de vida eran malas. Ni los más privilegiados tenían cloacas, agua potable, ni las comodidades que actualmente se consideran elementales. El mundo no se parecía a las fantasías que nos venden las películas. No es real que el capitalismo llevó a mucha gente a la miseria: gracias a la riqueza que produjo, fue posible plantear su distribución. Es apasionante leer el texto De los modales en la mesa de mi señor Ludovico y sus invitados, de Leonardo Da Vinci, para conocer cómo era la mesa de los grandes señores de esa época, especialmente cuando planeaban matar a uno de sus invitados, algo frecuente en ese entonces.


Industria y capitalismo. Recién desde comienzos del siglo XIX la industria y el capitalismo generaron una cantidad de bienes y de riqueza que eran inimaginables en los doscientos mil años en que estamos sobre la Tierra. Algunas personas se volvieron ricas, pero para los conservadores no tenían legitimidad para tener tanta plata porque no eran nobles o eclesiásticos. Mucha gente emigró a las ciudades huyendo de la miseria propia del campo, y demandó tener bienes y comodidades. Mientras los autores medievales se dedicaron a ensalzar la pobreza, los ideólogos del siglo XIX hablaron de distribuir la riqueza que había aparecido, centrando el debate en la justicia económica. No es real que el capitalismo llevó a mucha gente a la miseria, sino que gracias a la riqueza que produjo, fue posible plantear su distribución. Se dejaron de lado otras inequidades como la segregación racial, la discriminación de la mujer, la persecución a los homosexuales, y otras que se mantuvieron vigentes en los países socialistas hasta su desaparición a fines del siglo XX y han empezado a superarse gracias al trabajo de los movimientos surgidos en los países capitalistas en las últimas décadas. Si antes la mayoría vivía en la miseria, ahora todos los años hay cientos de millones de personas que dejan la pobreza. La riqueza sirvió en la sociedad autoritaria para que una reducida élite la use para construir barreras con la mayoría. Con la industrialización aparecieron personas que se dedicaban a conseguir riqueza para producir más riqueza. Lo hacían con su esfuerzo, no porque nacían en hogares nobles o porque les nombraban jerarcas de la Iglesia. Desde ese entonces las sociedades que han progresado han dependido de que exista un empresariado poderoso para que mueva la economía. Incluso la China comunista y Vietnam no pudieron superar la pobreza mientras no contaron con un empresariado pujante.


Prosperidad. La sociedad que apareció en las últimas tres décadas es la más próspera de la historia. Si antes la mayoría vivía en la miseria, ahora todos los años hay cientos de millones de personas que dejan la pobreza. La mayoría de la humanidad ve satisfechas sus necesidades básicas, sobre todo cuando vive en países que cultivaron el capitalismo durante mucho tiempo.

Hay muchas cosas que apasionan a la mayoría de los seres humanos y que no existían hace cincuenta años. Se difundió el uso del celular. Todo joven quiere tenerlo, conectarse a internet y en algunos países son elementos de la canasta básica. En América Latina hay más celulares que habitantes. Según los expertos, quien no tiene celular y no se conecta a la Red vive en condiciones de extrema pobreza. El dominio de lo tecnológico es parte importante de la vida de los ciudadanos. Se dice rápido pero hay que recordar que todo esto supone un cambio reciente y radical en la vida de la gente. Hace un siglo se empezaban a hacer las primeras obras de alcantarillado en Argentina, la gente tenía poco acceso a algo que le sacara del aburrimiento de la vida cotidiana. En el último Mundial de Fútbol se concentraron en Rusia dos millones y medio de personas y los partidos fueron seguidos por 3.400 millones de personas a través de la televisión. La mayoría de la población tiene acceso permanente a la música. Una encuesta a nivel mundial pidió a las personas que calificaran su interés por la música en una escala de diez puntos que iba desde "No podría importarme menos" (1) a "Yo la escucharía cada minuto del día si pudiera" (10). El 63% ubicó su pasión en el nivel 6 o superior. El resultado fue más alto en Brasil (80%), España y el Reino Unido (79% cada uno). El 20% de los encuestados dijo que "haría cualquier cosa" para conocer en persona a uno de sus ídolos.


Pobreza. En medio de este enorme crecimiento de la riqueza, que permite saber estadísticamente que en pocos años se llegará al ideal de la pobreza cero, algunos dicen que la pobreza nunca terminará, que debe ser administrada, que hay que pedirle a la gente que no consuma. Otros plantean que es necesario llegar a una sociedad en la que todos los pobres se integren a la producción y a las comodidades de la vida contemporánea.Entre esas dos posiciones hay otros, entre los que están los amigos del juez del que empezamos hablando, que han llegado a una inédita relación con la riqueza. En la última década casi todos los países contaron con una prosperidad que nunca se pudo imaginar. Los dirigentes de algunas sociedades llegaron a niveles de acumulación que antes eran imposibles. Es nuevo que, según sus colaboradores, haya existido un presidente que enviaba aviones repletos de billetes para esconderlos en una ciudad del interior, que hayan existido dirigentes sindicales que chantajeaban a ciudades enteras, otros que armaban enormes empresas para vender servicios a sus organizaciones con precios inflados, alguno que criaba caballos que solo tiene la nobleza europea, nuevos ricos que acumularon más tierras que el estado de Israel, una ex luchadora por los derechos humanos que se convirtió en gerente de una enorme constructora financiada por el Estado que cometió un fraude brutal y cientos de casos semejantes marcan también una diferencia entre todos estos acumuladores de riqueza inútil, líderes de una política que muchos quieren que no vuelva para tener la posibilidad de cambiar el país.(www.perfil.com) *Profesor de la GWU.Miembro del Club Político Argentino.


La política como fenómeno delictivo
Escrita por Jorge Fernández Díaz para La Nacion
21-10-2018


Ese hombre robusto y enjoyado que baja de un Audi y se adentra en la sombra fresca de un edifico de Puerto Madero no viene solo: lo custodian a distancia dos gorilas en una 4x4 de vidrios blindados. Se supone que tanto el cacique como los escoltas van "calzados" a cualquier sitio; en este oficio no se puede confiar en nadie. El capo tiene mucho trabajo ese día: a través de contadores y expertos en finanzas ofrece servicios de prestamista y se dedica a la compra y venta de inmuebles, aunque posiblemente su "casa familiar" de tres pisos siga enclavada en el mismo barrio precario donde nació: para liderar no solo hay que bancar la parada y tener buenos contactos; también hay que ser muy cuidadoso con la cuestión simbólica. El sujeto no sabe que lo están siguiendo y que le tienen pinchados los teléfonos, aunque lo presume. Antes era habitual que sus "amigos" en la policía y en la Justicia lo libraran de esa clase de incomodidades y escrutinios, pero últimamente varios colegas y rivales han caído en desgracia: veinticinco jefes están presos y dos barras bravas completas han sido procesadas por asociación ilícita. Cambiaron provisoriamente los vientos, y hay que ser más cuidadosos que nunca. El hombre enjoyado ha hecho carrera en el territorio y en la tribuna, pero el fútbol ya es un negocio secundario. Se hizo desde abajo, como administrador de la violencia y fanático del tablón, y ahora regentea una vasta organización armada y polifacética. Es socio del puntero barrial, le vende protección, controla el narcomenudeo de la zona, realiza pintadas para los candidatos electorales, garantiza control y vigilancia en marchas y actos partidarios de cualquier signo, ofrece grupos de choque al mejor postor, y se encarga de tercerizar las palizas cuando algún burócrata sindical quiere ponerles coto a los troskos más rebeldes del gremio. Es un mercenario de la seguridad con un ejército de matones, que nacieron al calor de las hinchadas y crecieron al amparo de los dirigentes, pero que luego se independizaron, se diversificaron y prosperaron hasta niveles desconocidos: ahora llevan una vida suntuosa que no pueden justificar.


Durante más de una década, entraban y salían de las canchas sin problemas: no había en todo el conurbano bonaerense una sola prohibición de acceso, a pesar de los trágicos antecedentes penales que tenían estos delincuentes de gatillo, faca y bombo: la mala policía no los controlaba, solo les cobraba para hacer la vista gorda. Hoy se confeccionó una lista negra de mil barras que no pueden asistir a ningún partido, aunque ciertos jueces y fiscales siguen haciéndoles favores. Muchos "barones" los utilizaban para faenas inconfesables, y algunos capos directamente eran empleados municipales, recibían adjudicaciones de viviendas públicas, manejaban áreas de trapitos y, con la connivencia del kirchnerismo, pasaron incluso a administrar cooperativas de trabajo. Los "padrinos" decidían a quién se empleaba y a quién no, y cobraban a cada laburante la mitad de su salario; sus sicarios los acompañaban hasta el banco a fin de mes y ahí mismo les exigían o arrebataban la parte del león. Otra paradoja del momento: nuevos jefes comunales cortaron esa perversa colaboración, y al no poder contar más con el flujo del Estado, los barras se recostaron en la distribución de la droga; distintas investigaciones revelaron que algunos tienen vínculos directos con los carteles de Colombia y de México.


El justicialismo bonaerense, con algunas excepciones rescatables, no solo consolidó la miseria; dio un paso más allá: prohijó su derivación hacia la mafia pura y dura. Su corporación política implosionó en 2015 después de veintisiete años de hegemonía, pero dejó en pie los diferentes nudos gansteriles que supo habilitar y que hoy tienen una dinámica autónoma. Las barras bravas son solo un extremo, pero representan palmariamente esa cultura nacional del trueque espurio: donde no hay patotas violentas, hay curro, facción, trampa, banda, soborno, arreglo, cartelización, prebenda. Es una metodología oscura e inarticulada pero extendida a diferentes sectores, y una gigantesca telaraña que resiste y retrasa el barco del progreso y la democratización. Cuando Techint, Roggio y Pescarmona comparecen en Comodoro Py, pero es imposible tocar a un miembro del clan Moyano (adoradores públicos y entusiastas de Jimmy Hoffa, emblema mundial del sindicalismo turbio), resulta lícito preguntarse quién tiene el verdadero poder en la Argentina. Y precisamente por eso, sustraer del interesante y valioso Coloquio de Idea las palabras "mafia" y "peronismo", y pretender a la vez debatir a fondo las razones de nuestra crónica decadencia, es como disponer un grupo de terapia familiar que vaya a fondo, hable de todo, pero soslaye que el abuelito era un asesino en masa.

Les cuesta a la dirigencia y a los medios colocar este fenómeno delictivo en el centro de la agenda; por momentos parece hasta que no lo reconoce. Baudelaire tenía razón: "La mayor habilidad del demonio consiste en hacerle creer a la gente que no existe". Dicho sea de paso, deberían tomar nota de este aforismo ciertos integrantes de la cúpula eclesiástica, que no dudan en acompañar a los patoteros y extorsionadores, y que hacen acordar a una vieja tradición siciliana: ungir, por su carácter "popular", a la Cosa Nostra.


El peronismo "alternativo" por el momento fracasa porque es incapaz de una autocrítica seria acerca de su intenso proceso de depredación y porque no se muestra comprometido en la lucha contra esa mentalidad mafiosa que ayudó a entronizar. Sus diatribas contra los "prolijitos", determinados alegatos a favor de los empresarios que pagaron coimas y las bromas deslizadas donde habla a pleno el inconsciente colectivo justicialista y expresa que en la Argentina solo es respetado quien roba, no logran alejarlos claramente de la Pasionaria del Calafate. Por más que el camporismo anuncie sin ruborizarse que, si gana, colonizará a fondo la Justicia bajo el eufemismo de su "democratización", excarcelará a los corruptos bajo la mentira de que son héroes revolucionarios y "presos políticos", censurará a la prensa bajo la farsa de una ley de medios feudal y reformará la Constitución para reemplazar el sistema representativo y vulnerar las libertades y el derecho de propiedad. ¿Con enemigos así quién necesita tener amigos?, interrogan con ironía algunos observadores. Pero los grandes jugadores mundiales de las finanzas y de la inversión que hacen preguntas en Washington, Nueva York, París y Madrid están muy preocupados por estas espinosas opciones electorales que asoman fuera del gobierno de Cambiemos. Porque en lugar de brindar certidumbre, estos opositores provocan inquietud, y en vez de atraer inversiones de largo aliento, las espantan. Es una prioridad para los argentinos, en su conjunto y más allá de cualquier color y bandería, una oposición racional y transparente que colabore en la crisis, que no amenace ni rompa el sistema, y que no convalide la pandemia de la corrupción y los tejidos mafiosos, puesto que nuestras agudas carencias económicas convierten la seguridad jurídica, la previsibilidad, la confianza y la ética no ya en virtudes o en lujos, sino en prioridades absolutas de supervivencia. Mientras el peronismo siga hablando desde el paravalanchas, la política argenta se parecerá inevitablemente a una barra brava sedienta de recuperar los negocios perdidos. Lo antes posible, y a cualquier costo.(www.lanacion.com.ar)


El peligro de un salto al vacío
El duro y pobre conurbano es el reino de Cristina, quien promete romper con el sistema económico y político. En 50 semanas se verá si se salta al vacío
Escrito por Joaquín Morales Solá para La Nacion
21-10-2018


Faltan 50 semanas hasta la primera ronda de las elecciones presidenciales , las primarias de agosto del año próximo. Los peronistas repiten esa información con un mantra. Todo lo que hacen o dicen está en clave electoral. De hecho, un sector del peronismo, el que no está cerca del cristinismo, aprovechó el acto del 17 de octubre en Tucumán (hubo tantos otros 17 de octubre que pasaron sin pena ni gloria) para lanzar la campaña electoral. No extraña que ellos hagan oposición a Macri . Son la oposición. El problema surge cuando hay una intención, velada a veces, de apurar el final del actual presidente. Lo hace Cristina Kirchner cuando adelanta que denunciará el acuerdo con el Fondo Monetario; es decir, lo desconocerá. O Sergio Massa cuando anticipa que renegociará los términos del programa con el organismo multilateral. Recuerdan a Domingo Cavallo cuando en el momento agónico del gobierno de Raúl Alfonsín recorría el mundo anunciando que un gobierno de Menem no pagaría los créditos que le dieran al presidente radical. Alfonsín se quedó sin crédito y debió adelantar cinco meses la entrega del poder.


Hugo Moyano es más directo. Quiere que Macri se vaya mañana , si es posible. "Hay que erradicar al Gobierno", lanzó cuando percibió que su hijo estaba cerca de la cárcel. Él también lo está. Moyano no pasa inadvertido en el peronismo ni en el gremialismo. "Las necrológicas y la prisión unen al peronismo", explica un conocido dirigente peronista. La cúpula cegetista (Héctor Daer y Carlos Acuña) estuvo en Tucumán con el peronismo anticristinista, pero Moyano está muy cerca de Cristina. En efecto, la eventual prisión resolvió esa contradicción. Daer y Acuña anunciaron una huelga de 36 horas para un día impreciso de noviembre. ¿Los trabajadores están mal por la inflación y la caída de puestos de trabajo? Sí, desde ya. Pero las paritarias se están reabriendo para reacomodar los salarios a los nuevos precios. No era el momento para sorprender con un paro largo y provocador. La huelga tiene que ver más con la situación de Moyano que con la angustia de los trabajadores.


Moyano convocó también la adhesión de hecho de un sector de la Iglesia. Justo en las horas en que la Justicia resolvía si su hijo iría preso, al líder camionero lo recibió el polémico obispo Jorge Lugones, presidente de la Comisión de Pastoral Social del Episcopado. No fue solo Lugones. Un comunicado de la Conferencia Episcopal, la máxima conducción de la Iglesia, informó de esa reunión. El encuentro se realizó en la sede porteña del Episcopado, no en el obispado de Lugones en Lomas de Zamora, y, encima, ayer lo autorizaron a usar el espacio exterior de la Basílica de Luján. Los gestos valen más que las palabras. Ninguno de los dos Moyano (Hugo y Pablo) está siendo perseguido por su condición de dirigente sindical. A Pablo lo investigan por lavado de dinero y asociación ilícita en el club Independiente, y a Hugo por los manejos del dinero del sindicato de camioneros. Las palabras de Lugones fueron impecables (habló de la necesidad de un "diálogo fructífero"), pero las podría haber dicho un mes antes o dos meses después. En medio del escándalo judicial, parecieron una presión a la Justicia.


La Iglesia no salvará a Moyano, pero este puede contagiar a la institución católica de su vasto desprestigio. Ningún dato objetivo indica que el Papa, a quien le estallaron en las manos 40 años de silencio sobre casos de pedofilia en la Iglesia universal, conocía de antemano la agenda de un obispo argentino. Pero Lugones descuidó al Pontífice porque lo sometió a la infaltable suposición de los argentinos. Varios obispos disienten con los manejos inconsultos de Lugones. Ellos argumentan que les llevó 20 años despolitizar a la Iglesia después del acercamiento al menemismo en la década del 90. Discrepan con la posibilidad de que se la vuelva a politizar, aunque sea con otro signo ideológico. Algunos plantearán la disidencia en una reunión de todos los obispos, que se hará en noviembre.


El peronismo racional discute si Cristina será candidata presidencial o si dejará que otro vaya en su nombre. Gran parte de los referentes alejados del cristinismo (Miguel Pichetto, Juan Schiaretti, Juan Manzur, Diego Bossio o Juan Manuel Urtubey) consideran a la expresidenta como el vestigio de un pasado irremediablemente perdido. Aunque nunca lo dicen, hay también una profunda discordia ideológica con el espacio cristinista. Pichetto es el que más avanzó en la descripción de esa diferencia: "El peronismo nunca fue de izquierda", precisó. Otros aspiran a conquistar los votos del cristinismo, pero sin Cristina. Esperan un milagro. Hace poco, dirigentes de La Cámpora, el núcleo político que mejor expresa a la expresidenta, hizo trascender un programa para un eventual futuro gobierno. Prometieron modificaciones significativas en el sistema político y judicial (además, desde ya, de una nueva y definitiva ofensiva contra los medios periodísticos independientes). Esas cosas no se piensan para un gobierno de Pichetto, de Massa o de Urtubey. Son planificadas para un gobierno de Cristina. Para nadie más.


¿Por qué, por otro lado, Cristina resignaría la candidatura presidencial si es la persona de la oposición que mejor mide en las encuestas? Es la líder de la oposición. Una encuesta reciente de Poliarquía registró que dos tercios de los argentinos no se mueven de sus simpatías (un 35 por ciento de buena imagen para el gobierno de Macri y un 32 por ciento para Cristina). Cristina aumentó los índices de adhesión, pero también los de rechazo. A Macri le va mal en casi todos los indicadores económicos, menos en la simpatía que provoca la marca Cambiemos. Macri puede soñar con ganar un ballottage. ¿Por qué Cristina no podría tener el mismo sueño?

Peronistas anticristinistas aceptan en voz baja que el Presidente está en condiciones todavía de ganar la reelección, pero, advierten, debe estabilizar de manera definitiva la economía y reagrupar a su gobierno y su coalición. Resolver el problema de recursos que aqueja a María Eugenia Vidal y acortar la distancia última con Elisa Carrió. Carrió no se irá de Cambiemos y así se lo aseguró a un amigo personal del Presidente (también colaborador suyo) con el que se reunió en los últimos días. La jefa de la Coalición Cívica precisa que el Gobierno aclare algunos asuntos serios de la Justicia, que ella conoce. Carrió hace equilibrios entre su decisión de permanecer en la coalición gobernante, que es inmodificable, y la preservación de sus viejos principios. En eso está.


El peronismo racional necesita romper la polarización entre Macri y Cristina con una candidatura nueva. No la tiene por ahora. O tiene demasiadas. Solo tiene un proyecto de partido democrático, moderno, más nacionalista en lo económico y homologable para el sistema. Cristina no solo cuenta con un programa para el regreso. También elaboró sus listas de candidatos, sobre todo las de la provincia de Buenos Aires. Su hijo, Máximo, será el primer candidato bonaerense a diputado nacional. Los intendentes peronistas del conurbano están con ella porque imaginan que solo con ella podrán conseguir sus reelecciones. El duro, hosco y pobre conurbano es el reino de Cristina. Es el único lugar del país donde ella es más popular que Macri. A ese universo lleno de frustraciones, Cristina le promete romper con el sistema económico y político. Como Bolsonaro o como Trump, y apartando las claras diferencias ideológicas, Cristina predica que la solución es la ruptura del sistema. En 50 semanas se resolverá si los argentinos están dispuestos a dar un salto al vacío.(www.lanacion.com.ar)