Plataforma Cero
Publicación Mensual
Año 15 | Número 186 DIC 2018
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Maria Josefina Ramos es traductora pública de Inglés y periodista.

Su trayectoria periodística abarca el período 1970-1985, como analista política y cronista parlamentaria desde el Congreso Nacional para varias radioemisoras del interior del país y también para el vespertino La Razón.

En 1975, fue distinguida con una beca como periodista parlamentaria por la Asociación de Corresponsales de las Naciones Unidas para cubrir la XXXI Asamblea General de la ONU.

Es creadora y directora de Plataforma Cero.


Más allá del fútbol
Mirador político- Macri esta tratando de evitar que un "muerto en la calle" se le sume a sus no pocas dificultades actuales. Pero tiene el poder del Estado en sus manos y es su obligación ejercerlo. De la misma manera que la sociedad tiene que decir si realmente quiere el cambio; decidir si quiere que la policía reprima legalmente o prefiere seguir viviendo a merced de la violencia delictiva.
Sergio Crivelli para La Prensa
28-11-2018


Hay varias causas que explican el grotesco episodio que terminó con la suspensión del partido entre River y Boca, pero la determinante es la inexistencia del orden público. El control estatal de la calle se esfumó de hecho después de la crisis de 2001 y nunca pudo ser restablecido.
Por eso grupos poco numerosos de vándalos consiguen regularmente desatar el caos ante efectivos de seguridad que no pueden ejercer el poder de coerción legítima que la ley les otorga. Los vándalos identificados e impunes repiten constantemente los ataques, se matan entre ellos y a concurrentes a los estadios, hieren policías, destruyen patrulleros y todo lo que encuentran a su paso. Una y otra vez sin que se les aplique la pena que los haga desistir de esas conductas. Por lo contrario, a las pocas horas vuelven a la calle hasta el siguiente desmán que no se limita al fútbol. También usurpan tierras, atacan al Congreso, cortan violentamente rutas y calles, etcétera.
La violencia en el fútbol es síntoma de la degradación de valores sociales, de las normas de convivencia y del respeto por la ley. También es por todos reconocido el accionar de mafias que organizan y sostienen a los vándalos y conviven con autoridades de clubes y policías que deberían combatirlos. En el ámbito político la tarea organizativa está a cargo de los famosos punteros. Los barrabravas o bien son utilizados en la política interna de los clubes y en negocios turbios o por lo menos son tolerados cuando no se los puede controlar. El sábado se salieron de control. El problema central no son, sin embargo, los matones, sino una idea muy extendida: que la violencia privada, la de los vándalos y lúmpenes es justificable, pero la del Estado es siempre repudiable. Una ex presidenta llegó al extremo de describir a los barras como manifestaciones de la "pasión" deportiva. Por otra parte la justificación de la violencia no es sólo un problema de dirigentes deportivos o políticos; está arraigada en gran parte de la sociedad, que desconfió siempre de la autoridad. Esa desconfianza se convirtió en repudio al conocerse los resultados de la represión ilegal del terrorismo.
Bajo estas premisas la necesaria defensa y protección de los derechos humanos terminó derivando en su opuesto: la indefensión del ciudadano común que queda a merced de los delincuentes. Contribuyen a esa aberración quienes pretenden sacar ventaja política desde posiciones supuestamente progresistas o de izquierda y se solidarizan con los sociópatas que matan, roban y saquean. El Gobierno actual no ha ni siquiera empezado a enfrentar el problema. Conviven en su seno posiciones como la de las autoridades de la CABA, que mandan a policías indefensos a ser masacrados a piedrazos por los vándalos, o la de la Nación, con uniformados más dispuestos a preservar el orden. Mauricio Macri parece estar en el medio tratando de evitar que un "muerto en la calle" se le sume a sus no pocas dificultades actuales. Pero tiene el poder del Estado en sus manos y es su obligación ejercerlo. De la misma manera que la sociedad tiene que decir si realmente quiere el cambio; decidir si quiere que la policía reprima legalmente o prefiere seguir viviendo a merced de la violencia delictiva. (laprensa.com.ar)


¿Qué sería el país sin inmigrantes?
Escrito por Daniel Gigena para La Nacion
09-11-2018


Uno de mis tíos maternos solía decir que nunca se había sentido inmigrante en la Argentina. Tal vez quería decir que nunca lo habían hecho sentir así. Había llegado al puerto de Buenos Aires con mi abuela y sus cuatro hermanos (mi madre, entre ellos), varios años después del final de la Segunda Guerra Mundial. Mi abuelo y la hermana mayor de mi madre los esperaban con la casa lista en un barrio del partido La Matanza. Él, sus hermanos más chicos y su madre se habían quedado en Italia, en un pueblo rural donde los efectos benéficos de la reconstrucción tardaban en llegar. Los cinco viajaron en barco desde Génova ¿un mes?, ¿cuarenta días?, ¿seis semanas? Las versiones variaban.
Para todos ellos ese viaje por mar se convertiría en un motivo recurrente de las sobremesas familiares. Recuerdo y conversación, conversación y recuerdo, las imágenes del viaje llegaban como olas a las playas del presente. Para ese entonces, el concepto de familia abarcaba a docenas de parientes. "¿Y este señor qué es nuestro?", preguntaban mis primas más pequeñas. Los inmigrantes eran mayoría en el barrio. Mi padre, que había nacido en la provincia de Córdoba, repetía un chiste en los almuerzos de los domingos: "Vamos a tener que abrir una embajada argentina en esta cuadra". Aunque después me enteraría de que esa falta de percepción pecaba de cierta candidez, nadie advertía rastros de xenofobia en apodos como la Gringa, el Tano, il Bersaglieri o la Calabresa. Incluso se podía imaginar que el barrio entero era un enorme escenario donde se interpretaba una comedia con un elenco internacional de arquetipos: el Gallego, la Rusa, la Gitana, el Gaucho, la Polaca, el Chino y el Indio.
Hace poco recibí el libro de una poeta cubana que emigró a la Argentina en los primeros años del nuevo siglo. El libro se llama El trajecito rosa y fue publicado por Buenos Aires Poetry. En los poemas, la rosa es el principal motivo temático de los poemas y el centro de la trama que organiza la escritura de Nara Mansur. Flor, color, nombre, fetiche de lo femenino, pero también la rosa díscola, líder, la rosa subversiva y luxemburguesa. Los poemas estructuran un relato: hay ideas, imágenes y referencias que deambulan (que viajan) todo el tiempo en una zona común. "Cuesta venir de Cuba y que no te lean desde lo típico: Fidel, la miseria, la dignidad, la alegría, la revolución o la contrarrevolución. Se conoce poco de literatura cubana aquí, del arte cubano en general, que siempre ha tenido una enorme capacidad crítica. Me asombra todos los años leer una entrevista a Leonardo Padura, a Silvio Rodríguez. ¿Tan poco interesantes les resultamos todos los otros?", pregunta. Pienso que hace poco un compatriota suyo, el escritor Marcial Gala, recibió un premio literario en la ciudad de Buenos Aires. Pero siento que decirle eso sería como hacer cálculos.
Mansur vive en la Argentina desde 2007. "Cuando digo que vine porque me enamoré de un argentino y porque quería estudiar en el taller de Pompeyo Audivert, los cubanos que viven fuera sospechan y los argentinos se muestran todavía más desconfiados. El amor me salvó de la angustia en que vivía, aun trabajando en instituciones como Casa de las Américas y el Instituto Superior de Arte. Y la Argentina me dio una hija que ama Cuba con frenesí". En la Buenos Aires del siglo XXI, Mansur aprendió la necesidad y el valor de la autogestión, del "kiosco a prueba de balas", como dice. "Nunca produje tanto como desde que vivo en la Argentina: libros de poesía, crítica teatral, selecciones de textos. Aquí me hice dramaturga y aquí siento enorme fuerza e inspiración", agrega. Todos (aun los que se dedican a contabilizar ganacias y pérdidas) somos hermanos, parejas, hijos y amigos de inmigrantes. ¿Qué sería el país sin ellos? Una versión más pobre y mustia, una obra con menos historias de amor y entusiasmo para acompañar el vaivén de los días. (lanacion.com.ar)


Extraordinarias: una marcha atrás con bemoles
27/11/2018
La columna semanal de Eugenio Paillet, corresponsal de La Nueva en Casa Rosada.


Hace un mes atrás, el gobierno tenía resuelto no llamar a sesiones extraordinarias del Congreso. La decisión del presidente Mauricio Macri y su mesa chica se basaba en que en medio del levantisco resurgir de la oposición unida en torno al peronismo, con obtener el Presupuesto de 2019 que debía presentar en el marco de los deberes que tiene que hacer ante el Fondo Monetario Internacional bastaba. Y que en ese caso, sin chances de obtener alguna otra ley sin exponerse a escándalos o protestas callejeras a las puertas del Congreso, lo mejor era cerrar el Parlamento hasta marzo. Macri no había tomado esa decisión de manera antojadiza: le hubiese gustado además obtener sanción para el proyecto de reforma a la ley de Alquileres, que le concediera algo de previsibilidad y protección a los inquilinos, que en su gran mayoría pertenecen al amplio universo de la clase media baja y media "acomodada" que figuró entre sus votantes en 2015 y en las elecciones parlamentarias de octubre de 2917. Pero le llegó un mensaje directo del siempre influyente Miguel Pichetto, quien recomendó que la Casa Rosada se conformase con haber obtenido la ley de leyes, porque no había clima, y muy seguramente tampoco numero, para ninguna ley más. En el paquete que se debía pasar directamente a sesiones ordinarias del año que viene, vale recordar, quedaban también otros temas de interés para el gobierno como el proyecto sobre Bienes Personales y uno que se originó directamente en un reclamo del sector agrario como es el que exceptúa o en algunos casos baja la alícuota del pago del Impuesto a las Ganancias a cooperativas y mutuales, un beneficio del que quedarán al margen las entidades o bancos del sector financiero.
Todo cambió en medio del escándalo mundial por la final de la Copa Libertadores entre River Plate y Boca Juniors, que Macri siguió con enfado y algo de angustia desde su descanso en la Unidad Turística de Chapadmalal. Como una forma de mostrarse reactivo ante semejante falla de la seguridad que le competen tanto a Patricia Bullrich como al ahora renunciado Martín Ocampo, el presidente anunció el envío al Congreso de un proyecto para endurecer las penas contra los barras bravas. En rigor se trata de reescribir un texto que durmió en un cajón del Congreso desde 2016 y que por desidia del gobierno y de los legisladores, siempre todos sospechados de vinculaciones non sanctas con ese oscuro mundo de los violentos del fútbol, había perdido estado parlamentario. Allí se decidió dar marcha atrás con aquellas largas vacaciones que se había imaginado para senadores y diputados y llamar a sesiones extraordinarias. El decreto respectivo fue tratado esta mañana en la reunión de gabinete de los martes en el Salón Eva Perón de la Casa Rosada. Macri le pondrá la firma en las próximas horas junto a la del Jefe de Gabinete, Marcos Peña, y la convocatoria será en principio a partir del jueves 6 de diciembre. El gabinete debatió, aunque sin terminar de cerrar la cuestión, el proyecto para terminar con las barras bravas. Queda por definir si el proyecto que transforma de contravención a delitos penales con prisión de cumplimiento efectivo la sanción para los ilícitos que cometan los barras será reclamado para tratar sobre tablas, o deberá pasar como otras iniciativas el filtro de las correspondientes comisiones. De paso, el presidente y su gabinete decidieron esta mañana ampliar el temario de extraordinarias, e incluir en el decreto de convocatoria al menos dos o tres de aquellos proyectos que la realidad política adversa había obligado a cajonear tras la sanción del Presupuesto y a la espera de mejores vientos.
Por eso se insistirá ahora con reclamar el tratamiento del proyecto sobre Bienes Personales, que debería ser aprobado porque le interesa tanto a la Nación como a las provincias, como también el que beneficia a mutuales y cooperativas del sector agrario. Esta iniciativa tiene media sanción de Diputados y en uno de sus artículos dispone reducir del 6 al 3 por ciento las contribuciones tributarias de esas entidades asociadas por lo general a la vida comunitaria de las regiones del interior donde desarrollan sus actividades, tanto en el campo como en la gestión de las administradoras de energía. Además se agregará otra vieja aspiración del gobierno, y del propio presidente, que es tratar el proyecto de ley de financiamiento de las campañas electorales. A última hora se resolvió incluir en el paquete la ley de Reforma al Código Procesal Penal, que la comisión redactora encabezada por el camarista Mariano Borinsky ya había entregado hace varias semanas a la Jefatura de Gabinete, lista para ser tratada en el Congreso. La nueva ley de Alquileres no va a extraordinarias. Al parecer sigue "protegida" bajo aquel prudente paraguas que Pichetto le abrió a Macri... (lanueva.com)


Diego Santilli, con un pie en cada poder
José Lucas Magioncalda para Tribuna de Periodistas
27-11-2018


Diego Santilli es vicejefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, lo cual implica que, según el art. 71 de la Constitución de la Ciudad, es la máxima autoridad de la Legislatura porteña. De este modo, y pese a que excepcionalmente, tiene la función de suplir al Jefe de Gobierno en su ausencia, está claro que es un integrante del Poder Legislativo. A tal punto esto es así que se la carta magna local le reconoce las siguientes facultades: conducir los debates, tener iniciativa legislativa y votar en caso de empate. El principio de división de poderes exige que estén diferenciados quienes ejercen funciones en cada poder. Por esa razón, no puede Santilli continuar siendo vicejefe de Gobierno y asumir la conducción del Ministerio de Seguridad. O es máxima autoridad del Legislativo o es un empleado a las órdenes del Poder Ejecutivo.
Más allá de la discusión sobre si Santilli tiene o no trayectoria como para desempeñarse en materia de seguridad, dado que ni su profesión de contador ni su trayectoria política lo acreditan, preocupa que en lo más alto del poder de la Ciudad no exista apego a principios básicos del derecho constitucional. Y preocupa, también, una prensa y una oposición anestesiadas que naturalizan una situación inadmisible. Del mismo modo que se aceptó pasivamente, salvo contadas excepciones, que miembros electos por el Congreso para el Consejo de la Magistratura de la Nación, no contaran con los requisitos constitucionales. ¿Vale todo? ¿Esto no es parte del cambio? ¿Cuál es el interés de dejar sentados precedentes que minan la institucionalidad de uno de los distritos más importantes del país?
No vivimos en un país perfecto, y menos en lo referente a la calidad de sus instituciones. Las conductas de los dirigentes, además de conducirnos, sirven para hacer docencia. Y la conducta exhibida hasta ahora por Santilli y por quien lo ha nombrado, Horacio Rodríguez Larreta, no sirve para explicarle a un chico en edad escolar, a un futuro ciudadano, en qué consiste la división de poderes. Y no sirve para explicarle a un simple ciudadano que quien tiene la tarea de velar por nuestra seguridad, arranca violando la Constitución. Sólo por eso debería renunciar. Al menos a uno de los dos cargos.(periodicotribuna.com.ar)


La fe vuelve a estar presente en la política latinoamericana
Cynthia Hotton para La Nacion
24 de noviembre de 2018


El triunfo de Bolsonaro reafirma una tendencia en la región. Comenzó con Trump en enero de 2017 y continuó con Sebastián Piñera en Chile, Iván Duque en Colombia y Mario Abdo en Paraguay, en agosto de este año. La fe vuelve a estar presente en las elecciones y a hacerse un lugar, cada vez más importante, en la política. Muchos hablan de la consolidación de una derecha conservadora en el continente, un regreso pendular tras el período de auge de las izquierdas latinoamericanas. El análisis suele abordarse desde una cuestión meramente económica o política, pero pocos ponen atención en el fenómeno cultural latinoamericano de la fe. Es un fenómeno que suele, erróneamente, incluirse en el espectro de la derecha, pero que impregna en realidad todos los movimientos políticos, desde los más liberales hasta los más revolucionarios, sin olvidar al peronismo mismo. Es que la fe es anterior a las izquierdas y las derechas y puede encontrarse latente tanto en los movimientos más conservadores como en los más revolucionarios y progresistas. Podríamos decir que es en América Latina un elemento identitario que persiste, más allá de algunos cambios, en la gran mayoría de los pueblos donde el componente cristiano es ampliamente mayoritario: un 80% del total, donde el 60% es católico (123 millones) y el 20% es evangélico. Este último sector se posiciona cada vez más como una nueva fuerza política. El voto evangélico es mucho más orgánico porque pastores y obispos tienen una relación más determinante con sus seguidores en todos los aspectos de la vida, incluso en cuestiones políticas. Tanto unos como otros tienen una capilaridad enorme en los sectores populares, pues están presentes en las villas, en todos los pueblos y en las grandes ciudades del país aportando asistencia y contención.
Bolsonaro no llegó de la nada al poder. En Brasil, más de 42 millones de brasileños son evangélicos, cerca del 22% de la población, y un 65% son católicos. En 1982, el Congreso solo tenía dos diputados evangélicos. El número fue creciendo hasta 2014, con 87 diputados y 3 senadores, un 15% de los legisladores federales, y en estas elecciones, buscan superar ampliamente el centenar. Bolsonaro es católico, pero forma parte del interbloque provida, de más de 140 diputados, donde 87 de ellos son evangélicos. Lo que debemos comprender es que el ingreso de los grupos religiosos a la política no es meramente una cuestión de reacción, sino de representación. Busca efectivamente representar a un segmento enorme de votantes que comparten un conjunto de valores que hoy se encuentran fuertemente atacados y subestimados -y por lo tanto subrepresentados- por los partidos políticos y por dirigentes tradicionales. Más allá de los escándalos de corrupción y la decepción con los partidos políticos -circunstancias que fueron determinantes en Brasil y Colombia-, todas estas elecciones estuvieron enmarcadas en un profundo debate sobre los valores, donde el aborto fue su manifestación más evidente. Antes del ballottage, Bolsonaro se reunió con numerosos pastores y con el arzobispo católico de Río de Janeiro, cardenal Orani Tempesta, con quien suscribió una declaración que reafirma los valores cristianos: "En defensa de la familia, en defensa de la inocencia de la niñez en las escuelas; en defensa de la libertad de religión, contrario al aborto y a la legalización de las drogas".
Todo un manifiesto de principios que une a la amplia comunidad de católicos y evangélicos en un frente común que se ha ido consolidando en los últimos años en todo el continente y especialmente en nuestro país. Esta unidad cobra especial fuerza este año, con el debate sobre el aborto en el Congreso. Asimismo, se expresó frente a las reformas propuestas a la ley de educación sexual integral, que pretendían avasallar las libertades de los padres y de las comunidades educativas cristianas contempladas en la ley original. Son valores que fueron subvaluados por una clase política que había dejado de lado el debate cultural sobre las ideas y los valores, pero que ahora vuelve con fuerza a las agendas electorales. Por alguna razón, el establishment político en nuestro país, que agitó el debate sobre el aborto, nunca imaginó que la respuesta provida a nivel nacional tendría tal envergadura. No es un avance de la derecha ni del conservadurismo. El derecho a la vida y a la libertad, que reclaman los cristianos, siempre estuvo a la vanguardia de todas las reivindicaciones sociales de los derechos humanos. Es más, los derechos humanos son, en cierto modo, una consecuencia de los valores cristianos de Occidente que aún perduran y sostienen los lazos sociales: la vida, la familia, la libertad, la igualdad, la honestidad, el trabajo, la solidaridad, la educación... Por eso, al verse amenazados despiertan multitudes, como los millones de ciudadanos que marcharon en cientos de ciudades este año por el derecho a la vida de los niños y las niñas por nacer y de las mujeres embarazadas. En nuestro país, es una mayoría pacífica, que está siendo violentada, a veces a nivel social, pero también en el ámbito de lo público. Recordemos las imágenes de los ataques con bombas molotov a la catedral en Trelew hace unas semanas, los médicos que están siendo perseguidos por cumplir su deber de salvar personas, incluso cuando están en el vientre materno, o la autoritaria reforma presentada en el Congreso por la ESI.
En la Argentina, la fe, al igual que en toda la región, está buscando representación política y su regreso no se debe ya a una "injustificada intromisión" de la Iglesia en el Estado. Son valores personales que se defienden políticamente. La Argentina no necesita un Trump o un Bolsonaro ,pero sí un liderazgo que tome seriamente las expectativas, los reclamos y la idiosincrasia de este sector. El regreso de la fe a la política responde a la necesidad de una amplia mayoría de ciudadanos que viven sus valores y su fe a diario, que a través de una legítima participación política buscan que el Estado los represente adecuadamente y los proteja. Es hora de que a través de los partidos tradicionales o de nuevas alternativas políticas vayamos encontrando los canales para que las democracias puedan empezar a incluir con más representatividad a nuestro electorado cristiano y sus valores.(lanacion.com.ar) Representante permanente alterno en la embajada argentina ante la OEA, exdiputada nacional.


Macri debería tener el coraje de privatizarla
Después de las propias declaraciones del Presidente, no se entiende que no privatice Aerolíneas Argentinas cuando además de costarle al Estado, el país no puede darse el lujo de mantener empresas deficitarias.
Elena Valero Narváez para La Prensa
24-11-2018


Los sindicatos de la línea de bandera, Aerolíneas Argentinas, paralizaron todos los vuelos, creando un día de bronca, en los usuarios que tenían que viajar. Hasta octubre los subsidios a la empresa fueron del doble a los que tenían previstos para éste año. Dijo el presidente Macri al repecto: "Desde que Aerolíneas se estatizó, el Estado tiene que poner, todos los meses para que funcione. Todas las líneas aéreas que funcionan acá y en la mayoría del mundo no requieren que los ciudadanos de ese país, en este caso los argentinos, pongamos plata todos los meses". Tiene toda la razón, por eso no se entiende que no privatice la aerolínea, cuando además de costarle al Estado, el país no puede darse el lujo de mantener empresas deficitarias.
Pero hay razones de peso para que el Estado no sea empresario: sus empresas no se hallan presionadas por la ganancia y son las que sufren más el fenómeno de la burocratización. No se preocupan por el exceso de personal ni por la eficiencia, salvo que las subsidie el Estado.
La corrupción, que se origina en el poder, acecha permanentemente a estas empresas porque un funcionario puede escaparse fácilmente del control del Estado, derivando en ganancia non sancta para sí mismo, perjudicando a la acción social de la empresa. Además, los gobiernos las usan para conseguir votos, ofreciendo dádivas a toda la sociedad o a sectores con poder. De ésta forma aumentan el gasto público reduciendo las entradas e inversiones. Despedir se le hace peliagudo al Estado, porque genera un costo político, muchas veces difícil de afrontar, por lo cual, se deteriora la ética del trabajo. No se presiona a los trabajadores para trabajar, quienes se acostumbran a hacerlo lo menos posible. Todas estas características se acrecientan porque el control del Estado sobre sí mismo es mínimo. Es autoprotector. El Presidente vemos que lo sabe. Y, también, como empresario, conoce que las empresas privadas funcionan mejor porque son controladas por los consumidores y las ganancias, sin las cuales la empresa no sobrevive, o sea, desaparecen de la organización, trabajadores, accionistas y directivos. También, está al corriente, que necesitan competir, por lo cual deben producir cuidando la eficiencia y el precio.
En resumen, uno de los controles indispensables del Estado, que siempre intenta avanzar sobre la sociedad civil, es la magnitud de su sector económico privado, como así también, la opinión pública y el sistema de partidos. Entonces, conocedor del tema, debiera, el presidente Macri, tener el coraje que tuvo hace pocos años, el ex presidente Menem, de desligar del Estado a todas las empresas estatales. Sería una obra de bien a la comunidad, quien lleva sobre su espalda, demasiada carga por las fallas en la política económica, sin olvidar efectuar, la tan esperada reforma laboral.(laprensa.com.ar)


No esperen justicia
Sergio Crivelli para La Prensa
21-11-2018


A fines de septiembre, Juan Schiaretti, Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey y Miguel Pichetto difundieron una foto en la que se los veía sonrientes alrededor de una mesa. Era un mensaje sobre la unidad del peronismo anti-K y fue entregada a los periodistas por la consultora que prestó sus oficinas para la toma. La empresa también distribuye regularmente encuestas en las que al Gobierno le va pésimo y el peronismo aparece con chance de volver. Ahora se sabe que en la toma faltaba una persona, Máximo Kirchner, y que del peronismo anti-K ya no queda nada, porque al pactar con el hijo de la ex presidenta lo hizo con De Vido, José López, Ricardo Jaime, Boudou y otros huéspedes del servicio penitenciario.
La flamante alianza tomó estado público la semana pasada en la Cámara de Diputados para impedir que el oficialismo controle el Consejo de la Magistratura y significa la sepultura de cualquier intento de renovación del PJ. El consejo es el organismo que elige y destituye jueces, entre ellos a los federales, que investigan la megacorrupción K. De los cuatro fotografiados, tres obtuvieron posiciones en el consejo. Massa ubicó a Graciela Camaño; Schiaretti, a un consejero suplente, y Pichetto volvió a ocupar un lugar por el Senado. Después de que su esposa, Alejandra Vigo, se reuniera con Máximo Kirchner, Schiaretti tuvo la media palabra de que el kirchnerismo no presentaría un candidato a la gobernación de Córdoba para dividirle el voto peronista. Por su parte, Máximo consiguió que Eduardo "Wado" de Pedro, miembro de La Cámpora, fuera apoyado por las diversas capillas peronistas para ser consejero. De Pedro fue indagado judicialmente por las coimas multimillonarias de la era K y teme ir preso. El ex subsecretario José López aseguró haberle dado fondos provenientes de las coimas para financiar a la agrupación Justicia Legítima, que es una facción kirchnerista armada para reunir jueces y fiscales afines al anterior gobierno. La única protección de un funcionario o político corrupto es una justicia adicta.
La titular de la agrupación, Laura Garigós de Rébori, negó haber recibido dinero de De Pedro: "Si alguien le dio plata para entregar a Justicia Legítima, pues no lo hizo. No hemos recibido un peso de nadie". Ante esta situación el peronismo K y no K decidió mantenerlo en el Consejo, esto es, otorgar a un indagado por corrupción poder sobre los jueces que lo investigan. Si esta no es interferencia de un poder sobre otro, cuesta entender qué podría serlo. En cuanto al kirchnerismo, su conducta no puede sorprender. Tiene una clara tendencia a protegerse convirtiéndose en juez de sí mismo. La diputada Garré, por ejemplo, forma parte de la comisión parlamentaria investigadora de la catástrofe del submarino San Juan. Ella era la ministra de Defensa cuando se hizo la reparación de media vida de la nave. La que debería ser investigada, investiga. Que la justicia sometida al poder político es una parodia no conlleva ninguna novedad; llama en cambio la atención que lo único capaz de unir y organizar al peronismo por estos días sea el afán de mantenerse impune.(laprensa.com.ar)


Consejo de la Magistratura: ¿Alianza entre Cristina y Massa?
Columna de Carlos Pagni para La Nacion
15-11-2018


A continuación, los principales conceptos:
Se eligen consejeros para el Consejo de la Magistratura. Esto es muy importante porque es la institución que designa y sanciona jueces, en un momento en que el Poder Judicial está muy en el centro de la escena, sobre todo, algunos jueces, los más ligados al fenómeno de la percepción de corrupción.
La demanda de justicia que hay es por una mayor demanda de transparencia, por la percepción de que la corrupción en la Argentina está asociada a la impunidad. Las encuestas dicen que la gente padece un problema más cotidiano e inmediato, la inseguridad, y en dichas encuestas se culpa de este fenómeno al Poder Judicial.
El Consejo de la Magistratura se creó con la Reforma Constitucional del 94, idea sobre todo de Alfonsín. Antes, los jueces eran propuestos por el Poder Ejecutivo en el Senado, y este tenía que dar el acuerdo para convertir a alguien en juez. Ahora el Poder Ejecutivo debe basarse en sugerencias internas que le propone el Consejo de la Magistratura.
A escala internacional, hay distintos modelos, unos más dependientes de la política y otros menos. Cristina Kirchner fue protagonista central en dos reformas del Consejo de la Magistratura, la del Consejo actual y la que trató de promover un enfrentamiento con la Justicia en el marco del conflicto con Clarín. Habló de que democratizar la Justicia era atar la elección de los consejeros de la Magistratura a las elecciones de los cargos políticos.
El juez Rosenkrantz dijo que este es un Consejo de la Magistratura híbrido. Tiene un componente profesional de jueces, abogados y académicos, y un componente político que lo ponen básicamente el Poder Ejecutivo, que cuenta con un delegado, y el Congreso.
Estamos hablando de la elección de delegados del Congreso al Consejo de la Magistratura, que es el organismo que designa y remueve jueces. Lo importante es que van a haber modificaciones en la representación o en la composición del Senado, va a haber una representación distinta. Va a haber un representante menos de Cristina Kirchner, el senador País, alineado con el kirchnerismo, y un representante menos de la pata Urtubey, su hermano, el senador Rodolfo Urtubey. Por el peronismo va a ir Pichetto.
Por el radicalismo, o por Cambiemos, va a ir una senadora radical que se llama Inés Brizuela, que tuvo un momento de protagonismo importante en un discurso siendo legisladora provincial, hablando de la droga en La Rioja.
Se vuelve importante lo que pase en Diputados. Dicen que lo que tiene que estar representado no es "dos diputados por el bloque de la mayoría" sino dos diputados por la mayoría. Esto quiere decir que se pueda armar una mayoría con distintos bloques. El peronismo vio esto como un fraude y lo llevaron a la Justicia. Tengo entendido, pero me puedo estar equivocando, que todavía está en la Justicia la discusión de si Pablo Tonelli, que fue elegido por una mayoría que intervenía Cambiemos pero también el bloque de Margarita Stolbizer, tiene legitimidad o no como representante; no del bloque de la mayoría, sino de la mayoría.
Vuelve la gente ilesa al peronismo y se planta la discusión de la interna peronista de cara a las elecciones presidenciales del año que viene. Por un lado, en Cambiemos dicen "mandemos a los dos que tenemos. Somos la primera minoría. Somos el bloque más importante. Mandamos a Mario Negri y a Pablo Tonelli". Del otro lado, dicen que van a armar otro grupo y pretenden tener la mayoría. Este otro lado es el kirchnerismo y Massa, que dicen "vamos a unirnos para componer un bloque más numeroso", que sería la primera minoría. Es una alianza hoy en la Cámara de Diputados para controlar dos bancas del Consejo de la Magistratura.
En una alianza entre Massa y Cristina Kirchner para tomar las dos posiciones mayoritarias del Consejo de la Magistratura por Diputados, Cristina pondría a Eduardo "Wado" de Pedro, y Massa a su principal aliada, Graciela Camaño.
Hay un tercer actor que no es ni el Gobierno ni Cristina ni Massa: Urtubey. Urtubey compite con Massa en las presidenciales y ahora tiene todo el derecho de decir que es raro que Massa se alíe con Cristina en un tema institucional, estratégico para algo tan importante, que es la Justicia
. En esta jugada de Massa de ir con Cristina al Consejo de la Magistratura, creo que Massa está haciendo una jugada muy importante de legitimación en este campo, que creo Urtubey va a aprovechar.
Hay que hacerse una pregunta: el votante de Massa, ¿cuánto tiene de antikirchnerista? Si termina habiendo una alianza entre Massa y el kirchnerismo, ¿Massa suma o resta dentro de su propia base? En los focus groups a la gente le gustaba Massa, lo veía trabajador, valiente porque se enfrentó al kirchnerismo cuando estaba en el poder en el 2013 y le ganó. Hay algo que no cierra, hay algo que no termina de convencer en esta alianza.
Una alianza de Massa con el kirchnerismo puede aportar muchísimo a nivel institucional. Veremos si esto se termina verificando, hasta dónde llegarán estos compromisos, y sobre todo si se gana o se pierde, porque se termina formando esta alianza y encima pierden, y los dos consejeros de la Magistratura son de Cambiemos, el costo para Massa va a ser todavía mayor. Vamos a ver qué dice de todo esto Juan Manuel Urtubey.(lanacion.com.ar)


Está en juego en qué sistema viviremos
Escrito por Jorge Fernández Díaz para La Nacion
11-11-2018


Un vecino cualquiera de una pequeña ciudad argentina, un navegador rutinario de internet, digamos un usuario normal de Facebook y de Google ya no tendrá ningún secreto que guardar. Ni siquiera podrá esconderse de sí mismo. Programas informáticos detectarán sus emociones sobre la base del movimiento de sus ojos y músculos faciales; sabrán qué escenas de YouTube o de Netflix lo hicieron reír, entristecerse o aburrirse como una ostra. Conectarán el algoritmo a sensores biométricos, y conocerán de qué modo cada fotograma ha influido en su ritmo cardíaco, su tensión sanguínea y su actividad cerebral. Los prodigios de la inteligencia artificial lograrán desentrañar sus consumos diversos y sus actitudes secretas y vitales: sabrán qué demanda el vecino, pero sobre todo qué quiere en verdad; cuáles son sus sentimientos y sus odios, sus ideologías latentes, sus lujurias y sus fascinaciones más recónditas.
Detectarán, por ejemplo, que su centro de recompensa no puede resistirse a una zapatilla de diseño, y específicamente a una que tenga las formas y las texturas que calzan en su deseo profundo e inexplicable, y entonces le enviarán un catálogo específico armado por una tienda de la Quinta Avenida. Y el vecino, acorralado por una tentación preparada exclusivamente para él, ingresará la tarjeta de crédito y comprará el artículo. A cambio le mandarán únicamente un código de barras, y el vecino acudirá a un centro de impresoras 3D, a la vuelta de la esquina, y le fabricarán el par en unos minutos, mientras almuerza y lee su tablet. Con el avance de esta tecnología, es posible que la impresora se instale incluso dentro de su propia casa, si es que el vecino tiene un empleo próspero en ese futuro incierto. Porque la automatización destrozará la producción en serie, y los empleados de las fábricas de las principales mercancías perderán sus puestos; también los millones de personas que se emplean en servicios telefónicos de atención al cliente: robots sofisticados gestionarán las quejas. Muchos de quienes producían los bienes, los trasladaban, los distribuían y los vendían in situ tendrán que dedicarse a otros menesteres, y nadie sabe muy bien todavía cuáles habrá a disposición en un mundo completamente nuevo. El trabajo manual cederá su lugar al intelectual y creativo, y aunque esta visión parece un cuento de Bradbury ya forma parte de los debates más serios en las naciones desarrolladas. La alucinante descripción y sus secuelas sociales pueden leerse en "21 lecciones para el siglo XXI", el inquietante ensayo del historiador israelí Yuval Noah Harari. Que hace unas semanas conversó con Mauricio Macri. Combinar ese planeta inminente y ultramoderno con nuestra educación anquilosada, las 62 Organizaciones, los sindicatos de la Carta del Lavoro y los obispos que cantan "Patria sí, colonia no", nos da una idea acabada de dónde nos encontramos: acabados. Varados en los años sesenta del siglo pasado, perdiendo todos los trenes y a punto de perder el último.
El interés de Harari por la Argentina no se relaciona precisamente con el carisma de su presidente, sino con una curiosidad compartida por muchos otros pensadores del hemisferio norte: ¿cómo funciona la difícil experiencia del pospopulismo? Las librerías extranjeras se están llenando de textos acerca de los populistas de derecha e izquierda, pero no existe uno solo que explique cómo se deja atrás ese fenómeno, sin violencias ni cracs económicos ni convulsiones. Mucho menos en sociedades infestadas por el odio, narcotizadas por un consumo insostenible, con stocks agotados y déficits fabulosos, conviviendo institucionalmente con sectores que apuestan a la destitución y que formaron redes mafiosas, y con la obligación de dar malas noticias durante años, manejarse con buenos modales, y soportando desde la debilidad los embates financieros que producen precisamente los neopopulismos de mayor peso. El atractivo del pospopulismo es más fuerte que nunca tras el triunfo de Bolsonaro, puesto que Brasil decidió seguir la lógica de que "un clavo saca otro clavo": así no hay forma de no clavarse. De toda esta problemática hablaron también con Macri dos investigadores relevantes, el psicólogo y científico Steven Pinker, y el gran historiador inglés Timothy Garton Ash. Pinker sostiene la contracultura del "optimismo realista" frente al falso prestigio del fatalismo intelectual. Y Garton Ash confirma que muchos ojos observan con aliento contenido este "experimento único": un cambio de régimen en plena democracia. ¿Lo conseguirá? Es posible pensar que muchos ciudadanos argentinos presientan lo mismo, y que acaso allí radique la persistencia en la adversidad, porque para vastos sectores de la comunidad no están en juego la recesión aguda ni la inflación corrosiva del momento, sino el sistema en el que quieren vivir las próximas décadas: una democracia representativa, moderna y virtuosa, o un país tomado por un nacionalismo decadente, excluyente y colérico. Harari, junto a las neurociencias, asevera que el voto no se trata de lo que pensamos sino de lo que sentimos, y que el populismo siempre se impone en base a la nostalgia por "la grandeza perdida". Pero esa operación ya la realizaron los Kirchner hace muy poco, con las leyendas del 45 y del 73. ¿Cuál podría ser la nueva nostalgia: regresar a los paraísos perdidos de Kicillof y Moreno? Tanto el ensayista israelí como el historiador inglés plantean tácitamente diferencias estratégicas con Cambiemos. Para el primero, las narrativas son fundamentales, porque desde el principio de los tiempos han logrado que el hombre coopere y progrese; el segundo plantea que el republicanismo no debe regalar la palabra "patria", y que debería generar un "patriotismo liberal". Una gesta. Durán Barba no parece creer en narrativas ni en patriotismos benignos.
Las metamorfosis que describe Harari relativizan, a propósito, muchos de los clichés del izquierdismo, embarcado en una militancia ruidosa contra la globalización. Que terminó beneficiando a las repúblicas pobres y dañando a las ricas. El más enjundioso líder de esa "protesta progre" acabó siendo entonces Donald Trump, en una vuelta de tuerca humorística que todavía no ha sido procesada por los centros de pensamiento. A esto se suma la automatización, para la que Marx no tiene respuestas: "El plan político comunista exigía una revolución de la clase trabajadora -remarca el autor-. ¿Cuán relevantes serán estas enseñanzas si las masas pierden su valor económico y, por lo tanto, necesitan luchar contra la irrelevancia en lugar de hacerlo contra la explotación? ¿Cómo se inicia una revolución de la clase obrera sin clase obrera?"
La Argentina tiene, sin embargo, dilemas particulares. Aquí, muchísimos nos batimos no únicamente en contra del extremismo endogámico de la "década ganada", sino contra setenta años de hegemonía peronista. Sarmiento, que poseía un sentido patriótico y una narración estructurada, fue el gran escritor del siglo XIX. No solo porque compuso libros memorables, sino porque escribió directamente sobre las conciencias e influyó durante años en otros políticos y estadistas. "Sarmiento soñó un país y nosotros le creímos", decía Martínez Estrada. El gran escritor que luego se levanta contra la concepción ideológica de Sarmiento es el propio Perón, que escribió directamente sobre el cuerpo social y creó el lenguaje, las reglas y el pensamiento dominante del siglo XX. Resulta una obligación apasionante rebelarse hoy contra ese gran escritor vigente pero a la vez vetusto, y acometer por fin un parricidio simbólico y cultural, puesto que en mayor o en menor medida todos -incluso los más feroces antiperonistas- hemos sido personajes de la novela de Perón. La batalla más interesante consiste en cuestionar a ese genial narrador omnisciente, confrontar a sus exégetas y desculpabilizar a quienes articulan sus refutaciones: hoy resistir los dictados literarios de Perón no es ser un "gorila del 55", sino apenas un ciudadano del siglo XXI en busca de un nuevo horizonte. La lectura de Harari demuestra, por contraste, que la Argentina está en el Pleistoceno, enamorada del pasado y del ombliguismo, dominada por corporaciones oxidadas y prejuicios regresistas. La revolución tecnológica dentro de una democracia tolerante puede darnos la última oportunidad, o terminar de hundirnos.(lanacion.com.ar)


La Iglesia, su difícil equilibrio político y la necesidad de defender al Papa
La asamblea plenaria del Episcopado ratificó sus cuestionamientos por la situación social, pero buscó despegar de la oposición más dura. Habló además del necesario combate a la corrupción. Y sostuvo que hay agresiones a Francisco. Estribaciones del efecto Moyano
Escrito por Eduardo Aulicino para Infobae
10-11-2018


Todo resultaría natural, hasta irrelevante por lo natural, si no fuera por el cuadro más amplio que incluye pinceladas de la propia Iglesia Católica. "No somos políticos. La Iglesia no es un partido, ni del Gobierno ni de la oposición", dijo Oscar Ojea, presidente del Episcopado. Lo dijo en un mensaje grabado al final de la asamblea plenaria de los obispos, la última de este año. Y pareció una respuesta al oleaje –también con registro interno- provocado por la llamada "misa moyanista" en Luján, punto destacado de otras tensiones.
Sería exagerado hablar de una actitud a la defensiva. Pero tomadas en conjunto esas y otras palabras, sí podría decirse que el encuentro general de los obispos argentinos concluyó ayer con definiciones antes consideradas innecesarias, y acompañadas de señales de equilibrio.
Ojea había anticipado el lunes los ejes de las declaraciones que cerraron los cinco días del plenario. Eso, en paralelo con la información que se dejaba trascender sobre los avances en las tratativas con el Gobierno para ir desmontando el aporte del Estado a las finanzas de la Iglesia.
El oficialismo, destinatario principal de las críticas a la dirigencia por las consecuencias de la crisis económica, mantuvo un resuelto silencio durante toda la semana. Estaría tratando de preservar así las líneas de diálogo, que no abundan, para evitar nuevos picos de tensión. No sólo se trata del marco más institucional en el ámbito de la secretaría de Culto –donde se ha venido conversando sobre la subvención estatal-, sino además de los vínculos territoriales –provincia de Buenos Aires y Capital, especialmente- y los que hacen directamente a la asistencia social. Un dato significativo: la celebración en Luján -con Hugo Moyano, otros dirigentes del sindicalismo más duro y algunas expresiones kirchneristas en primera línea- no supuso una crisis para ese esquema elemental de convivencia, sino que tal vez haya sido el hecho que lo puso a prueba.
Es sabido que aún con malestar –incluso por considerar que hay actitudes de su equipo que no facilitan las cosas-, algunos referentes oficialistas consideran que debe cultivarse esa relación por convicciones personales y como estrategia. Evalúan que el papel de la Iglesia, a pesar de todo –en primer lugar de ese todo, la mala e irremontable relación entre Francisco y el Presidente-, es gravitante frente al delicado cuadro social que agudizó la crisis.
En esa línea se destacan, con matices, María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta y Carolina Stanley. Otros, en cambio, y sobre todo después de los intensos debates legislativos sobre la despenalización del aborto, sostienen cuestionamientos agudos, aunque coinciden en eludir las fricciones, entre otras razones porque evalúan que episodios como la celebración religiosa en Luján y otros gestos a Moyano han repercutido hacia el interior de las jerarquías católicas.
También en ámbitos peronistas vinculados por relaciones personales con el Papa pudieron advertirse posiciones de mayor cuidado de su imagen. No fue casual que dirigentes del peronismo de llegada directa al Vaticano hayan operado para despegar a Francisco de la movida coronada con aquella demostración en Luján. Explican que ese tema fue conversado directamente con Agustín Radrizzani, arzobispo de Mercedes Luján, por indicación de Ojea, basada en cuestiones de jurisdicción. Y reiteran que no hubo llamadas a Santa Marta. Menos contemplativos son con el obispo Jorge Lugones, titular de la Comisión de Pastoral Social. Le adjudican cierto grado de malestar y competencia con Radrizzani por la misa en cuestión. Y hasta sugieren que eso habría motorizado la decisión de Lugones de recibir a Moyano en medio de las complicaciones judiciales del jefe sindical y de su hijo Pablo. Por supuesto, la lista de voceros o pretendidos voceros informales por fuera de la estructura eclesiástica no se agota en los referentes de tradición exclusivamente peronista. Algunas incursiones de Gustavo Vera generan fastidio. El último episodio fue protagonizado por una dirigente de su sector que le acercó al Papa una remera con la consigna "Paz, pan y trabajo", para que la firmara. Fue en una audiencia general, aprovechando la deferencia que le permitió ocupar un lugar en los corralitos habilitados para recibir el saludo papal. Es cierto que ya no parece central el ejercicio de descifrar los mensajes de esa naturaleza. O en todo caso, es notorio que en la primera línea de los obispos locales registran de algún modo que los gestos del Papa no escapan a la divisoria de aguas de la política, fenómeno algo más amplio que la grieta.
Ojea habló el lunes e insistió ayer con definiciones que aludieron a "ataques" y "agresiones" a Francisco. Incluso, reclamó implícitamente una actitud más firme en su defensa dentro de la Iglesia. El mensaje de ayer lo hizo grabado, con la compañía de los vicepresidentes del Episcopado, Mario Poli y Marcelo Colombo. Eso fue después de un comunicado de prensa en el que fue precisado el punto de las tratativas por la subvención del Estado. Los términos fueron cuidados. El texto dice que los obispos "han confirmado aceptar el reemplazo gradual" de tales aportes y agrega que continuará el diálogo con el Gobierno sobre esa transición. La idea, se destaca, es crear un fondo basado en la solidaridad de comunidades y fieles. En medios católicos, no se oculta la necesidad de recrear una práctica que ha perdido volumen desde hace años.
El Episcopado, por supuesto, ratificó su mirada crítica sobre la situación social. Reclamó mayor "sensibilidad a quienes nos gobiernan". Y añadió otro punto de impacto fuerte: la necesidad de desarrollar "una lucha sin cuartel contra la corrupción". No hizo nombres en ninguno de los dos rubros. Pareció a tono con los dichos sobre la misión pastoral fuera de cualquier trinchera partidaria. Nadie diría que faltó ejercicio político.(infobae.com)